…Volver para saber que nadie va a solucionar nuestros problemas y que no necesitamos un héroe o heroína política, volver para darme cuenta que lo único que necesitamos es amor.


El cambio no fue para nada incómodo, llegué a sentirme como una de esas personas que salen del país y consideran que cualquier otro lugar es más ordenado y respetuoso. El cambio de lugar me liberó del problema del transporte y también me acercó más a espacios que antes me era imposible disfrutar, porque no existen o porque debido a una falta de voluntad política están en el total abandono: teatros, bibliotecas, parques, etc. Aunque fue poco el tiempo que estuve por fuera, hoy he decidido volver. Volver es uno de esos verbos que implican muchas cosas, pero la primera de ellas es cambiar de dirección, dar vuelta atrás y retomar el camino, algunos vuelven porque olvidaron algo y necesitan recordar, algunos vuelven porque no encuentran el camino, porque todo se pone más oscuro cada vez que avanzan.

Dar vuelta es también volver a la página anterior, releer lo que ya hemos leído, releer la vida y reflexionar para no perder el hilo conductor de la historia. Volver también es reencontrarse con los amigos y con los viejos proyectos que quedaron abandonados, es sentarse a dialogar por largos ratos, es saludar al vecino. Volvemos a un lugar, a una persona, a un momento; volvemos para sanar, huir, abrazar, escondernos o simplemente aportar lo aprendido por fuera y compartirlo. Volvemos, pero no volvemos al mismo lugar, nunca se pasa por el mismo río dos veces, diría Heráclito, el filósofo del de-venir.

Hoy ya no soy el mismo y mi lugar en este lugar tampoco es igual.
Volver a escribir en este espacio de opinión local, volver con las letras en medio del debate político. Anteriormente, cuando dedicaba un tiempo a la escritura, reflexionaba sobre los diversos problemas políticos, sociales, ambientales, culturales y económicos, mi columna era un homenaje a las utopías, los sueños y la imaginación; mis palabras y opiniones “Pensaban en grande” y cargadas de ironías lanzaban dardos críticos.

Volver a escribir, volver a remojar la pluma en la tinta crítica, pero hacerlo ahora no sólo desde mi lugar de joven, ciudadano, animal político, etc., hoy en día cargo mi pluma con la experiencia de la paternidad y comienzo a pensar en las relaciones humanas y en todos los sentimientos que las envuelven: El amor, el odio, la simpatía, la risa, la melancolía, la amistad, etc.

Volver es también regresar a la infancia, mi hija me enseñó a regresar a ese momento, mi trabajo me condujo por los caminos de la imaginación infantil, volví a ser niño nuevamente, volví a soñar y a sentir sin prejuicios. Tal vez las cosas no hayan cambiado, tal vez todo siga igual y lo único diferente son unos cuantos puentes y un “animal rojo” que atraviesa la ciudad de ida y vuelta pletórico de esperanzas, amores, sueños, angustias, rabias, simpatías, amistades, o mejor aún de relaciones humanas. Ocupamos mucho tiempo en organizar la vida, en planear cada instante, cada situación y lugar, en medio de todo eso nos queda poco tiempo para asombrarnos. Volvemos de nuestras jornadas laborales amontonados, volvemos con los sueños cansados, caminamos el largo puente de salida atravesando personas, volvemos, como Gardel: “Bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy nos ven volver”. Volvemos también con una sonrisa, volvemos dialogando y amándonos, volvemos con la mirada perdida en la ventana y una banda sonora para nuestra vida como pasajeros del mundo.

Volver a Suacha para retomar los proyectos, pero también para reflexionar sobre nosotros mismos y nuestras relaciones, volver para saber que nadie va a solucionar nuestros problemas y que no necesitamos un héroe o heroína política, volver para darme cuenta que lo único que necesitamos es amor.