Los delincuentes generalmente son habitantes de calle y habilitaron espacios como cuevas para esconder los espejos robados.

A los atracos, hurtos, raponazos y asaltos a negocios y viviendas que suceden a diario en Bogotá, se suma el robo exagerado de espejos de carros y otras autopartes, especialmente en algunas zonas de la capital.

El problema es que, a pesar de la cantidad de casos y denuncias puestas ante las autoridades, el Distrito no hace nada y los delincuentes caminan libremente por ciertas calles de la capital.

Las denuncias coinciden en que generalmente son personas habitantes de calle que, una vez arrancan un espejo u otra parte del carro, como cauchos, farolas, marcas o la tapa del tanque de la gasolina, se dan a la fuga entre los carros y motocicletas.

Uno de los sitios más peligrosos y donde roban espejos a diario es en el canal de la Calle sexta o Comuneros, en la localidad de Mártires, zona que se ha convertido en uno de los puntos preferidos de los ladrones porque se dan a la fuga por el caño que hay en el sector y hasta esconden la mercancía en lugares que ellos mismos han creado y acondicionado.

Los delincuentes aprovechan el semáforo, y una vez se pone en rojo, atacan el vehículo y se fugan con la complicidad de otros habitantes de calle.

Lo preocupante, dicen algunas víctimas, es que los delincuentes son los mismos y siempre se pasean por la zona sin que las autoridades del Distrito los controlen.