A pesar de que la inseguridad en este barrio de la comuna tres ha disminuido levemente, sigue siendo uno de los factores de preocupación de la comunidad, sumado a la falta de conciencia ciudadana por parte de algunos habitantes que arrojan escombros y basuras en zonas prohibidas.


Hace varios meses este medio visitó el sector de Olivos II y algunos de sus habitantes denunciaron la preocupante situación de inseguridad que se vivía por esos días, a tal punto que los atracos eran cotidianos, afectando principalmente a los conductores del transporte público y a aquellos que distribuyen productos de uso cotidiano entre los habitantes, como víveres y elementos de aseo, entre otros.

Hoy, el problema ya no radica en el atraco a conductores debido a que el paradero del barrio Olivos II fue reubicado y existe una mejor organización por parte de los conductores, lo cual dificulta de manera notable el accionar de los delincuentes. Sin embargo, no todo es color de rosa, la problemática se ha trasladado hacia el parque de la Tingua Tibanica, el cual hace parte del área urbana de la ciudad de Bogotá. Allí, los delincuentes aprovechan que la Policía no puede sobrepasar las zonas limítrofes y se esconden para que no los puedan capturar.

“La Policía de Soacha y Bogotá no pueden interactuar, el ladrón comete una fechoría aquí en el lado de Soacha y la opción que encuentra es salir hacia el lado del parque, porque sabe que la policía de Soacha no lo va a perseguir en la zona de Bogotá, o al contrario, hacen sus atracos en el sector del parque, que pertenece a Bogotá y se resguardan aquí en el barrio”, explicó Mauricio Huertas, habitante del sector.

Además, manifestó que se instaló una alarma comunitaria que se activa gracias a un sistema de control remoto que es controlado desde un teléfono que cuente con línea local. En este momento las alarmas sólo suenan tres veces cuando se activan, pero “a la gente como que le da igual porque cree que están en mantenimiento cada vez que suena y no sale por miedo a perder el tiempo, pero no sabe que de pronto un vecino o un familiar es al que están robando”.

Otro de los problemas que se incrementó en el barrio fue el arrojamiento de escombros por parte de personas inescrupulosas en cualquier calle del barrio. Para contrarrestar los efectos contaminantes, la comunidad propuso reunir fondos y realizar un pasacalle en la vía donde más se presenta el problema, este pasacalle tiene un mensaje que pretende crear conciencia entre las personas que llegan y sin contemplación alguna depositan sus escombros en la zona pública.

“Optamos por colocar una pancarta a ver si los señores carreteros se cohiben un poco para cometer esta infracción, de por sí, se ha notado un efecto grande”, advirtió José Guillermo Mendoza, líder comunal de Olivos II.

“El problema no es sólo nuestro, porque vienen carreteros de Soacha y de Bogotá, aprovechan que es una calle más bien sola para venir a depositar el escombro y salir rápido, entonces pasan prácticamente inadvertidos”, dijo Mercedes Villamizar, aludiendo esta situación como una causa para no poder reportar a los vándalos para que les coloquen un comparendo.

El llamado, más que a las autoridades, se le hace a la misma comunidad para que se concientice y denuncie cualquier tipo de irregularidad en el tema ambiental, para que de manera colectiva se mitigue el daño que unas pocas personas hacen a quienes residen en el barrio.