El espacio público no es estático; va más allá de la plaza, el parque o la calle. Es dinámico porque la actividad humana lo realiza en un sinnúmero de actividades inherentes a ese espacio donde se vive lo público: se produce, se transforma, se apropia y hoy en día sobretodo se desapropia.


No evoluciona; involuciona. Se entrega, se cede; es el nuevo ordenamiento del espacio público dictado por las nuevas dinámicas. Las acciones normativas e institucionales con las que se observa el espacio público no aciertan ni están a la par de la realización de ese espacio que ya no es comunitario.

El uso de prácticas regulares otorga sentido y poderes que se validan con el tiempo superando lo formal y al ciudadano quien quedó relegado: nuevos modos de pensarse, representar y habitar el espacio se imponen. Es un juego de legitimidades mediado por indiferencia institucional y actitud ciudadana quienes en última acatamos y afirmamos esas soberanías que imponen esos nuevos aprendizajes de utilización del espacio así sean positivos o negativos: tristemente los interiorizamos. Los asumimos. No hay remedio.

El goce del espacio público se encuentra en medio de dos escenarios impuestos a la ciudadanía como si fueran su responsabilidad: el derecho al espacio público y el derecho al trabajo. No es tan cierto que estén al mismo nivel pero la institucionalidad tiene una coartada para no solucionarle a ninguno. Los equiparó y de esa forma los volvió antagónicos dejando en los ciudadanos que trabajan y caminan tener que culparse entre ellos.

Mientras, el nuevo espacio es concebido por particularidades. La misma práctica demuestra que no hay intencionalidad social sino lo que prima es una mecánica de mercado.

Así, la nueva significación de espacio público apropia lugares simbólicos específicos para cargarlos de nuevos sentidos: el monumento como estantería, la silla del pasaje como escaparate. Perdió lugar el niño, perdió la abuela que busca la banca en la tarde, la mama que pasea con su hijo en el coche, el peatón que debe estar pendiente de no pisar las mercancías. No ha ganado el derecho al trabajo pues es un ejercicio que tampoco es ni justo ni solidario con sus operantes y la institucionalidad asiente. Mira de soslayo.