La víctima dice que la quemaron con un ‘taser’ hasta que perdió el conocimiento. Le robaron todo, incluyendo el saldo de sus cuentas.

La historia de esta mujer comienza cuando aborda un taxi frente a la estación Museo Nacional de Transmilenio. Dice que el conductor le preguntó la ruta y al decírsela, la repitió con ella en voz alta. Todo parecía normal hasta que en uno de los semáforos de la ruta se subieron dos hombres, uno atrás y otro adelante, en el puesto del copiloto.

Los sujetos, ya dentro del taxi, la intentaron asfixiar para que no gritara, pero como si fuera poco, utilizaron un taser para inmovilizarla. “Yo, en una reacción natural, empecé a gritar y a pedirles que no me hicieran daño, les lancé mi bolso y mi celular, y les dije que cogieran mis pertenencias pero que no me lastimaran, sin embargo, me siguieron insultando y quemando”.

La mujer trató de defenderse moviendo las piernas, pero este hecho enfureció más a los delincuentes, que, sin dudarlo, la golpearon sin clemencia en el rostro. “En ese momento perdí el conocimiento”, sostuvo.

Minutos después abrió los ojos, ya le habían sacado todos sus documentos de la billetera, incluidas las tarjetas débito y crédito, al igual que su celular. A pesar de su estado, le seguían preguntando por los saldos de sus cuentas y las claves de acceso. “Yo les di toda la información. También me di cuenta que un cuarto integrante de la banda llegó en una moto, se quedó en el carro y remplazó a otro que se fue con las tarjetas”.

La mujer duró en poder de los delincuentes alrededor de dos horas, luego de darle vueltas por toda la ciudad; ya cuando confirmaron que todos los retiros estaban hechos, la abandonaron en un barrio desconocido. “Me dijeron que me bajara y que caminara sin mirar atrás”.

Adolorida, golpeada y con heridas en su rostro, caminó hasta que encontró un grupo de trabajadores de una obra vial, quienes le ayudaron y le prestaron un teléfono para que llamara a su familia.  “Uno de ellos me auxilió, me tranquilizó mucho y hasta me trajo una aromática. Siempre le estaré agradecida”.

Finalmente, la mujer cuenta que cuando llegó a la casa, se miró al espejo y se asustó.  “No era yo. Estaba inflamada. Tenía la cara totalmente transformada por los golpes, un ojo cerrado, hemorragias en ambos ojos y dos heridas abiertas”.

Le tuvieron que coger 11 puntos en la ceja para cerrarle las heridas. “Luego de que me tomaron una radiografía, detectaron que tenía una fractura en el hueso malar, debajo de un ojo. Tuvo que pasar la noche y el día siguiente en la clínica, y 23 días de incapacidad por la amarga experiencia que vivió después del paseo millonario del que fue víctima.  

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