En las diferentes campañas políticas actuales a la Presidencia e incluso en las anteriores a la Alcaldía se ha hablado mucho de Educación, de calidad y de transformación como promesas estratégicas para ganar adeptos, pero nada más alejado de la realidad de nuestro golpeado municipio. En Soacha como en el resto del país existen dos líneas de Educación, la Educación estatal u oficial y la Educación privada, convergentes en sus filosofías, objetos e intenciones, pero totalmente divergentes en su operación y manejo.


La Educación oficial es ofrecida por el estado, totalmente manejada por él y sostenida financieramente por los recursos gubernamentales producto de los impuestos que nosotros como ciudadanos pagamos, las instalaciones y dotaciones son construidas por el gobierno, la nómina docente es pagada por el Ministerio y sus Secretarías y los programas educativos son desarrollados con recursos de la nación. Por otro lado, la Educación privada es ofrecida por empresarios particulares, las plantas físicas y dotaciones son construidas con recursos propios, las nóminas docentes son pagadas con el recaudo de pensiones y costos educativos y los programas educativos son desarrollados con estos mismos recursos.

Hablar de Calidad educativa en un discurso es fácil y se escucha hasta bonito, pero poner en verdadera realidad un proceso educativo de calidad no se podrá hacer hasta que nuestro esquema educativo cambie totalmente y deje de ser una mala copia de otras culturas y civilizaciones como la Norteamericana, la Española o la Chilena. Y en este tema no estamos hablando de procesos, escuelas, tendencias y estrategias pedagógicas, pues en este ámbito Colombia es pionera y afortunadamente bastante avanzada, hablamos de espacios educativos, jornadas académicas, número de estudiantes por aula y por docente, equipos y dotaciones especializadas, ergonomía y utilidad de muebles, equipos e instalaciones, ambientes escolares y demás elementos de la calidad que parece se estuvieran olvidando o que se sobredimensionan en planes maestros de equipamientos educativos, únicamente proyectados para estratos altos y poco aplicables en la realidad del grueso de nuestra población.

La calidad educativa en el Sector Oficial es responsabilidad del estado y del gobierno de turno, sin embargo es importante que los Colegios oficiales cumplan también los requisitos mínimos, pues el estado no puede seguir exigiendo unos estándares de calidad a la educación privada cuando ni siquiera se cumplen desde los colegios oficiales, ámbitos como el hacinamiento con cursos de 50 y hasta 60 estudiantes por aula, la doble jornada con horas de clase de 40 o 45 minutos, aulas de sistemas con equipos para tres y cuatro alumnos por sesión, colegios con espacios recreativos mínimos e insuficientes, instituciones educativas sin psicólogos, orientadores y profesionales de apoyo y otros tantos elementos deben ir en exigencia paralela para privados y oficiales, si lo que se quiere es una nueva educación de calidad para nuestros jóvenes.

Por otro lado, para poder ofrecer calidad educativa en el Sector privado (especialmente en un Municipio como Soacha) es importante hacer consciencia de un hecho irrefutable pero real: tenemos que meternos la mano al bolsillo, TODOS los actores y partícipes de la comunidad educativa tenemos que aportar. Los Rectores debemos aportar una buena gestión y gerencia administrativa para que el presupuesto institucional permita realizar mejoras y proyectos de crecimiento anual, los padres de familia debemos aportar cumplidamente nuestras obligaciones financieras para que el colegio tenga solvencia económica que le permita contratar buenos docentes, equipar a la institución con los elementos que nuestros hijos requieren para aprender y construir cada vez mejores instalaciones que beneficien a los niños, el estado debe aportar con el cumplimiento de sus compromiso adquiridos y el pago justo y equitativo de sus contrataciones, además de estimular a las entidades educativas desde el punto de vista tributario y laboral por sus aportes a la sociedad, no solo en el ámbito formativo sino también en la generación de empleo y desarrollo para su comunidad.

Sin embargo, mientras los padres de familia sigamos pensando pobremente y con esa mentalidad de indigencia, mientras continuemos mendigando al estado la educación de nuestros hijos, mientras nos siga doliendo sacar dinero para invertir en el futuro de nuestros muchachos y mientras continuemos pensando que la educación es un gasto y no una inversión, las instituciones educativas de Soacha seguirán funcionando con las uñas, manejando ingresos bajísimos, administrando pobreza y prácticamente haciendo malabares para tratar de cumplir con la tan anhelada calidad que cada día está más lejos de la realidad de nuestro pueblo.