¿Con qué propósito quieres iniciar este año?

Mauricio Salgado Castilla @salgadomg

Los colores parecían tomados del arco iris, que hace pocos minutos estaba sobre los frondosos árboles, eran tan espectaculares que todas las plantas del bosque hablaban de las orquídeas, algunas las admiraban, otras las envidiaban y eran muchas las que querían ser como ellas.

Hacían todo lo posible, cortaban sus ramas, buscaban la sombra como las orquídeas, trataban de volverse parásitas, pero en lugar de florecer como ellas, se marchitaban y muchas murieron en el intento de parecerse.

El búho que todo lo ve, que todo lo sabe, como si nacieran con el conocimiento del bosque que le falta a todas las plantas y a todos los árboles, nunca hablaba con esos seres verdes, aunque podía, hasta que se conmovió con ese arbolito que año tras año se veía cabizbajo, sentía que nadie lo miraba, sus hojas no eran especiales, no daba ni flores, ni frutos, su tronco delgado no animaba ni siquiera a cortarlo para leña y mucho menos era frondoso para que los pájaros tuvieran sus nidos y las ardillas como casas llenas de nueces. Muchos árboles se le acercaban y le decían que por qué no era como ellos, le daban consejos que parecían más órdenes, le recordaban que a su edad ya habían florecido, ya eran grandes árboles…

Con los últimos rayos del sol, el búho desplegó sus inmensas alas y voló hasta posarse frente al delgado árbol, lo miró con ojos de experiencia y le dijo: «Mira hacia arriba, hacia esos árboles gigantescos, mira todos los nidos, ardillas corriendo en las grandes ramas y los monos saltando con chillidos de alegría, «el arbolito en sus ojos acentuó la desolación, ahora hasta los búhos le recordaban lo que no era. El búho, como leyéndole la mente, prosiguió, así serás dentro de un tiempo, ¿Cómo yo puedo ser así? Ahora los ojos estaban llenos de esperanza, el búho con voz fuerte y clara, aseveró:  «Ese eres tú, ahora y siempre has sido así, solo tienes que saber que en la vida hay etapas, no puedes ser un árbol frondoso desde el inicio, tienes que nutrirte, recibir sol, agua, y sobre todo saber quién eres». El búho remontó vuelo perdiéndose entre los árboles frondosos, dejando al joven árbol mirando hacia arriba, a su futuro; ahora que sabía quién era, dejó de mirar las orquídeas.

En estos días es costumbre pensar en proyectos para el nuevo año, en deseos de cambiar, muchos de ellos son fallidos, porque la intención es ser como otra persona, tener otro cuerpo, pensar diferente, lucir diferente, se tiene en la mente modelos de personas, no para inspirar, sino para ser como ellos.

Se ofrecen aplicaciones para cambiar como se ve, esperando ser aceptadas con esa nueva imagen. La ropa, maquillaje y estilo de los influenciadores, actores y cantantes determinan cómo deben ser las personas. Son muchos los propósitos de año nuevo, que incluyen dolorosas y costosas operaciones, se quiere ser más flaco sin importar las implicaciones. Se espera que al ser como ellos será aceptado, tendrá pareja, será feliz, pero lo único que se consigue es sentirse aún peor consigo mismo.

La única intención válida es saber quiénes somos, cómo somos, cómo es la forma natural de percibir el mundo, de procesar la información, de saber cómo se aprende, cómo interactuamos, por qué es más fácil entenderse con unos y tan difícil con otros, cómo es el desarrollo emocional.

Son muchos los propósitos, intenciones y deseos que se pueden tener para este y muchos años más, mi deseo para todos, es que conozcan cómo son, cómo sienten, cómo aman, cómo aprenden.

¿Con qué propósito quieres iniciar este año?

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