A todos nos ha pasado alguna vez. Correr escaleras arriba para ir a buscar las llaves, pero olvidarse de qué era lo que se iba a ir a buscar justo cuando ingresa en la habitación. Conozca la explicación a este fenómeno.


Abrir la puerta de la nevera y tratar de alcanzar el estante del medio, y darse cuenta de que no logra recordar por qué se abrió la nevera. O interrumpir a un amigo y encontrar que el urgente asunto que nos hizo interrumpirle se desvaneció de nuestra mente justo cuando íbamos a hablar: «¿Qué es lo que iba a decir?»

Aunque estos errores pueden ser embarazosos, son bastante habituales.
Se conoce también como el «efecto umbral» y revela algunas características importantes sobre cómo se organiza nuestra mente.

Atención fluctuante

Cuando las cosas nos van bien, a menudo en situaciones que nos resultan familiares, centramos nuestra atención en lo que queremos y el cómo lo hacemos parece gestionarse por sí mismo.

Si eres un conductor experto, manejas los cambios, los indicadores y las ruedas de forma automática, y tu atención queda normalmente captada por asuntos menos rutinarios, como navegar entre el tráfico o conversar con tus pasajeros.

En el momento en que las cosas son menos rutinarias, tenemos que dirigir nuestra atención a lo que estamos haciendo, extraer a nuestras mentes de la perspectiva global por un momento.

Y por eso hay una pausa en la conversación cuando el conductor atraviesa un cruce de caminos complicado o el motor comienza a producir algún sonido extraño.
La manera en la que fluctúa nuestra atención en la jerarquía de la acción es lo que nos permite desempeñar comportamientos complejos, que se unen en un plan coherente a través de múltiples momentos, en múltiples lugares o requiriendo múltiples acciones.

El efecto umbral ocurre cuando nuestra atención oscila entre niveles y refleja la dependencia en nuestros recuerdos –incluso los recuerdos de que lo estábamos a punto de hacer- en el entorno en el que nos encontramos. Ocurre porque cambiamos los entornos físicos y mentales, trasladándonos a una habitación diferente y pensando en cosas distintas.

Es una oportunidad para entender cómo coordinamos acciones complejas, encajando planes con acciones de manera que –la mayor parte del tiempo- nos permitan colocar los ladrillos adecuados en el lugar correcto para construir la catedral de nuestras vidas.

Fuente: BBC.com