Hace alrededor de tres meses, y perdónese si me equivoco, la Contraloría Municipal de Soacha envió una comunicación a la Alcaldía para que se le explicara en qué condiciones se encontraba un préstamo multimillonario conseguido por el anterior alcalde, señor Martínez Tarquino, a una importante empresa que se dedica a estos menesteres y que, según la misma comunicación, podía representar un grave peligro para los intereses del Municipio, si no se habían cancelado sus intereses y las cuotas obligadas a pagar oportunamente por el Municipio de Soacha y, además, preguntaba, en qué se había empleado tan importante suma de dinero.


La verdad, salvo mejor opinión, es que hasta la fecha nada se ha sabido en relación con la respuesta dada por el señor Alcalde actual a tan importantísimo y oportuno requerimiento de la señora Contralora Municipal y, mucho menos, se tiene noticia de las obras realizadas o el origen de los gastos efectuados por tan cuantioso préstamo recibido en la legislatura anterior, ni qué ha dicho el Concejo Municipal en relación con esta averiguación, nacida de las funciones y obligaciones que debe cumplir el ente que ella representa.

Pero tengo como hecho cierto, que hasta el más desprevenido ciudadano de Soacha habrá indagado algo, con sus familiares o amigos, sobre ese particular, máxime cuando se reside en un Municipio tan lleno de necesidades de todo tipo. Y no es que este humilde servidor, e hijo de esa tierra, quiera ya hacer responsable al alcalde de la época, de un hecho punible con la destinación dada al préstamo, sino que tienen pleno derecho los naturales y habitantes del Municipio de saber en qué se invirtió el multimillonario dinero en cuestión, si ya se canceló o se han venido pagando oportunamente los intereses, o si algo queda y en qué institución se encuentra consignado el remanente.

Además, porque en situaciones como la que comento, no se podrá responder como lo hizo don Gonzalo Fernández Córdoba, vencedor de la Batalla de Ceriñola, y por eso conocido como el Gran Capitán, al rendir cuenta de los gastos en tal batalla y que el Rey Fernando el Católico en 1506 consideró gastos desproporcionados y dice así de tales erogaciones:

“En picos, palas y azadones, para enterrar a los muertos del adversario, he gastado cien millones. Cien mil ducados en guates perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de los enemigos tendidos en el campo de batalla. Ciento sesenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas por el uso continuo en repicar todos los días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo.

Según la leyenda, que Modesto Lafuene da por buena aunque sin tanta floritura, el orgulloso militar no se enredó ante lo que consideraba una humillante fiscalización por parte de Fernando el Católico y siguió con su irónico desplante: Doscientas mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas españolas. Un millón de misas de gracia y tedeum al Todo Poderoso. Tres millones de ducados en sufragios por los muertos. Diez mil ducados en pólvora y balas. Cincuenta mil ducados en aguardiente para las tropas, en días de combate. Millón y medio de ducados para mantener prisioneros y heridos. Siete mil cuatrocientos noventa y cuatro ducados es espías y escuchas.”

Sinceramente, apreciados lectores, no creo que para la rendición de cuentas y explicaciones que al efecto se deba dar a la Contraloría, por quien corresponda, del préstamo que se le hizo al Municipio, se haya efectuado actividades parecidas a las de la historia de don José Yoldi, consignadas atrás, pues seguramente, y así lo espero, se muestren, en su oportunidad las posibles obras efectuadas en el Municipio con el multimillonario préstamo y los pagos oportunos de los intereses correspondientes.

Además, no se de casos en que no se hayan pagado oportunamente los préstamos hechos al Municipio, ni que hagan falta sumas en efectivo entregadas a alguien con fines específicos. Solamente, ahora recuerdo de un caso muy especial de un dinero dado a un soachuno de las mejores condiciones cívicas y morales a quien se le designó Presidente de la Junta de Ferias y Fiestas, cuando estas se desarrollaban, hace muchos años en Soacha y al presentar las cuentas pertinentes en la Tesorería, le faltaban $50.oo. Para salir inmediatamente del problema, el personaje de la historia, hizo una especie de recibo y escribió lo siguiente, que fue cuento de risa y burlas para nuestro incomparable amigo y profesor en nuestra tierra : “Vale por $50.oo en pan y ají”. Y todo arreglado.

En esta ocasión, si hay algo anormal, la suma es muy alta y no creo que en ella quepa un vale como el comentado atrás, que oportunamente fue saldado, a satisfacción.

joseignaciogalarza@yahoo.es