Por negligencia compartida entre el municipio, el urbanizador y la Empresa de Acueducto de Bogotá, las familias residentes en el barrio San Nicolás de la comuna uno de Soacha, aún cancelan el servicio de agua sin contador. La tarifa es demasiado elevada y el manejo de las redes sigue a cargo de quien urbanizó el sector.


San-Nicolás-1-Soacha

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Problemas legales y falta de compromiso por parte de la entidad a cargo del servicio han causado que las más de 2.000 familias residentes en San Nicolás tengan que pagar tarifas exageradas por el servicio, al tiempo que les es imposible aspirar a mejorar las vías y espacios públicos del sector.

Pese a ser un barrio legalmente constituido, San Nicolás recibe la prestación del servicio de agua por parte del Acueducto de Bogotá como si se tratara de un sector ilegal, por tal motivo las casas no tienen contador del servicio y deben pagar sumas que sobrepasan el doble de lo habitual en viviendas de estrato uno y dos, correspondiente al mencionado sector.

“En principio nosotros tuvimos unos pozos de agua subterráneos, pero el preciado líquido estaba muy contaminado en el sector; más adelante se pudo reemplazar ese servicio con la conexión al acueducto de Bogotá. Sin embargo las redes que se pusieron al servicio de la comunidad, quedaron en propiedad del urbanizador”, aclaró Alejandro Peñuela, presidente de la Junta de Acción comunal de San Nicolás.

Al ser las redes propiedad de la persona que vendió los lotes a través de los cuales se urbanizó San Nicolás, ni la comunidad ni el municipio pueden modificarlas con el fin de mejorar y organizar el servicio para los habitantes. De esta forma es que los residentes no han podido acceder a la instalación de los contadores por vivienda y en muchos casos deben conformarse con niveles de presión insuficientes.

La solución del Acueducto de Bogotá para prestar el servicio a los barrios ilegales, como figura San Nicolás en la entidad, es vender bloques de agua a la comunidad y dividir el pago con una cuota fija por familia. El problema es que aproximadamente el 30% de los residentes no pagan por el preciado líquido, razón por la que su consumo recae sobre las personas a las que sí les facturan cada dos meses.

“Las personas que llegan se conectan al servicio del agua, gozan del mismo y no se registra ante el acueducto de Bogotá, por lo tanto no pagan nada. En varias ocasiones se ha pedido a la entidad que haga recorridos con el fin de censar las viviendas y cerrar esta brecha para ajustar las tarifas de quienes sí pagamos, no obstante, aún hay un 30% de viviendas que no pagan por el agua”, destacó Carlos Juárez, residente del sector.

Al ser redes prácticamente intocables, también perjudican y condenan al atraso a la infraestructura vial del sector, ya que para optimizar y mejora las vías es necesario intervenir las redes, no ha sido posible que el barrio aspire a este beneficio. La comunidad asegura que el urbanizador pide que le sean compradas por la alcaldía municipal o la comunidad para que se puedan intervenir.

“Al ser prácticamente privadas, el acueducto no instala los contadores, y seguimos pagando por los demás, y tampoco podemos pedir que se nos mejoren las vías y el espacio público, porque es como si las redes fueran intocables. Con este problema nuestra comunidad quedó condenada al atraso”, concluyó Joel Serpa, habitante de San Nicolás.