En medio de un lugar que se asemeja a un pueblo fantasma, las pocas familias que aún viven en el sector Junín de San Mateo ven como se pasan los días sin que nadie diga o haga algo para responder al gran daño y a todos los perjuicios causados a decenas de familias que compraron sus casas con una falsa esperanza de vivir dignamente.


avenida-30-San-Mateo-Soacha

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Hoy, las ruinas de lo que alguna vez fue un barrio más del casco urbano de Soacha, está convertido en una zona de miseria, que al interior de los predios abandonados oculta el hampa que ronda el sector, sin dejar atrás que los alrededores son utilizados para arrojar los desperdicios y las basuras producidas por otras personas que contaron con mejor suerte que quienes desafortunadamente debieron vivir la pesadilla de haber comprado una casa en el sector Junín:

“La situación es tan delicada que las paredes de las casas están remendadas con cartón, realmente estamos en un problema muy delicado, pues casi todos los que aún vivimos aquí estamos pasando una situación muy difícil. A veces no tenemos ni para comer, la casa está en muy mal estado y a pesar de que hace tiempo que estamos con este problema, todavía no hay quien nos ayude en esto, pues hay muchas personas que vienen y preguntan, uno les responde, pero en realidad no hay nada en concreto”, explicó María Cristina Rodríguez, habitante de Junín.

“La gente de este sector está en un completo abandono, muchos no tienen ningún sustento económico y todos reclaman poder vivir en una casa digna. A lo largo de este tiempo no hemos tenido respuesta de las autoridades municipales, en varias ocasiones nos han dicho que no hay dinero para la reubicación, y por lo tanto no hay alternativa por parte del Estado. Las casas fueron construidas sobre una fuente hídrica, lo cual produjo filtraciones de agua en las viviendas, pues este era un terreno húmedo. Acá no se hicieron los estudios necesarios para viabilizar la construcción de las casas, y resulta que nadie se dio cuenta que los terrenos no eran aptos para construir, sin embargo se otorgaron las licencias de construcción y se desarrolló el proyecto”, expresó Hernán Niño, habitante del sector Junín.

Respecto a lo dicho por Niño, vale la pena mencionar que la gente ha hecho llamados en innumerables ocasiones para que las autoridades asuman responsabilidades en este caso, a fin de hallar soluciones y respuestas a la problemática. Por otra parte, se ha solicitado la intervención de la Alcaldía, la Personería y otras entidades, a fin de atender el clamor de los habitantes de Junín. En la actualidad hay cuatro familias que todavía habitan allí, a merced del riesgo inminente que se cierne sobre ellos.

Es importante recordar que en el año 2009 se realizó la única visita que hasta el momento se ha hecho por parte de algunas autoridades del municipio. En ese entonces el Personero Municipal del momento, Fernando Escobar, estuvo en el lugar en compañía de los secretarios de Infraestructura, Pastor Borda y de Planeación, Ana Delia Abril, que representaban a la Administración del ex Alcalde José Ernesto Martínez.

Los mencionados funcionarios de la Administración Municipal de ese entonces, hicieron una inspección ocular y anunciaron la visita de un Ingeniero para determinar el diagnóstico del estado del barrio, a fin de tomar medidas al respecto. No obstante, a pesar de las buenas intenciones, dicha visita nunca se realizó y desde ese momento nadie más ha regresado a Junín para atender a la comunidad del sector.

“Llevo 28 años viviendo en San Mateo, durante este tiempo he visto muchas anomalías, sumado al incremento de las necesidades de la gente. Los propietarios de estas casas de Junín tuvieron que abandonar sus viviendas, como si los hubieran desterrado a la fuerza, pues no hay forma de vivir allí. Hay unas pocas casas en las que la gente tiene que seguir viviendo porque no ha tenido otra alternativa, además tampoco hay plata para pagar un arriendo, por lo tanto les toca someterse a la vida que deben vivir ahí. Las ruinas hicieron de las casas una miseria, aquí vienen de todas partes, dicen y opinan, pero nunca cumplen su palabra. Para nosotros es riesgoso porque hacemos parte de esta comunidad, y a pesar de que no vivimos en las casas, fácilmente una de estas se puede caer sobre nosotros. Los predios que permanecen desocupados se han vuelto un nido de inseguridad, y eso constituye un riesgo muy grande para nosotros, pues los amigos de lo ajeno se la pasan metidos en esas ruinas, e ingresan a las casas de la gente para llevarse lo poco que tienen”, concluyó José Ibáñez, residente de Junín.

Mientras que los habitantes de Junín siguen esperando soluciones a su problemática, las viviendas ceden cada vez más, y la amenaza crece a medida que el tiempo pasa y las autoridades no actúan al respecto.