Impávidos miramos las cosas que suceden a diario en nuestra querida y golpeada Soacha. Es por eso que propongo a aquellos que sin despeinarse juegan con los destinos de esta urbe con más de medio millón de personas, que como fórmula de salvación se realicen un examen de conciencia ( a fondo) ya que está científicamente comprobado que los comentarios, reproches y desesperadas voces comunitarias no hacen mella en su autoestima, no existe normatividad que los apure, respuestas jurídicas que los asusten, y que por el contrario, en sus descabellados eventos de descomposición política, ambiental, de movilidad, estética, etc., únicamente nos agobia y exacerba a quienes padecemos estos males.


Metodológicamente y para comenzar, es necesario tener en cuenta que este proceso de autocrítica presenta diferencias: si es una reflexión individual o por el contrario es mixta (entiéndase por mixta aquella que tiene como autor material a más de una persona, grupo de personas, instituciones, empresas, etc). Como todo no puede ser malo, tiene como ventaja que es un proceso liberador, expiatorio no oneroso (no exige pagar todo lo que deberían) y en cambio permite como en los más descabellados realities un importante estímulo social: entre más malos mayor reconocimiento.

Una última recomendación: al someterse al proceso auto crítico, es necesario tener en cuenta sí lo que se está haciendo se hace por gusto o por el contrario son las dinámicas fuerzas socioeconómicas que le impelen a actuar de esta manera, lo cual traerá tras la reflexión una mayor o menor propensión al cambio.

Por lo pronto, aporto tres ejemplos de “otros lugares” que bien pueden dar luces a nuestros causantes de tantos males para que no les sea tan difícil comenzar su propio proceso de autocrítica:

  • 1. Causar “paros de transporte” sin el menor asomo de vergüenza, tras someter por años a los pasajeros a imposiciones arbitrarias de ruta, precios, desaseo, incomodidad y maltrato.
  • 2. Permitir a pesar de su misionalidad y/o deber constitucional que literalmente desboronen los cerros de su ciudad, acaben con el medio ambiente, el patrimonio arqueológico y emitan contaminantes que afectan la salud de la comunidad.
  • 3. Que a pesar de usufructuar el espacio público cada día lo devuelvan hecho un basurero.

En fín, eran ejemplos, al fin y al cabo cada cual sabe cuál es su travesura. Como en todo proceso, es inevitable que surjan resistencias y algunos demuestren ser persistentes en su oposición al desarrollo social por encima de los intereses particulares. Sin embargo, la ciudad amenazada, la comunidad cansada estará pendiente de los nobles esfuerzos, sabrá valorarlos y aquí, aunque no pareciera, hay muuuuuuuchas personas como Germán, preocupadas por difundir los buenos valores.