Para algunos ciudadanos del municipio, es alarmante el afán de quienes distribuyen drogas en los barrios por arrastrar a los estudiantes a consumir sustancias psicoactivas. Para lograr su objetivo se ubican estratégicamente en los alrededores de algunos colegios, así delincuentes y jíbaros se disputan el territorio para perjudicar a los jóvenes y a la comunidad.


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Aunque esto sucede cerca a muchos escenarios educativos, un claro ejemplo de ello es lo acontecido en los alrededores del colegio San Nicolás. Según los residentes cercanos al sector en el que se ubica el plantel, una desventaja que permite que los repartidores de droga y los delincuentes puedan acercarse a los niños y jóvenes estudiantes es la ubicación de dos callejones que gracias a su estrecho paso y casi que total abandono, permite a dichos personajes promover sus negocios ilícitos y hacer de las suyas.

“Se apoderan por completo de las esquinas que comprenden los callejones en la entrada y la salida, y como para muchos estudiantes es casi que un paso obligado, al pasar por ahí los incitan al consumo de drogas o los atracan y les quitan sus pertenencias, así sean los cuadernos de la institución”, agregó un residente del sector.

La ubicación de los callejones es ideal para la concentración de los delincuentes, puesto que son casi inaccesibles para la policía debido a la lejanía que guardan de las vías principales del barrio y a su estrecho paso, en el cual no es posible ingresar los vehículos de los uniformados. Asimismo varias zonas del mismo sector se han convertido en punto crítico para la distribución de estupefacientes.

“El sector se ha mantenido con una presencia constante de expendedores, delincuentes y consumidores. Hay unos focos muy puntuales de permanencia de estos personajes que son: las dos esquinas aledañas al colegio San Nicolás, por la misma calle que da a la puerta del colegio se ubican en una tienda, vemos que la persona que atiende es muy confiada y como estos personajes son clientes frecuentes les guardan cosas y está empezando a funcionar, sin que los propietarios sepan, como una especie de oficina donde siempre permanece el punto de distribución”, añadió un vecino del lugar.

Los delincuentes procuran estar siempre listos en los horarios de salida de los estudiantes del colegio, para ubicarse en las cercanías del colegio con el propósito de distribuir y llamar la atención de los jóvenes. Para la comunidad es preocupante la relación que muchos de ellos manejan con un buen número de estudiantes, puesto que eso se presta para llevar la situación a interior de la institución.

“Los personajes que invaden las esquinas pueden estar ahí desde las seis, pendientes de la salida en la jornada de la tarde, sin necesidad de moverse se apoderan de las esquinas de los callejones. También esperan a las seis de la mañana la entrada de los estudiantes de la jornada diurna, posteriormente regresan al medio día y se repite la situación a partir del anochecer”, especificó un habitante del sector.

El mayor problema que permite la presencia de los distribuidores de drogas y delincuentes es la falta de iluminación en uno de los callejones, ubicado al costado del colegio, donde gracias a la oscuridad total esos jóvenes pueden permanecer toda la noche esperando a su víctima, bien sea para robarle sus pertenencias o para halarlo al consumo de sustancias psicoactivas.También la falta de acompañamiento de padres y familiares se hace evidente, pues muchos de estos jóvenes siempre andan solos sin supervisión de sus familias.

“Con la instalación de al menos una luminaria en la esquina de entrada y salida, seguramente se reducirá en gran medida la presencia de los delincuentes y la comunidad podrá estar más tranquila al llegar de su trabajo en horas de la noche y también es posible estar mucho más pendientes de los jóvenes”, manifestó una mujer, habitante perjudicada.

Aunque se reconoce el trabajo policial con la escuela DARE, las requisas en colegios y lugares aledaños son realizadas una o dos veces al año.

Fotografía principal: Mendozapost.com