El 11 de enero de este año me entregaron en mi oficina un papel con el nombre y número de celular del señor de Jorge Eliécer Padilla Lozano, un desplazado de los llanos orientales que llegó hace 13 años al municipio de Soacha y quien quería contarme su historia o tal vez solo ser escuchado, Jorge es una de las miles de víctimas de la violencia y el desplazamiento de este país.


El 23 de enero lo contacté y me invitó a su casa en un sector muy particular, la Vereda Panamá en el cerro de las dos tetas, su casa se ubica en la teta que no tiene cruces, su rancho tiene una espectacular vista de toda Soacha y Sibaté, me invitó un tinto hecho en un fogón muy humilde que tiene para cocinar, su casa hecha de tablas y zinc acoge a unas gallinas, un gato, dos perros y a su amigo el Mono, un hombre de más o menos 55 años con quien su contemporáneo Jorge comparte la tranquilidad y el paisaje de ese lugar.

Jorge me habló de su situación económica, comentó sobre su trabajo en el reciclaje y además que cada tres días va a abastos a recoger frutas y alimentos dañados para llevar a su vivienda y tener algo para comer, me confesó que era iletrado apenas sabía leer y escribir, sin embargo su dialecto y sus opiniones daban cuenta de una persona con muchas páginas leídas, entre sus anécdotas contó que tenía dos cuadernos llenos con historias personales pero hace un par de años una de esas tantas fundaciones que llega a Altos de la Florida se le llevó el cuaderno con la ilusión de un posible libro, pero nunca más volvió a ver a quien le entregó su obra.

Ese día me fui de ese lugar aprendiendo algo más de la realidad de este país que respira aires de paz para unos pocos y desigualdad para la mayoría.

Días después llamé a Jorge Eliécer con el ánimo de ayudarle con algo de efectivo pues un amigo mío necesitaba alguien para lavar unos parqueaderos por ese día, la paga no era mucha pero aliviaría sus dificultades económicas al menos unos días. Nos encontramos, estuvo en mi casa, tomamos tinto, hablamos un rato y luego lo acompañé donde debía ir a trabajar.

El 3 de febrero de este año volví a subir a la teta para tomar tinto y hablar con Jorge Eliecer, esta vez el panorama no dejaba de ser peor, aparte de que no tenía servicios públicos y la comida escaseaba, me contó que días atrás lo habían golpeado unos hombres; el motivo, debía desalojar su vivienda por que estos terrenos son zonas de los tierreros, sin embargo su talante terco lo había llevado a no desalojar y a interponer una demanda ante esas personas que ya anteriormente lo habían amenazado y golpeado, sin embargo él seguía allí porque tampoco tenía más para donde irse, ya había sido desplazado en los llanos, ahora los tierreros de Soacha lo amenazaban. Lo que dejó más claro fue que tenía un conflicto con una mujer que no recuerdo el nombre y que si algo le pasaba ellos eran los responsables.

Yo no podía ser más que un testigo de su relato, nos entendimos desde el principio, el quería alguien con quien hablar yo llegue allí para escuchar su historia, una vez más bajé de la teta a las 7 de la noche en su compañía, me dejó allí en el tercer sector de Altos de la Florida y bajé de allí en uno de los jeep que presta el servicio de transporte en ese sector.

En el mismo mes de marzo traté de llamarlo a su celular pero en aquel sector no hay señal, días después me llamó y me dijo que cuando hablábamos. Le dije que pronto nos veríamos, solo hasta el 6 de marzo en horas de la noche nos volvimos a encontrar en el barrio el Altico, hablamos un rato, recibió una llamada de una mujer, parecía ser una novia o amiga cercana, luego se despidió, le pregunté que si tenía para el carrito, me dijo que sí.

El 7 de abril decidí subir a su casa pues no me contestaba, allí en el tercer sector me encontré a su amigo el Mono y le pregunte por Jorge y me dijo: “que saludes le dejó”… Jorge Eliécer Padilla fue asesinado el sábado 14 de marzo en horas de la noche cuando caminaba hacia su casa, el Mono me contó que él mismo lo encontró el domingo siguiente en horas de la mañana unos metros cerca a su casa, puñaleado en el pecho y abdomen, la sangre ya estaba coagulada por todo su pecho, su espíritu ya no estaba en su cuerpo y su cadáver todavía está en medicina legal.

D.R.A
De redactor anónimo.