Se necesita un poco de aire para dejar de pensar en política, el aire que acompaña agosto y permite que el cielo se adorne por cometas de colores. Bueno, por lo menos en los escenarios en donde pueden volar, porque en la parte urbana de Soacha esto es casi imposible, pues lugares como Fedenorte, los alrededores de la hacienda Terreros, los prados gigantescos al lado de la vía Indumil y otros escenarios verdes que había en nuestro municipio, han desaparecido por una extraña idea de desarrollo.


Indudablemente el paisaje soachuno ha cambiado y este se mueve al igual que la dinámica social del territorio. Hace un poco menos de una década era normal esperar agosto y elevar cometa en los escenarios mencionados, era natural esperar las tardes y el fin de semana para jugar fútbol en estos lugares. Hoy todo ha cambiado, empezando por las personas que prefieren tecnología que compartir en comunidad o salir a caminar. Sin embargo, el espacio, al igual que la gente también cambia y se acopla a las necesidades que van surgiendo.

Ya es trillado decir que muchas personas han llegado al municipio y tras ellas, sentidas necesidades. Cientos de nuevos habitantes están en ese espacio que algún día era zona de esparcimiento y disfrute, y otros miles estamos en el mismo sitio olvidando que pisoteamos lo que en otro momento fue un territorio sagrado y ancestral.

Soacha ya no es lo uno ni lo otro, ni espacio verde ni territorio sagrado, es una jungla de cemento que muy pocos cuidan a pesar de que a muchos ha cobijado sin egoísmo alguno. El amor hacia el territorio se profesa en prácticas sencillas como el demostrar un mínimo de cultura ciudadana con él y con quienes lo habitan.

Sin embargo, por estos días cuando ya no se puede elevar cometa porque los proyectos de centros comerciales y la urbanización lo impiden, se ha despertado una repentina oleada de amor hacia el territorio. Revivir la soachunidad, día de la soachunidad, el soachunismo y amor por Soacha, son algunas de las premisas que se escuchan en esta temporada que no es precisamente de cometas, pero que corre el riesgo de diluir las palabras en el aire.

La pregunta es entonces, si al igual que las cometas, ¿el amor por Soacha es sólo por temporadas?¿Cómo saber si el discurso ‘amoroso’ es genuino y realmente se verá reflejando en obras y repercuta en prácticas ciudadanas que permitan sentirse identificado con el territorio?

De ustedes, de mí, de todos depende descubrir y permitir si ese amor e identidad que profesan algunos políticos por estos dias es real. Por eso, acuérdate cuando elevábamos cometa en Soacha.