El ‘desafío’ de vivir en Altos de la Florida

Entre los cerros de la comuna seis de Soacha se esconde un humilde o mísero lugar que pareciera no pertenecer a esta realidad, no precisamente por ser parte de un cuento de fantasía, sino porque las condiciones de quienes allí habitan se escapan de lo que debería ser la vida normal en pleno siglo XXI.


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El alma se paraliza y el cuerpo siente escalofríos de ver cómo en este barrio, en plena era de la modernidad el tiempo parece haberse detenido sin brindar posibilidad alguna de conocer los placeres y beneficios de los servicios públicos, el derecho al agua potable, una educación digna, un transporte decente (que de hecho no existe en el Municipio), recreación para los pequeños, empleo para los adultos y seguridad social para estos seres humanos que por aquellas incógnitas de la vida llegaron al lugar, bien sea buscando una nueva oportunidad para salir adelante (…), una oportunidad de emanciparse o sencillamente como muchos en territorios de similares características, huyendo de la absurda violencia que por décadas ha golpeado a los más vulnerables.

Si usted ha tenido la oportunidad de conocer el drama de la comuna cuatro (Altos de Cazucá), se sorprenderá de saber en qué condiciones viven los habitantes de Altos de la Florida, que sin ningún ánimo de especular o exagerar, son significativamente peores que las de cualquier individuo que haya tenido el infortunio de acentuarse en esa zona… simplemente, es algo inconcebible…

“El barrio se construyó hace aproximadamente 22 años dada la necesidad de la gente desplazada por el conflicto armado de encontrar un refugio, personas que no están en las condiciones socioeconómicas de pagar un arriendo y que perfectamente deben atender 4 o 5 niños en cada familia. Ellos compran esas tierras como su único sentido de posesión. Somos un barrio subnormal en el cual el 80% de su territorio es de invasión y la mayoría de sus habitantes corren el riesgo de seguir sufriendo, pues la educación (por ejemplo) es escasa debido a que la mayoría de los jóvenes deben recorrer grandes distancias para poder ir a la escuela, afrontando a su paso peligros y delitos en contra de ellos tales como violaciones y hurtos”, explicó Alexander Torres, residente de Altos de la Florida.

En este barrio no hay colegios, el más cercano es la IE Francisco de Paula Santander sede Panamericana, el cual se encuentra ubicado en la parte baja de la comuna y más exactamente en el barrio El Altico y a donde la única forma que hay para llegar es a pie descendiendo por ‘la loma’ al acecho de los peligros que se corren en ese camino en el sitio conocido como La Cristalina. Claro está que en dicha institución desafortunadamente no se cubre toda la demanda de los estudiantes provenientes de ‘Altos’, pues quienes cursan bachillerato deben recorrer una distancia más grande y desplazarse hasta la IE Eduardo Santos.

“El pasado 30 de diciembre quedamos con la Secretaría de Educación en hacer un radicado para solicitar un servicio de rutas escolares y llegar a una buena solución porque nuestros niños corren un peligro muy grande al atravesar esos trayectos. Algo que estimula la deserción es precisamente eso, pues los muchachos se aburren de ir a correr peligros”, agregó Alexander.

La tragedia del agua

Para una persona con sentido común resultaría impensable imaginar que a estas alturas de la vida todavía haya gente que deba abastecerse de agua por medio de carro tanques, los cuales por cierto en Altos de la Florida fácilmente pueden tardar en aparecer semanas e incluso meses y que cuando van hacen que se produzca toda una procesión de hombres, mujeres y niños que con canecas propias de una industria hacen largas filas para poder obtener su ‘dotación’ del preciado líquido de cara a la larga espera que deben aguantar antes de que corran con la fortuna de volver a ver el vehículo por sus calles.

“El agua no llega sino en carrotanque, para eso tenemos un contrato en el cual pagamos una suma de $8.000 por cada metro cúbico de agua que nos suministra la EAAB (Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá) que a su vez es depositada en canecas de 55 galones, para lo cual pagamos $2000 a fin de poder llenar cada recipiente. Tenemos unos paraderos en cada sector; el tercero cuenta con aproximadamente cinco en los que en promedio se hallan 50 canecas, en el segundo sector tenemos 18 también con 50 canecas aproximadamente. Cada familia debe contar al menos con 5 o 10 canecas pues no sabe en qué momento regrese el carrotanque. Frente a esto último cuando no hay problemas de suministro en Cazucá nos llega el carro cada 8 días, de lo contrario fácilmente podemos durar sin agua 2 o 3 meses y entonces nos vemos en la obligación de pagar carros particulares para que nos suban el agua por $5.000 cada caneca, ese es nuestro sufrimiento más grande”, agregó Torres.

El agua es administrada a través de la JAC que designa a una persona para que reparta el líquido y recoja los $2.000 para que luego la EAAB genere la factura. Cabe anotar que la zona cinco del acueducto (que cubre a Soacha) sólo dispone de un carrotanque y con este atienden las necesidades desde la Av. 1 de mayo en Bogotá hasta el Municipio, lo que quiere decir que en caso de que se presente una eventualidad el vehículo es enviado a la capital y por eso se puede retrasar el suministro de agua en Altos de la Florida.

“Se ha hablado con la EAAB y la misma Gobernación de Cundinamarca para que nos envíen otro carro pero no ha sido posible porque existen problemas administrativos. La Gobernación ha ofrecido un carro para que venga lunes y martes a llenar cada caneca de agua, pero desde luego no se ha visto nada al respecto”, indicó Alex.

La seguridad, un juego de azar

“Hemos tenido cierta tranquilidad en el tema de seguridad, pero los jóvenes empiezan a formar sus pandillas y grupos para robar elementos de las casas y así consumir vicio. Como la gente va llegando al barrio es difícil tener a todo el mundo controlado, bajando la loma en barrios como Cristalina hay cosas que dificultan ese aspecto. Tenemos cerca de 1300 lotes y en este momento el 40% de estos está cubierto, así es complicado controlar la llegada de personas y las posibilidades de que arriben milicias o personas que se camuflan entre nosotros van en aumento”, señaló Alexander.

Sobrevivir, esa es la lucha que día a día tienen estas personas que no sólo se ven vulneradas por la inseguridad urbana sino también por inseguridad social que se ve reflejada en las absurdas condiciones laborales a las que desgraciadamente deben someterse debido a que no existe otra alternativa para la mayoría de los casos. Las canteras y las industrias ilegales que funcionan cerca de allí y de la vereda Panamá están absorbiendo la vida de decenas de obreros reducidos a labores de carga de ladrillos y bloques sin que puedan contar a cambio de eso con un salario decente, una aseguradora de riesgos o una afiliación al sistema de salud.

“La gran mayoría de las personas viven del reciclaje y el empleo informal, son muy pocos los que se benefician con un empleo certificado. Los que estén vinculados a algunas de estas compañías pueden gozar de un salario legal o atenerse a sueldos muy por debajo del Salario Mínimo Legal Vigente, hablamos de 10, 12 o 15 mil pesos diarios, algo bastante insignificante y que se traduce en el hecho de no tener poder adquisitivo para vivir en mejores condiciones”, afirmó Torres.

De Altos de la Florida a Soacha Centro o Bogotá, calvario criminal

Un crimen, así se pueden definir las circunstancias inhumanas en las que las humildes personas que residen en Altos de la Florida deben utilizar el deficiente sistema de transporte local que prácticamente en el barrio no existe, pues nada más cuentan con una ruta que tan sólo los lleva hasta el barrio Olivos en la comuna tres de Soacha, sin contar los milagros que deben hacer para poder llegar siquiera al Portal del Sur o Venecia.

“Antes que nada nos las tenemos que arreglar para bajar hasta la Autopista y luego esperar un hora o hasta más hasta que nos recoja el bus que nos lleva hacia la capital. Existen dos maneras de ir a Bogotá; la primera es bajar a pie hasta la Autopista y esperar la ruta o seguir al puente peatonal de la Cll. 13 y coger un Centro o el Chico que es la ruta que más lejos nos puede movilizar. Hace un tiempo hicimos una propuesta para que las rutas que van a la capital entre esas Éxito, Av. Boyacá y Centro vinieran al menos hasta el sector conocido como La Y, pero tristemente no fue acogida. Sólo logramos obtener un transporte interno que por $700 lo más que nos moviliza es hasta Olivos. Ahora simplemente gastamos tres pasajes de ida y tres de vuelta y cerca de $7000 u $8000, un costo bastante alto que se podría aprovechar para suplir otras necesidades de las tantas que padecemos”, dijo Alex.

El Medio Ambiente

La Ladrillera Santafé y las industrias procesadoras de carbón se han convertido en las responsables del deterioro de la única calidad de vida que pueden tener los habitantes de Altos de la Florida: la estabilidad de su territorio, la salud y el goce de un aire puro y limpio. Todo gracias a la explotación ilegal e indiscriminada que adelantan allí y que ya ha ocasionado diversos perjuicios a la comunidad.

“Se ha tenido que mandar a cerrar algunas canteras porque han estado excavando sin ninguna contemplación de los requerimientos ambientales para la supervivencia de la misma montaña, corremos el riesgo de que algún día haya un deslizamiento. Los mineros ‘descaradamente’ dicen que nosotros estamos invadiendo la montaña y que no tienen porqué tener esa responsabilidad, que por el contrario nos tenemos que ir… Se están justificando y evaden su responsabilidad”, exclamó Torres.

“Nos sentimos abandonados”

Así y con un aire de zozobra, Alexander resume el sentimiento que lo embarga a él y a sus demás compañeros en Altos de la Florida al ver cómo la presencia del Estado allí se ha vuelto inexistente, por lo cual han llegado a pensar que tan sólo son visto por conveniencia cuando quienes manejan el poder requieren de ellos para lograr sus negros intereses y después desecharlos cuan objeto despreciable en un cesto de basura.

“A nosotros nos han abandonado, lo normal es que en época de elecciones llegue todo el mundo a prometer pero después no vuelven a subir al barrio y tampoco cumplan lo que prometieron en su momento. Debe haber una voluntad decidida de querer mejorar las condiciones de todas las personas, por el lado de la gente creo que tendría toda la solidaridad pero si quienes elegimos no tienen la convicción para arreglar los problemas no podremos llegar a ningún lado, ellos son los responsables de manejar esto. No podemos invertir, si solicitamos servicios públicos o algo así de inmediato nos dicen que no se puede porque somos ilegales. Tenemos un único centro de salud y eso porque fue construido por ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) hace dos años, se quedó en que la Secretaría de Salud debía hacerse cargo pero no se ha puesto en funcionamiento a pesar de que está completamente dotado. Requerimos de un médico pero este no sube hasta acá. Si se han hecho brigadas de salud ha sido porque nosotros mismos las hemos gestionado, de lo contrario…”, recalcó Alexander.

Los ángeles de la guarda

En vista de la negligencia, el desprecio y el abandono con los que se ha azotado a Altos de la Florida, se alcanza a percibir una tenue pero importante luz de esperanza que da la fuerza necesaria para que estos seres puedan encontrar un motivo para continuar esa dura lucha que la vida y el destino les ha impuesto sin saber cómo o porqué y menos sin consultar o ver que estaba en juego. Las únicas dos instituciones que contra todo pronóstico se atrevieron a romper el esquema y atender el llamado a gritos de esas nobles gentes que aún no entienden por qué a ellos y porque las cosas son así: Visión Mundial y Naciones Unidas.

“Gracias a Dios contamos con la presencia de todas las agencias de Naciones Unidas, que sin duda nos han ayudado a lidiar con este karma que la vida nos puso. Recuerdo que en un caso de desalojo que tuvimos, el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) nos colaboró mucho para darle solución al problema, hoy estamos en negociación con los dueños de la tierra para poder lograr que pase a ser de nuestra propiedad. Visión Mundial lleva aproximadamente 8 años e incluso yo soy representante ante la comunidad de este organismo que nos ha ayudado a atender tragedias y calamidades con personas que han fallecido, colaborando con los gastos fúnebres. Adicionalmente nos han entregado mercados, zapatos para los niños y kits escolares para cerca 1500 menores patrocinados que no alcanzan a ser la mitad de todos los que viven acá, pero como existe un fondo común se puede financiar la atención a los demás pequeños, claro está que siempre que podemos hacer un aporte lo hacemos con el mayor de los agrados para no atenernos que nos den beneficencia. Acá no somos así”, concluyó Don Alexander (dicen de así sólo se le llama a los caballeros).

Pasarán varios años antes de que Altos de la Florida renazca para dejar de ser el rincón oscuro y sucio en el desván de Soacha pero lo cierto es que más allá de las dificultades y los agresivos golpes que la vida les dé, sus habitantes se recuperarán para caminar con firmeza en el propósito de encontrar la plena consolidación de todos sus anhelos.

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