Aunque parezca un sueño del futuro ver descontaminadas  las aguas residuales de Soacha antes de verterlas al río Bogotá, es una realidad no muy lejana. 

 Por lo menos así se contempla en la Sentencia 2001-90479 de marzo 28 de 2014, de la magistrada Nelly Yolanda Villamizar, quien supervisa el cumplimiento de la misma.

Y justo para dar cumplimiento a la sentencia del Consejo de Estado, se proyectaron dos grandes obras que son la base para descontaminar las aguas del río Bogotá: la ampliación de la PTAR Salitre y construcción de la PTAR Canoas en Soacha.

Pero además de las dos grandes PTAR (Planta de Tratamiento de Aguas Residuales),  se suma una serie de obras en la mayor parte de los 46 municipios de la cuenca del río, por eso en los actuales planes de desarrollo se contempla, además, la construcción de plantas de  menor proporción en Villapinzón, Zipaquirá, Chía II, Cajicá, Cota, Mosquera, Madrid, Funza y Bojacá, todas para este cuatrienio.

Con todas estas obras y decisiones será determinante en el futuro de los 380 kilómetros de agua que tiene el río Bogotá desde Villapinzòn hasta el Magdalena, los mismos que por años fueron descuidados por las instituciones y por la población. Todavía la idea de un río limpio, navegable y con vida genera risas en algunos sectores de la opinión pública.

Para el caso de Soacha, y aunque ha generado resistencia en un segmento de la población, se proyecta la construcción de la PTAR Canoas.  Según el cronograma expuesto por la Secretaría de Ambiente y la EAAB, este año se avanzará en los diseños fase II, y en 2021 se adjudicaría el megaproyecto que descontaminaría el 70 % de las aguas residuales de la capital y el 100 % de las de Soacha que dan al río Bogotá. En 2024 comenzaría a operar la fase I y, en 2026, entraría en funcionamiento la fase II, con mucha mayor capacidad de tratamiento de caudal.

Para el director de la CAR Cundinamarca, Fernando Sanabria, “en los próximos 10 años entrarán a operar las dos PTAR más grandes de la cuenca (Salitre y Canoas), se deberá dar cumplimiento al Plan de Manejo y Ordenamiento de Cuenca del río y se completarán las obras de adecuación hidráulica, del parque lineal y de los muelles para facilitar la navegación entre Soacha y Cota en un recorrido de 68 kilómetros. Incluso, otra de las metas es lograr que haya vida en el río, por eso los esfuerzos estarán enfocados a permitir que la fauna vuelva al ecosistema haciendo que el agua recupere el oxígeno necesario para ello”, aseguró.

Aunque el paso del río Bogotá por la capital  siempre es el más crítico, expertos señalan que la recuperación depende también de los 46 municipios de la cuenca. Por eso, la articulación entre administraciones pasadas y presentes, y entre jurisdicciones, es necesaria.

La magistrada Nelly Yolanda Villamizar, quien supervisa el cumplimiento de la sentencia del río, antes de que llegara la cuarentena citó los días  10, 11 y 12 de marzo a la alcaldesa de Bogotá, al Gobernador de Cundinamarca y a los alcaldes municipales, incluyendo el de Soacha,  para afinar la articulación de los planes de desarrollo (PDD) en lo que tenía que ver con el río.

Por eso en las últimas semanas Claudia López y Nicolás García presentaron sus planes al Concejo y la Asamblea, y el director de la CAR Cundinamarca puso sobre la mesa su plan de acción cuatrienal. De esto y sus cronogramas se derivan hitos para el río.

Pero gran parte del proyecto está en manos de la Car Cundinamarca. El megaproyecto, que inició en 2012, ya ha logrado la adecuación hidráulica en 68 kilómetros del río, planes de reasentamientos, estudios de gestión de riesgo, la ampliación de la PTAR Salitre y hasta la creación de un festival en su honor: el Festival Vive el Río Bogotá.

Lo que viene para la etapa 2020-2023, según el Plan de Acción Cuatrienal de la Car, es terminar la optimización de la PTAR Salitre y avanzar en la adecuación hidráulica para llegar a la meta de 180 kilómetros, ya que  no solo minimiza los riesgos de inundación, sino que abre un camino navegable en el río.

Y para Soacha se requiere terminar la PTAR Canoas, que descontaminará  el 100% de sus aguas residuales (2026), pero también  hay que apostarle a una cultura limpia frente al manejo del agua que desemboca en el río Soacha, además de  controlar tajantemente a constructoras, invasiones  y urbanizaciones piratas  para que no sigan arrojando aguas contaminadas a los humedales y caños de la ciudad. Será una tarea de todos.

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