Esta frase se volvió popular cada vez que un alcalde decide ordenar operativos en contra de los vendedores ambulantes, justamente para evitar que unos pocos se apropien de lo que es de todos. Y Soacha no es ajena a escándalos y protestas de aquellos que creen que reclamando el derecho al trabajo, pueden hacer lo que se les antoje con el espacio público.


Ya era hora que se les pusiera el “tatequieto” a los vendedores que a diario ocupan las calles de Soacha; bueno, claro que se debe aclarar que el freno sólo se aplicó a los que invaden el parque principal y sus alrededores, pero por algo se comienza.

Sin embargo lo que la gente espera es que la medida se mantenga en el tiempo porque la experiencia dice que a los gobernantes les da “ventoleras”, actúan con emoción y no aguantan la presión de los vendedores. Es un pulso que siempre han ganado estos últimos porque la policía no se puede mantener por mucho tiempo en las calles.

Uno y otro alcalde ha prometido controlar las ventas ambulantes y evitar que calles, andenes, parques, puentes y cuanto espacio público exista, sea invadido por gente que en su mayoría, le trabaja a mafias organizadas que tienen puestos de mercancías en diferentes ciudades y municipios.

El negocio está en conseguir personas necesitadas para que vendan la mercancía y le entreguen un producido diario a los jefes de estas redes dedicadas a vender sin pagar servicios, arriendo ni impuestos. Y claro, aquellos que por 20 mil pesos salen a aguantar sol, lluvia, viento y los acosos de la Policía, son los que le ponen el pecho al asunto; los mismos que reclaman el derecho al trabajo sin pensar que ellos no son más que fichas utilizadas por las cabezas de las mafias organizadas.

Es cierto que quienes trabajan en la calle necesitan comer, vestirse y llevar el sustento diario a casa, pero lo que no puede el Estado es patrocinar esta forma de trabajar, y más aún cuando se sabe que muchos de los vendedores deben rendir cuentas diariamente a los propietarios de 10, 20 o hasta 50 puestos que tienen distribuidos en diferentes sitios del municipio, la capital y el departamento.

Lo que el municipio, en este caso, debe pensar es en cómo garantizar que las personas que son de Soacha y que realmente son dueñas de un solo puesto, puedan trabajar para sobrevivir. Hay que permitir que lo hagan pero organizadamente, no invadiendo el espacio público ni obstaculizando el libre tránsito peatonal y vehicular.

La medida tomada recientemente por esta administración en el parque de Soacha y sus alrededores es sana y pertinente. Sin embargo no se trata de sacarlos de un lado para que invadan otro, es decir, trasladar el problema. Cuando se tome este tipo de decisiones se debe planear y tener listo un espacio que ofrezca garantías y estabilidad a los vendedores.

Aquí cabe preguntar, ¿qué pasó con el espacio habilitado detrás de Casa Linda, en San Mateo, en donde la administración pasada invirtió más de 2 mil millones de pesos? Bueno, el mismo que se entregó sin servicios públicos, ni baños ni casetas. Pero sigue la pregunta, ¿Qué pasó?

El reto para esta administración es enfrentar con decisión la reubicación de algunos vendedores ambulantes y sacar definitivamente a los que no son del municipio y a aquellos que le trabajan a las mafias organizadas.

Esperemos que la medida que se tomó por estos días en el parque principal, la carrera séptima y calles adyacentes sea permanente y no obedezca a la calentura navideña.

La ciudad requiere orden en sus calles y parques, pero para ello es necesaria la decisión de la administración municipal y el compromiso de la policía y de la misma ciudadanía, sin importar si la medida es antipopular o no, y sin escuchar tanta arenga alusiva al derecho al trabajo, teniendo en cuenta que Soacha no es una casa de beneficencia.

Soacha está a la espera de medidas decisivas que erradiquen el problema de la invasión al espacio público; es necesario poner orden si queremos ver una ciudad estéticamente bien presentada, con sus calles ordenadas, con un buen flujo peatonal y vehicular, y lo más importante, unas autoridades y ciudadanos comprometidos para empezar a construir una nueva imagen del municipio, unida justamente, a la marca que ahora nos identifica.