Era el 21 de abril y en esa misma fecha del año 1.600, en un resguardo indígena, el visitador Luis Enríquez fundó un nuevo pueblo con el nombre de Suacha, en el principado del Reino de los Zipas.


Y naturalmente, en la fecha citada el actual Alcalde dispuso celebrar tal fecha, pues 416 años no se cumplen cada día y porque al parecer vienen cambiando las cosas en mi lejana tierra, con la colaboración de sus hijos y los que ya lo son, desde hace mucho tiempo.

Así, a primera hora de tal día nos dimos a recordar, desde los más de 10.000 kilómetros que nos separan, nuestra niñez y juventud y, como dedujimos, que ya casi alcanzamos la edad de nuestra tierra, quisimos recordar también a nuestro pueblo, a nuestra vida allí y ahora, a gran distancia, a mis compañeros, amigos de siempre y volví a reír como lo hacía allí, con tanta frecuencia, cuando con ellos compartía un café o una cerveza donde “Las Tomasitas”, “San Luis”, “Meco” o el Café de Guáviro, o era día de saborear las exquisitas comidas de Adelina y tantas más.

Y en este momento, precisamente, recordé a mis amigos de siempre y las reuniones con ellos para rajar de Millonarios o aguantar los inaceptables conceptos del partido del domingo con el imprescindible Millos, hasta que el Padre Latas, Benjas o Bombillo nos obligaban a salir en retirada, para entonces encontrarnos con el Bobo Augusto y tener también que escucharlo contándonos la última corrida de Luis Miguel Dominguín que aparecía en una revista española.

Y aquí, entonces, haciendo toda clase de reminiscencias de mi querida Soacha, recordé a todos mis coterráneos como si los tuviera anotados en una libreta de apuntes y me di a reír con los apodos de todos los habitantes de mi tierra, tan bien puestos o tan extraños o inexplicables.

Veamos, entonces, algunos, pero desde ahora damos disculpas a quienes se nos queden por no acordarnos de inmediato de ellos, y agrego que al hacer un análisis detenido y sin la menor duda son mayoría absoluta los animales. Entonces, vean aquí esas brillantes figuras de la zoología soachuna:

Perro Benjas, Perro Sánchez, Gato Gómez, Pajarito Gutiérrez, Toro Garibello, Chigüiro Mayorga, Caballo Gutiérrez, León Díaz, Patojito Vázquez, Mico Hernando, Macaco Monroy, Marranito Serrano, Culebro Escobar, Zorra Rojas, Conejo Bogotá,
Halcón Prieto, Pato Roa, Pato Sánchez, Pato López, Lobo Negro, Caracol Torres, Ave Sánchez, Gorila Escobar, Polilla Correa, Venado Vejarano, Gallinazo Sabogal, Tórtola Gutiérrez, Oso Escobar, Lora Rodríguez, Paloma Rojas, Gorgojo Bello, Tigre Landínez, Armadillo Sabogal, Piojo Blanco, Pulga Sánchez, Chivo Cárdenas, Topo Cantor.

Me queda el Loro Ramírez, a quien también le decían Plumas, pero poco le gustaba, por lo que este humilde servidor le “afrancesó” el apodo haciéndole un símil con el famoso ciclista Loró Fiñó, dejándoselo como Loró Plumí, quien al escucharlo en perfecto francés lo aceptó con gran complacencia y sin reparo alguno.

Sigamos y veamos algunos “Bobos” de los más destacados en nuestra tierra:
Bobo Augusto, Bobo Castillo, Bobo Carrique, Bobo Mangas, Bobo Jaime, Bobo Alfredo y los Bobos Carlos y Jorge Pérez, famosos por promover por muchísimos años la construcción del camino denominado “El Paso del Caballito”. Bobo Abdón, Bobo Cocó Bobo Gustavo, Bobo Luis Hernando, Bobo Zago, Bobo, Calabazas. Otro no era Bobo, sino Chibobo.

Llegamos a los locos que pensamos habían desaparecido, pero descubrimos su pleno apogeo, así: Loco Orlando, Loco Fuerza, Loco Andrés, Loco Arriola. Loco Herrera, Loca Julia, Loca Tulia.

Aquí también hay que decir que existen apodos tan especiales como Tarro, Butaco, Muchilón y Colchones y otros tan raros o inexplicables como Tuchis, Lilío, Firo, Milicar, Fefe, Chachay, Chirri, Meco, Popico, Borolas, Pacorao, Ajumao, Blublus, Tolete, Tego, Chayo, Fífilos, Chazer, Guillitín, Cancica, Torolo, Marrollp, Riviro, Ninica, Tin, Poleisa, Yuyo, Petacos y Hermanos Top. Curioso no?

A todos mis coterráneos les recomiendo que no les teman a los viajes, porque en ninguna parte van a encontrar al Diablo. Es mejor que lleven todo en una bolsa amarrada con una Cabuya o un buen ripio y así estarán más seguros.

Finalmente debo decir cuídenos Señor de la lengua de muchos de los que hemos nombrado aquí, porque bien los conozco y para cerrar, hay que recordar que en nuestra tierra tenemos un noble que de vez en cuando aparece por allí. Se trata nada menos que de Manuel Vázquez, de todos conocido, a quien el antiguo rey de España, en un viaje que hizo a Cartagena de Indias, donde laboraba y en reconocimiento a la lealtad que siempre le ha dispensado, le designó Marqués de Villarraga y Ventorrillo, título del que gozará él y sus descendientes por secula seculorum. Naturalmente, que en su próximo viaje a nuestra tierra, conoceremos su Escudo de Armas y demás pormenores del título, que por ahora es Marqués de Villarraga y Ventorrillo, como ya lo consigné atrás. Y no me vayan a decir que no hay de buenas con sangre azul.

joseignaciogalarza@yahoo.es