Desde hace unos meses la Aplicación UBER no terminaba de causar revuelo en algunos países Europeos, cuando llegó al nuestro para poner en cintura los grandes monopolios del gremio taxista.


La aplicación presta un servicio puerta a puerta, con una calidad de primera mano, con vehículos nuevos, nada a las carreras, eso sí, más costoso que el servicio de taxi común, pero mucho más eficiente.

La molestia de los gremios es que el servicio prestado no ofrece las garantías necesarias para cubrir la demanda de usuarios y esta aplicación llegó a suplir esta demanda. Y el problema no es que tengan competencia virtual, pues es sabido que las empresas más fuertes cuentan con aplicaciones propias, el problema de estos últimos es el condicionamiento al que someten a los usuarios sobre la base de un mal servicio.

¿Cómo no van a prestar un mal servicio, cuando ningún taxista cuenta, con un contrato legal de empleo con prestaciones sociales de ley, cuando no existe ningún tipo de capacitación especial para la prestación del servicio? A ello se le suma, la participación de algunos en delitos como el “paseo millonario”, el irrespeto a las señales de tránsito, el lenguaje grotesco, el alto cobro en las tarifas a través de aparatos arreglados y la pregunta que no falta en ninguno ¿para dónde va?

El día 27 de noviembre de 2014 se llevó a cabo en la cámara de representantes del congreso de la república una audiencia pública referente a las normas laborales a operadores de transporte individual de pasajeros en vehículo taxi. El propósito era pensarse en políticas públicas dirigidas a este sector, sobre la base que de lo que piensan, sindicatos, empresas y usuarios, componentes fundamentales del sector.
No hay que desconocer que la tecnología ha dinamizado el sector, y no se pueden restringir los avances que en el servicio se han desarrollado, no por nada hoy se está discutiendo políticas públicas del sector.