La semana pasada esa frase salió de alguien que tiene que ver con el manejo de las basuras en Soacha, pero que por razones de respeto omitimos su nombre. Sin embargo es una oración, en términos de lenguaje, que se escuha mucho cuando hay evidencias para decirlo.


Y en Soacha sí que se pude analizar el fondo del significado de dicha frase que tiene estilo y parecido al dialecto de nuestros abuelos, más aun cuando a la ciudad llegan todos los días familias provenientes de diferentes lugares del país, algunos con algo de recursos, pero otros en busca de un techo para proteger a su familia.

Pobres, pobres y más pobres para Soacha; los que llegan, los que les toca, los que nos manda el señor Uribe, los que se hacen y los que pretenden traer a «Ciudad Verde». Pero digamos que el asunto que hoy nos cobija no es la pobreza ni la miseria en que viven muchos habitantes del municipio. Se trata más de analizar algunas de las consecuencias que traen consigo muchas personas que, amparadas bajo su situación económica, hacen alusión al título de este artículo.

Bien decían los abuelos: «Una cosa es ser pobre y otra muy distinta es ser cochino». La verdad no quería usar ese término, un poco despectivo y mal hablado, pero muy original de los pueblos del altiplano.

Para evidenciar que es verdad el refrán o frase popular, basta con pasar por determinados sitios muy temprano o cayendo la tarde. La muestra es la cantidad de basura extendida en la calle, en las esquinas, en lotes vacíos o en las mismas zonas verdes. La incultura, falta de conciencia, compromiso, terquedad y pocos o cero modales de unos «mal educados», son comportamientos que repercuten en la estética de una ciudad que parece tierra de nadie.

El ciudadano común cuando arroja el papel a la calle, el vendedor de tienda, restaurante, pizzería o supermercado cuando saca al poste las cubetas de manzana, cajas de comida, cáscaras de fruta, e.t.c.., el vendedor ambulante que deja los desechos y sobrantes en el mismo sitio que utilizó como área de trabajo, aquel que cree que las canastillas de la calle son para dejar la basura de su negocio, la ama de casa que saca la basura al lote de la esquina, el que observa que pasa el carro recolector y cinco minutos después deja la bolsa en la calle, son sólo ejemplos de la «falta de cultura, educación y compromiso cívico», actitudes reprochables desde todo punto de vista.

Es cierto que el nivel de pobreza del municipio es alto, que seguramente muchos integrantes de esas familias no han tenido la oportunidad de ingresar a una escuela (porque como toda la plata es para la guerra, y por eso hay que reelegir a Uribe), y es entendible que el nivel intelectual es bajo, pero lo que no se entiende y es inaceptable, es la actitud que muchos tienen frente al manejo de basuras y desechos. ¿Es que acaso mi Dios no nos dió la capacidad de entendimiento a todos los seres humanos para diferenciar lo bueno de lo malo?, ¿lo limpio de lo sucio?, o es que acaso todos nuestros abuelos, que no tuivieron oportunidad de ir ni si quiera un día al colegio, ¿eran tan sucios, cochinos y descarados?.

¡Al diablo con ese cuento!. Aquí lo que falta es mano dura por parte del gobierno y las autoridades, conciencia ciudadana y cooperación (no sapos), decretos y acuerdos que permitan sancionar severamente a quienes arrojen basura a la calle. Soacha necesita una ciudadanía compromeetida, unas autoridades con herramientas legales para aplicar la ley, y un gobierno capaz de generar mecanismos y herramientas para no «alcagüetiar» el comportamiento mezquino de aquellos que les gusta vivir entre la basura. Todo aquel que sea feliz arrojando basura y desechos a la calle, pues que se busque una ranchito en mondoñedo, pero a Soacha hay que limpiarla y necesitamos ciudadanos comprometidos con la estética y el buen comportamiento social.

Que tristeza observar estudios como los que presentó la semana pasada Aseo Internacional, muy interesante por cierto. Un seguimiento minucioso a los infractores, a los que piensan que la basura es un «adorno para la cuadra», o tal vez a los intocables que están acostumbrados a nombrarle la progenitora a todo aquel que se atreva a sugerirles algo.

De ese estudio salió una propuesta de establecer un comparendo ambiental a todo el que viole las contravenciones, iniciativa que fue presentada a las autoridades en cabeza de la Secretaría de Gobierno. Ojalá su titular entienda que es URGENTE y NECESARIO empezar a tomar medidas represivas, porque definitivamente está comprobado que la letra con sangre, entra.

Necesitamos una Soacha ordenada, limpia, libre basuras en las calles; una ciudad comprometida con su aseo, unos ciudadanos dispuestos a cambiar y unas autoridades listas a hacer cumplir las normas trazadas con argumentos suficientes para decir, aquí podemos ser pobres económicamente, pero no pobres de espíritu, ni de modales, ni mucho menos de valores. «Aquí los limpios, los comprometidos y los que amamos a Soacha, somos más»