Tal vez llevo un poco más de tres meses sin hacer uso de la columna que, generosamente, me concedió el director de este periódico que circula por todo el mundo y que he podido comprobar, una vez más, en varios países del viejo Continente.


Cuando me proponía elaborar mi columna y apenas la iniciaba, recibí una llamada telefónica de mi tierra y se me contó, someramente, de una nueva y escandalosa intervención que los hampones habían llevado a cabo en la Estación de Servicio Sánchez, llevándose todo el dinero que encontraron en el segundo piso de la edificación, donde laboraban cuatro empleados de la misma, imponiendo la violencia y la matonería, y poniendo en peligro la vida de aquellos que intentaron oponerse a la consumación del delito y, naturalmente, sin la existencia, en el sector, de un solo policía con quien contar.

Manes de mi tierra, dije yo, porque en Soacha no existe la Policía como tal, al servicio de la ciudadanía, cumpliendo las funciones que determina la Ley, y que detenga a los ladrones que deambulan por todos los sitios del Municipio, sino más bien, hablando con ellos, como desde el Concejo Municipal lo denunció el edil Dagoberto Durán, en el debate llevado a cabo sobre la inseguridad, a mediados de octubre del año en curso, cuando expresó, según la reseña en este periódico, al señalar que “hay agentes de la policía que se encargan de contarle a los delincuentes quiénes son los que denuncian”. Esto, en presencia del Personero, La Contralora, el Secretario de Gobierno Municipal y el Coronel Murillo, Comandante de la Policía local, que parece vivir en otro mundo y olvida que Soacha es un paraíso para toda clase de maleantes, ya que al parecer las autoridades han dejado el cumplimiento de sus obligaciones y funciones, y algunos se han resignado a los dictados de la mediocridad y guardan un silencio que al decir de Mounier, es el que “ha llegado a ser insoportable”.

El señor Comandante de la Policía se limitó a mostrar en el Concejo estadísticas y cifras objetadas por algunos concejales, con el argumento que ya no creen nada en ellas, porque es lo mismo con las mismas. El Concejal Andrés Jaramillo no solo mostró su inconformidad con los informes del Coronel Murillo, sino que “calificó de falsas las estadísticas mostradas en cuanto a resultados de operativos, porque, señaló que, la realidad en las calles es otra”.

Con argumentos similares se expresó el edil Wilson Rodríguez y pidió “hacer respetar los derechos de los ciudadanos del Municipio,” y cuestionó las cifras presentadas por Murillo en relación con los operativos de la Policía, pues es todo un cuento. Por su parte, Norberto Cuenca solicitó la renuncia del Secretario de Gobierno. Carlos Ospina dijo lo mismo contra el Coronel Murillo y Héctor Cuesta “llamó la atención sobre el posible negocio de algunos agentes de Tránsito con los dueños de las grúas”.

Hay que recordar aquí que el Coronel Murillo en otras oportunidades, y según este periódico, en materia de inseguridad ha manifestado “que es necesario recuperar los programas de seguridad, por eso se tomó la decisión de retomar el programa de los promotores de seguridad equipando a sus integrantes con el conocimiento por parte de la Policía Nacional, a través de capacitación y medios de comunicación para una mayor reacción, capacitación y participación efectiva. Soacha tiene una problemática grave donde el consumo y venta de droga, ha llegado a unos topes muy altos, es necesario integrar al trinomio perfecto para la seguridad: Administración Municipal, Policía Nacional y comunidad a fin de enfrentar estos problemas”.

En otra ocasión había dicho el Coronel Murillo, según este periódico, en reunión de seguridad que “llegó el FUCUR a Soacha que es una fuerza de control creada para situaciones de orden público en el ambiente urbano, que es personal especializado en el control de la delincuencia, representado por 80 hombres y que por la abundante venta de licores, se tendrá que cerrar a las 10 p.m”.

En conclusión, palabras, palabras. Nada de Fucur, pero sí inseguridad, robos, atracos, venta de drogas, etc.etc. Lo mismo de siempre y repetición de la repetición, porque el señor Murillo vive en otro mundo y la distancia para comunicarse con la realidad es abismal. Por eso sus informes no son más que una permanente repetición, pero ni acción efectiva, ni solución a los problemas que como Comandante de la Policía de Soacha le competen, ni nada de nada, y de sus obligaciones solo le interesa lo fácil. En conclusión, el Coronel Murillo se ha limitado a dar estadísticas y cifras objetadas, con argumentos que ya no cree nadie en ellos, porque son los mismos de siempre, y porque la situación en cuanto a venta de drogas, atracos, robos, etc. etc. es la misma, y su gestión para evitar toda clase de delitos, ha sido totalmente nula y cualquier persona sensata lo puede comprobar con un solo día en Soacha.

El Secretario de Gobierno se limitó a decir que no es funcionario de policía, y quien escribe esta nota agregaría que su respuesta es muy natural, porque a él le interesa más la televisión.

En cuanto al Alcalde, hay que decir que dio un buen paso cuando cumpliendo con sus facultades y obligaciones, llevó a Soacha en dos o tres oportunidades a la Policía Nacional, Departamental y hasta el Ejército, para buscar acabar con la lacra que impera allí. Pero debe buscar la manera de hacerlo nuevamente y con más frecuencia, porque de lo contrario, como dice el adagio popular, es pan para hoy y hambre para mañana.

Usted, señor Alcalde Nemocón, tiene en sus manos la Constitución y la Ley, para terminar con ese cáncer que representa la inseguridad que se adueñó de Soacha y que ya no da tiempo para que se acabe de inmediato, porque cada día que pase sin su debido impulso, dará lugar a que, por la desidia de la Policía, haya que cambiarle al nombre a nuestra tierra, porque daría pena que se llamara Soacha.

Ante la ineficacia de la Policía, señor Alcalde, usted con la traída de efectivos de la Nacional y departamental, lo mismo que efectivos del Ejército, cumplió una función que le compete en el ejercicio de las funciones que le señala la Ley 4a. del 16 de enero de 1991, y debe seguir haciéndolo porque eso le trae tranquilidad a Soacha, porque ve su deseo de mejorar su terrible situación de orden público, con la presencia permanente de toda clase de malhechores y vendedores y consumidores de drogas, que pueden minar la calidad moral de los habitantes de nuestro Soacha..

Y además, que usted como Jefe de Policía, «puede revocar las decisiones tomadas por el Comandante de la Estación en relación con las contravenciones y demás decisiones de su competencia cuando estas sean violatorias de la legalidad o cuando la conveniencia pública lo exija para la conservación y mantenimiento del orden público» (art. 11 Ley 4a de 1991, enero 16), ante la pasividad de la Policía y del bla bla bla de su Comandante, el Coronel Murillo.

Haga, señor Alcalde, con sus actuaciones un homenaje a nuestro benemérito escritor costumbrista Eugenio Díaz Castro y amárrese bien los pantalones con un » REJO DE ENLAZAR » para que asuma las funciones que le precisan la Constitución y las Leyes, y acabe con las promesas y charlas vanas de quienes hablan y hablan pero no cumplen porque no quieren o porque no pueden hacerlo ante su solemne incapacidad demostrada al efecto, y piense que ya no valen los paños de agua tibia, porque lo que se necesita en Soacha es una inmediata cirugía, ya que allá está todo por construir. Demuestre, señor Alcalde que, como dijo un catedrático español, «Hay que dar ejemplo antes de lecciones.»

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