Luego de un largo proceso de rehabilitación en el Centro de Recepción de Fauna Silvestre de la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA), 235 animales se preparan para volver a sus ecosistemas nativos, de donde los traficantes de fauna los sacaron para comercializarlos como mascotas en Bogotá.


A partir de hoy, la Secretaría de Ambiente empezará a liberar a este grupo de animales, que ahora podrá reproducirse, alimentarse y seguir con su ciclo de vida en sitios naturales de los departamentos del Cesar, Casanare y Cundinamarca.

Los 235 animales que recuperarán su libertad son 70 tortugas hicotea, 60 tortugas morrocoy, 45 pericos bronceados, 15 cotorras carisucias, 10 canarios costeños, 10 cascabelitos, 7 perros de monte, 6 micos ardilla, 6 ardillas cola roja, 3 boas constrictor, 2 cusumbos y 1 tigrillo.

Las tortugas hicotea y las ardillas cola roja serán liberadas mañana en la ciénaga La Loma, ubicada en el departamento del Cesar.

El tigrillo, los micos ardilla, perros de monte, boas constrictor, tortugas morrocoy y cusumbos partirán este miércoles rumbo a Matesanto, vereda a dos horas de Yopal (Casanare).

Finalmente, las 80 loras se irán este jueves rumbo al municipio de Nilo (Cundinamarca).

Según los biólogos, zootecnistas y veterinarios de la SDA, para estas liberaciones se tuvieron en cuenta aspectos como el estado sanitario, nutrición, comportamiento y pruebas genéticas para algunas especies, para así establecer su área de distribución.

“Como resultado se obtuvo que varios animales tenían la posibilidad de ser reintegrados al medio natural, por lo cual fueron sometidos a un aislamiento visual del humano, estimulación con predadores, ejercicios de vuelo para el caso de las aves y alimentación con frutos silvestres enteros”, apuntó Juan Antonio Nieto Escalante, Secretario Distrital de Ambiente.

El tigrillo que no olvidó cazar

En agosto de este año, un tigrillo macho de edad infantil llegó al Centro de Fauna de la Secretaría de Ambiente, víctima de los traficantes de fauna que pretendían comercializarlo.

Tras evaluar su estado físico y sanitario, los expertos establecieron que aún conservaba algunos instintos felinos, como el miedo al humano y rastros de la habilidad para cazar su alimento. Por esta razón inició de inmediato su proceso de rehabilitación.

Pasó a un encierro donde no tuviera contacto alguno con los humanos. Para incentivar la destreza para cazar, diariamente se le introducían presas vivas, como conejos y codornices, dentro de su jaula, las cuales devoraba en cuestión de segundos.

Mientras mejoraba su caza, expertos tomaron muestras de sangre para el análisis genético, que fueron enviadas al Instituto Nacional de Genética de la Universidad Nacional. El resultado indicó que el felino procedía de sitios en los Llanos Orientales.

“Al conocer su lugar de origen, el paso a seguir fue adelantar gestiones con Corporinoquia para reintroducirlo en una zona selvática de los Llanos Orientales. Así se definió la vereda Matesanto como el sitio más recomendable para la liberación, por su densa vegetación, cercanía a varios cuerpos hídricos y diversidad de especies que le servirán como alimento.