¿A dónde iremos?

Vale la pena reiterar que para obtener la confianza en las urnas, hay que demostrar la capacidad para resolver los múltiples problemas de los soachunos y marcar un proyecto cierto, tener ideas y compromiso social serio y saberse capaz de conducir honestamente los destinos por quienes nos piensan gobernar.


No podemos pensar elegir concejales y el Primer cargo Municipal, por ejemplo, a quienes a más de inexperiencia, sobre el tema, tengan cuestionada su conducta moral, porque gobernar no es solo favorecer a unas cuantas personas a quienes les entregamos la obligación de servir, sino, también, acabar con los problemas que jamás han tenido solución.

Y es que eso de la ignorancia, es tan importante, que ha planteado problemas que, por fortuna, se llegaba al final de la legislatura, en medio del más absoluto inmovilismo, y la más descarada corrupción. De una corrupción que vale la pena que se hable, porque es un fenómeno que aún se observa, en dependencias oficiales que sazona la vida pública y crecen las fortunas privadas de sus protagonistas, con tanta desmesura y desvergüenza, como la tolerancia social e inmunidad de que se prevalen en muchos Municipios de Colombia.

Siendo esto tan grave, no lo es menos la inanidad moral de algunos de nuestra clase política y de los funcionarios obligados a investigarla, sin cuyo silencio, impotencia o complicidad, en algunos casos descarada, difícilmente hubiese sido posible este espectáculo. Al fin y al cabo, en manos de los partidos, de los legisladores y de las Personerías como agentes del Ministerio Público, está la posibilidad de enmendar y averiguar el alto índice de corrupción, impidiendo que las conductas que se denuncian se dejen prescribir irresponsablemente, y sin el menor sonrojo del funcionario que da cuenta de la ocurrencia, por su culpa de este fenómeno jurídico,como ocurrió en la Personería de Soacha, con una empleada de la Tesorería, años ha.

Para que piensen lo que quieran nuestros lectores soachunos, les recordamos que en el Lazarillo de Tormes su autor nos propone una escena en la que el ciego y Lázaro se disponen a comer unas uvas cogidas de una cepa cercana al camino. Ambos inician la tarea y cuando del racimo ya solo queda el escobajo, el ciego le dice a Lázaro que le ha engañado, que ha comido los granos de tres en tres. Sorprendido por esta salida del ciego, Lázaro le interroga acerca de la causa de tal afirmación, y la respuesta del ciego es demoledora: “porque yo comía de dos en dos y tu callabas”.

En nuestra tierra,si los hay, ¿quién será Lázaro y quién el ciego?

¿Quién de los candidatos a la Alcaldía tendrá la suficiente entereza para poner coto a tan miserable situación? ¿Y quién tendrá el suficiente liderazgo que, a más de los requisitos que hemos señalado, es imperativo para gobernar? ¿Quién será capaz para que, desde ahora encabece la batalla para la recuperación de la dignidad de la política y busque la salvación de ella? Y sobre todo el pensar que salvar a la política del descrédito requiere, entre otras cosas, ampliar su espacio; cuando menor sea èste mayor es el riesgo para que unos pocos indeseables acampen en ella, prostituyendo el mejor instrumento del que dispone la gran mayoría de los ciudadanos para poder aspirar a una vida mejor en nuestra tierra.

Por esto, muchos de los electores asisten a los comicios como espectadores pasivos e impotentes y siempre disgustados por una lucha basada en intereses y metas que le son ajenas.

Por eso, los candidatos deben ofrecer a los electores verdaderos debates políticos y programáticos que desde hace mucho tiempo han quedado proscritos por la incapacidad de algunos para exponer programas reales y por lo tanto creíbles.

joseignaciogalarza@yahoo.es

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