Resulta fácil renegar del estado de las zonas verdes, parques, lotes y de las vías públicas en general, todo por el desaseo y mal aspecto que muestran en los diferentes barrios de la ciudad. La verdad pienso que es el resultado de la falta de cultura de nuestros conciudadanos, aunque considero que es más el reflejo de la incapacidad de los gobernantes por no promover y aprobar normas que ‘obliguen’ a cambiar nuestro comportamiento.


Si bien es cierto la falta de civismo es una constante del país, en un municipio como Soacha es más evidente debido a la mezcla y diversidad de culturas, y a la ausencia de normas que conduzcan al ciudadano a respetar al otro, sus espacios y lo que es de todos.

Aquí cada quien se cree dueño de todo, no solo de su vivienda, sino además considera que puede hacer uso libre de los parques, zonas verdes, lotes, andenes… en fin, y todo sin parámetros ni reglas que lo regulen. Pareciera que se entendiera que el espacio público es para hacer lo que a cada uno se le antoje. Claro que me parece más grave aun que las autoridades no hagan nada para evitarlo, y que se deje coger ventaja de ese desorden que en los últimos cinco años ha venido avanzando vertiginosamente en la ciudad de todos y de nadie.

Pero como el tema del espacio público y de la falta de civismo es tan amplio, sólo me voy a referir a la invasión de excrementos de perro en cuanta zona verde y parque exista en la ciudad. A mí personalmente me resulta difícil aceptar que el prado sea para que los dueños o dueñas de mascotas las saquen a hacer sus necesidades orgánicas, sin que se inmuten por ello y mucho menos sin que consigo lleven la famosa bolsita para que recojan ‘las saludes’ de animal y eviten así una contaminación de los poquísimas zonas verdes que hay en la ciudad.

Es común ver en cualquier barrio de Soacha a un niño espontáneo haciéndole caso a sus papás, a una dama en traje deportivo o a un señor elegante, todos llevando su mascota rumbo a la zona verde más aledaña al lugar de residencia. Una persona culta (muy pocas en Soacha) pensaría que es un ejercicio normal en la relación Hombre-animal, y que se trataría de una vuelta a la manzana o de una salidita para desaburrir al pobre perrito. Pero no señores. Aquí estamos hablando de otra cosa.

La ignorancia, la falta de cultura y civismo, y los resultados de la atomización de personas en Soacha, han arrojado como resultado una mezcla de malas y pésimas costumbres, y una serie de comportamientos negativos que se reflejan al exterior de cada uno de los hogares. Casi todo aquel que tiene una mascota cree que el baño del animal y lugar de hacer sus necesidades son las zonas verdes. Sin importarles y pasando por encima de sus vecinos, llevan su mascota donde primero les parezca, incluso puede ser al frente de otra vivienda, y lo inducen a que deje allí sus excrementos.

Y vaya dígale algo. Si alguien se atreve a reclamarle por el mal comportamiento, a cambio recibe un ‘rosario’ de madres o una serie de descalificativos que lo obligan a renunciar a volver a hacer un reclamo de naturaleza similar.

Tras de cotudo con paperas, dicen en mi tierra. Es decir, a pesar de que hace el daño, rompe las reglas de comportamiento y es incívico, se le sale a deber. Y estoy hablando de aquel que lleva la mascotica a hacer sus necesidades y no las recoge.

Ahora. En Soacha se habla de la figura del comparendo ambiental, de multar a todo el que muestre comportamientos que vayan en contra del interés general. Pero me pregunto. ¿Dónde están los resultados de la aplicación de ese comparendo?, ¿Dónde están las estadísticas de las personas sancionadas por romper los parámetros cívicos o ciudadanos contemplados en el decreto 025 de febrero 22 de 2011?

Pues la verdad no las conozco y creo que la única forma de enseñar a los dueños de mascotas a tener un comportamiento responsable con las mismas, es combinar el desarrollo de campañas cívicas y la aplicación severa de las normas. De nada le sirve al presidente de junta, al líder, o a todo aquel ciudadano con principios, promover el buen comportamiento, el civismo, la integración, el respeto, la cultura, el aseo, la armonía y al amor por los animales, si la ignorancia es atrevida y aquellos incultos cuentan con el respaldo de las autoridades.

Recordemos que cuando hago caso omiso y permito ciertos comportamientos, yo también soy culpable. Lo mismo le pasa al Estado, es el responsable del desaseo y contaminación de nuestras zonas verdes porque simplemente le quedó grande aplicar las normas.

Que tristeza y decepción saber que en Soacha las autoridades no se apersonan del problema, que les quedó grande habilitar el coso municipal para que lleven allí a los perros callejeros, que las comparenderas reposan en los escritorios y que no haya voluntad para sancionar a cuanta persona sucia promueva la incultura, el desaseo y la contaminación al ambiente.

En este caso la culpa no es del perro o mascota, el directo responsable es el dueño porque es él el que la saca a hacer sus necesidades, es el dueño el inculto e irresponsable, y es el Estado el que patrocina al no ‘obligar’ a cambiar esos reprochables comportamientos. Por eso fue que un amigo de la JAC dijo: El dueño tuvo la culpa…. No el perro.