Qué bicho le picó a los habitantes de Soacha para haberse volcado de semejante manera a las calles, en la noche del 31 de octubre?. ¿Qué experiencia (moral o religiosa) queda en el niño que para «divertirse» haya usado disfraces de diablos, brujas, muertos, monstruos, vampiros y demás personajes relacionados principalmente con el mal y el ocultismo, sobre todo cuando los mismos medios identifican estos trajes con personajes contrarios a la sana moral, y ni qué decir de la fe y los valores del evangelio (paz, justicia, amor, lealtad, bondad, etc.)?


Bueno. No quiero inmiscuirme en los valores morales de cada uno, ni mucho menos en su vida espiritual ni religiosa, sólo quiero que reflexionemos un poco sobre el comportamiento como padres y madres de familia, y por su puesto la enseñanza que debemos tener frente a nuestros hijos.

En 15 años que llevo viviendo y recorriendo las rústicas y abandonadas calles de la ciudad de Soacha, difícilmente me acuerdo de una fecha que llame tanto la atención para que la gente salga de su casa u oficina, y más con sus hijos , a participar en eventos o hacer alusión a una fecha o celebración.

!Imposible¡…. simplemente se hizo imposible el tránsito peatonal por la carrera séptima, desde la calle 12 hasta la 22. Y qué no decir de la calle 13 entre el parque y la autopista, de la calle 15 de CAFAM hacia arriba, de la avenida 30 en San Mateo, o de las principales vías de Compartir?, etc…,etc.

Una fecha, como la noche del 31 de octubre, es donde uno se da cuenta de la cantidad de gente que vive en Soacha, de la idiosincrasia tan marcada que existe en esta ciudad, de la orientación equivocada que tiene el pueblo colombiano producto de la incidencia mediática, supuestamente dirigida a motivar, incentivar y reactivar un comercio, pero que no mide las consecuencias que esas agresivas campañas genera.

Todos tenemos derecho a disfrazar a nuestros hijos (si es que comparten la idea), a salir con ellos de la mano a pedir dulces, a caminar y montar un plan diferente, o simplemente llevarlos a comer una hamburguesa, un perro caliente, una pizza.. en fin. No estoy cuestionando nada de eso; la invitación es a que reflexionemos sobre la inmensa incidencia de fechas como la del 31 de octubre en nuestras vidas y principalmente en la de nuestros hijos, un día que sin duda está relacionado con lo pagano, con el ocultismo, con la brujería y con muchos otros elementos negativos que, desde mi punto de vista, no valdría la pena hacerle eco, ni mucho menos transmitirlo a las nuevas genraciones.

Pensemos en que a nuestros hijos les podemos dedicar mucho más tiempo en otras fechas y en lugares diferentes a una tienda para pedir dulces baratos y hasta dañinos para su salud, exponiéndolos además a intoxicaciones y peligros propios de la fecha. Recordemos que justamente ese día las sectas satánicas y grupos de magia negra salen al asecho para «arrebatar» a aquellos niños que son descuidados por sus padres,y utilizarlos como símbolo de sacrificio para sus nefastos rituales.

Ahora. Si definitivamente usted es de los que comparte una tradicional fecha como la del sábado anterior, por qué no pensó en disfraces bonitos, llamativos, dedicados al bien y que generen en ellos y ellas una imagen positiva de la fecha?. Un traje de princesa, reina, religiosa, una flor… hay muchísimos, y para los niños un piloto de carreras, un príncipe, un angelito… bueno, solo por mecionar algunos, pero lo que definitivamente los papás sí deberían rechazar son esos trajes diabólicos, horribles, de brujas, muerte, violencia y todo lo relacionado con el paganismo y fuerzas negativas que, aunque usted no lo crea, van repercutiendo en el niño, en su comportamiento y en su personalidad.

Pero una reflexión más profunda aún que ojajá se hagan los padres de familia de Soacha, todos aquellos que salieron la noche del 31 de octubre, es la siguiente: ¿Cuántas noches o días, horas o minutos, diferentes a las de la noche del Halloween, les han dedicado con tanto estusiasmo y esmero a sus hijos?. Habrán compartido una tarde en un parque, en un cine, donde la abuela o la tía, o simplemente en la casa para hacerlos sentir que son importante para uno?

O pensemos aun más lejos, en los valores morales y en la enseñanza que debemos transmitir con resposabilidad y madurez. Será que con ese mismo entusiamo, sacrificio y empeño con que sacamos a nuestros hijos el sábado 31 en la noche, muchos vestidos de fantasmas, muerte, violencia y horror, con ese mismo entusiasmo y ainco promulgamos en ellos el respeto, la disciplina, el amor… y sobre todo… como cristianos que decimos ser (católicos, evangélicos, ortodoxos), con ese mismo entusiasmo y anhelo llevamos y acompañamos a nuestros hijos a una misa cada domingo, a una eucaristía o al culto dominical?. Les dedicamos diez minutos a la semana para leer y compartir un pasaje bíblico, y con ellos entender que todo lo pagano es promovido por las fuerzas del mal?.

A caso, ¿Somos protagonistas y patrocinadores de todo aquello que es atractivo para los jóvenes de hoy?. No quiero mencionar los males que asechan al mundo y que atrapan fácilmente a los jóvenes(todos los sabemos), pero pensemos que como padres somos los responsables de una sociedad llamada a controlar el timón del mundo, y ese barco debe estar en manos de hombres y mujeres llenos de valores, capaces de tomar decisiones y orientados a dirigir y guiar a otras generacionar aun mas vulnerables.

Y termino con una relfexión, respetando creencias y criterios, pero que me parece es acertada en este caso:

Si aceptamos todas estas ideas, y las relativizamos, en «aras de la diversión de los niños», ¿cómo podremos corregir y hacerle ver a nuestros hijos el mal que se esconde detrás de «juegos» como el de la tabla «Huija»(Ouija) que pone en grave peligro su vida espiritual? ¿O qué diremos al joven que durante toda su infancia «jugó» al Halloween, cuando éste visita a los brujos, hechiceros, médiums, y los que leen las cartas, todos éstos contrarios a la fe y a la vida cristiana y a las prohibiciones y condenas de Dios en la Biblia ?

Que pasen un feliz día…