Con total lucidez, un estado físico admirable para su edad y con los recuerdos de su niñez intactos, esta soachuna, habitante del barrio La Fragua de la comuna dos, celebró sus cien años de vida. Dominga fue una de las primeras personas de Soacha que vendió almojábanas en canasto, y hoy recuerda las épocas en que se pescaba en el río Bogotá.


Dominga Medina nació en febrero de 1914 en el sector de Las Vegas en Soacha. Es hija de Máximo Medina y Francisca Neuque, dos soachunos que inculcaron valores a sus hijos y que conocieron el municipio cuando apenas era un pequeño poblado, lejos de Bogotá.

Dominga recuerda cómo a la edad de 12 años tenía que ir a la capital a vender almojábanas, las mismas que hacían en su casa. “Yo me iba a pié hasta Bogotá a llevar las almojábanas en un burro. En ese tiempo el burrito iba con las angarillas y los canastos llenos, yo vendía al lado del hospital de la Hortúa y luego me iba hasta Usaquén. Duré así como diez años, y recuerdo que de Soacha éramos bastantes los que vendíamos almojábanas, incluso toda mi familia lo hacía”, recuerda doña Dominga.

Su vigor, larga vida y fortaleza la asocia a la buena comida. Con orgullo cuenta que desde muy joven comió pescado del río Bogotá, mazamorra y chicha de maíz.

“Me gustaba mucho el pescado del río Bogotá que cogíamos en Canoas. Era muy delicioso y además se cogían unos pequeñitos que les decían guapuchas; esas se las echábamos a la sopa y el pescado se sudaba con papita. Además se preparaban mazamorras, en esa época se molía en piedra y la masa se hacía en las mismas casas. Se le echaba papa, alverja, haba, guapuchas y lo que hubiera”, cuenta la señora Dominga.

En cuanto a bebidas, esta soachuna era amante de la chicha de maíz, la cerveza, el vino y un aguardiente de yerbas que en la época le decían ‘mata burros’. Recuerda las fiestas del municipio, en especial las corridas de toros que organizaba su tío Ángel María Medina, o ‘Morocho’.

Dominga tuvo nueve hijos, de los cuales viven sólo cinco. Comparte su vida con Margarita, la menor de todos, y desde 1947 reside en el barrio La Fragua de la comuna dos.

“Desde que nací vivo con ella. Me siento la mujer más feliz y bendecida porque Dios me concedió la felicidad de tener una mamá con esa edad, con la lucidez que tiene, con esa claridad mental, rica en salud, sabiduría y tranquilidad”, explicó Margarita Cubillos Medina.

A sus 58 años, Margarita reconoce que doña Dominga todavía ejerce autoridad sobre todos sus hijos. “Ella tiene su carácter y la admiro por eso, porque cuando le hacemos alguna picardía nos reprende con carácter fuerte, incluso lo hace con mi hermano mayor que tiene 80 años. Yo le hago una travesura y es capaz que hasta con el bastón me pega”, contó la hija menor.

A sus cien años, doña Dominga lleva una vida normal, lejos de los médicos y muy cerca de sus hijos, su familia y sus vecinos.

“Es una persona que a pesar de sus cien años es muy lúcida, ella se acuerda de cosas de su infancia, nosotros la tenemos como una reliquia y Dios quiera que la guarde mucho tiempo más, es un ejemplo a seguir por nuestros habitantes. Aunque no sale mucho, en los momentos que lo hace nos hablamos, le gusta comunicarse con la gente, lógico que por su edad los hijos la cuidan mucho y no la dejan salir muy seguido, pero en los raticos que puede todos los vecinos estamos pendientes de ella, no la descuidamos y nos gusta estar con ella porque es una conversadora muy acérrima”, aseguró don Duván Preciado, presidente de la JAC del barrio La Fragua.

La señora Dominga se levanta hacia las 9:00 a.m., no sin antes orar y darle gracias a Dios por la vida y la salud. “Pasa al baño, la ayudo a vestir y luego se toma su aromática y el desayuno bien trancado. Posteriormente se le dan frutas de medias nueves, viene el almuerzo con sopa, seco y jugo, las onces y al final del día la comida porque a ella no le hace daño nada”, explicó Margarita.

Doña Dominga es amante de la cerveza, la chicha y la buena comida. Su descendencia ya alcanza las 80 personas entre hijos, nietos, biznietos y tataranietos, y sólo acude al médico para que le hagan los exámenes de rutina.

“Yo me siento bien gracias a papá lindo. Yo le pido a él, a mamá linda, a la santa cruz milagrosa y todos los santos, que tenga piedad y misericordia de mí, que cuando mi Dios me pida que me vaya, pues me voy (risas…)”.

Y toda esa jocosidad y sabiduría no pasó desapercibida en los cien años de doña Dominga. La semana pasada fue el homenaje de su familia y amigos. Claro que ayer domingo sus vecinos del barrio La Fragua le celebraron un siglo de existencia con una eucaristía, un buen ramo de flores y una serenata.

“Doña Dominga ha sido pionera de este barrio, ella fue de las primeras habitantes de Soacha y toda la vida la he conocido porque aquí vivo desde que nací. Ahora que soy presidente de la JAC Dios me encomendó esa misión de estar presente en los cien años de ella, porque cien años no cumple casi nadie en este mundo, entonces no se podía pasar esta fecha tan especial, fue así que por intermedio de la junta se le organizó una misa y su serenata, los vecinos y su familia estuvimos presentes y afortunadamente todo nos salió muy bonito”, concluyó el presidente de la JAC del barrio La Fragua.