Los graves problemas heredados de la administración de Martínez Tarquino relacionados con la seguridad, la movilidad, la salud entre otros, continúan sin solución a la vista y sin que la estrecha y limitada imaginación y creatividad de los funcionarios les presenten alternativas serias y viables a los ciudadanos en relación con los temas neurálgicos de la ciudad.


Curiosamente la gestión de todas las administraciones de Soacha desde que la Constitución del 91 estableció la elección popular de alcaldes se han caracterizado, incluida la actual, por hacer todo lo contrario al lema de sus programas de gobierno.(“Soacha unida construye confianza” , “Soacha para vivir mejor”, “Soacha bienestar para todos”) Estos lemas no han sido más que un eufemismo reiterado, vergonzoso y hasta cínico que se repite impúdicamente cada cuatro años para cautivar y engañar ingenuos.

Próxima ya la finalización del primer año de gobierno de la administración de Juan Carlos Necocón Mojica, la incredulidad, el escepticismo, la desconfianza y la desesperanza crecen como espuma entre los ciudadanos a la vez que la angustia se apodera de sus electores y de muchos de los que votaron en contra, porque en el fondo guardaban algunas expectativas de cambio.

Mas allá de las condecoraciones otorgadas por el congreso de la república y de las distinciones de las cuales ha sido objeto el primer mandatario en algunos escenarios, aunque el común de los ciudadanos no sabe en realidad por qué-, así como las páginas de la prensa escrita que se ha ocupado más de su figura que de su gestión, no se perciben prácticamente ejecutorias concretas en su primer año de gobierno.

La percepción de la ciudadanía demuestra que el “nuevo” gobierno no presenta un balance favorable en su haber, y que el equipo con el cual ha administrado durante su primer año la marcha de la ciudad, no es otra cosa diferente que el cuestionable continuismo burocrático de la administración Martínez Tarquino, lo que explica, según muchos observadores, la paquidérmica e ineficiente gestión con la que avanza esta administración.

En todos los espacios del municipio los ciudadanos nadie se explican las razones de la obsecuencia con que el primer mandatario persiste en mantener funcionarios como el actual secretario de Educación Juan Miguel Méndez cuestionado por los contratos asignados a varias instituciones educativas, o el de gobierno Oscar Rodríguez, involucrado en una investigación de la Fiscalía por manejos no muy claros del canal de televisión TELESOACHA quienes tampoco presenta logros significativos en el cargo que justifique su permanencia para no hablar del recién destituido secretario de infraestructura Guido Covelli.
Los graves problemas heredados de la administración de Martínez Tarquino relacionados con la seguridad, la movilidad, la salud entre otros, continúan sin solución a la vista y sin que la estrecha y limitada imaginación y creatividad de los funcionarios les presenten alternativas serias y viables a los ciudadanos en relación con los temas neurálgicos de la ciudad.

Los problemas tienden a volverse cada vez más complejos, y sobre todo más graves, como se desprende del pobre y lánguido debate en el Concejo municipal al cual fueron citados el comandante de policía y el secretario de gobierno donde es más importante la elección del nuevo presidente de la corporación, la repartición de cuotas burocráticas entre los electores de los concejales al análisis serio, responsable y sistemático de la problemática del municipio.

De otra parte los frecuentes encuentros y diálogos entre el gobierno de Bogotá y el de Soacha, antes que generar optimismo y confianza, ponen en evidencia el alto nivel de dependencia y subordinación del municipio respecto de Bogotá, Cundinamarca y la nación, espacios donde finalmente se decide la suerte y el destino de sus habitantes sin que estos últimos tengan incidencia sobre las decisiones que en esos escenarios se tomen.

La permanente situación de crisis producto de la ingobernabilidad e incapacidad de la clase política local y de su administración, tenderá inevitablemente a deteriorarse con el curso de los días, cuando a los habitantes de muchos años y a los residentes recientes de los diferentes proyectos de vivienda permitidos por la pasada administración y vistos por la actual como la panacea, se les agote la paciencia viéndose obligados a buscar impredecibles soluciones de hecho.

El balance de este primer año de gestión es altamente negativo para el alcalde local y por anticipado se plantea como francamente cuestionable su aspiración de dirigir los destinos del departamento como es su mayor aspiración política personal.