Muchos analistas políticos y comentaristas han acertado en decir que el mayor de los males en Colombia es la guerra; en eso están de acuerdo diferentes sectores de derecha y de izquierda que hoy respaldan la candidatura de Juan Manuel Santos para la reelección presidencial, todos en unísono levantan su voz contra lo que representa el supuesto retorno de Uribe por interpuesta persona al Palacio de Narquiño, perdón Nariño.


Durante toda la campaña, en primera vuelta, parecía un “Todos contra Santos”, pero al ver que en la segunda vuelta la fiera abría nuevamente sus fauces y mostraba sus afilados colmillos, con muy pocas excepciones desde la orilla izquierda como ovejas mansas, los más radicales opositores del Gobierno de Santos depusieron sus odios y sus egos para sumarse en lo que categorizaron como “Frente Amplio Por La Paz”, vieja costumbre de la izquierda de armar estructuras para todo, hasta para pensar un país sin conflicto armado.
Diversos discursos se han escuchado o leído, pues las redes sociales se han convertido en el escenario para agredir a todos aquellos que no están de acuerdo con lo que se dice; convirtiéndose esto en el primer legado que nos dejó incrustado el senador Álvaro Uribe, todo aquel que no estaba de acuerdo con lo que él decía era un potencial terrorista y por eso las chuzadas y persecución a la izquierda.

Es curioso ver la reacción de algunos sectores que se hacen llamar progresistas (filosóficamente) frente a las críticas con respecto a sus posturas en defensa de la reelección de Santos, empiezan a acusar de traidores, siguen con los adjetivos hasta llegar a corruptos, para terminar con un rotundo, “a mi sus argumentos no me importan y no pienso debatir más sobre el tema”; convirtiéndose esto en el segundo legado de Uribe y su régimen de terror, recuerdan cuando el señor senador electo estaba en alguna entrevista y era cuestionado, la única respuesta a su deleznable política era “siguiente pregunta”.

Ahora bien, en lo que respecta a la organización partidista y social, pues lamentablemente también han recibido el legado uribista, convirtiéndose en máquinas aplanadoras de todo aquello que no sea lo hegemónico, es decir nadie puede oponerse a lo que diga el dios de turno. En el caso del movimiento estudiantil, éste adoptó el nefasto modus operandi de las autodefensas que imponían su voluntad a fuego limpio y llevó a los campus universitarios la teoría del terror, si el supremo decide que hay asamblea o paro, se deben cerrar las puertas e impedir que aquellos que quieren recibir sus clases lo hagan libremente; en el caso partidista todas las voces que discutían o se atrevían a refutar las posturas totalitaristas fueron silenciadas, llevando a la mayor escala el legado uribista.

Lo que está en juego en las próximas elecciones para elegir Presidente de la República no es la paz, pues la paz no es firmar un acuerdo con un puñado de guerrilleros, lo que realmente debería estar en juego sería demostrarle a la sociedad colombiana que no todo vale; pero lastimosamente eligiendo a Santos tampoco transformamos eso, pues son claras sus cercanías con los peores representantes de clase política colombiana. Lástima que en este caso el señor Senador Álvaro Uribe Vélez les saca a los colombianos lo peor de sí, los puso a votar por Santos, por miedo. Siendo este el último de sus legados, nos acostumbró a vivir con miedo.