No me gusta ir a Bogotá debido al inclemente y tormentoso dolor que se volvió subirse en Transmilenio vía G44, aparte de las 4 horas de tiempo que se pierden, pero como las pasiones pueden más que el sufrimiento, decidí ir al centro de la capital solo para ver “siempre viva”, otra de las importantes películas que nos reabre la consciencia de los desaparecidos del palacio de justicia y como según Cine Colombia los del sur no tenemos derecho a la memoria, nos toca padecer para disfrutar nuestro cine.


Me gustó mucho el trabajo de cámara el cual se realizó en una sola locación, esto me dio la impresión de un falso plano secuencia, sin serlo tal vez por los prolongados tiempos que desarrollaban las elipsis de la historia, los efectos de cámara en las explosiones también muy bien logrados, la fotografía muy fría y lúgubre de esa vieja casa ubicada cerca a la plaza de Bolívar me hizo sentir la humedad de esas viejas paredes. El radio, los cuadros de la casa, el colgadero de ropa, me hicieron sentir la nostalgia de la época.

En principio me concentré en la realización pero en un punto de la historia las sensaciones de angustia y desespero se apoderaron en la sala, pero no solo por la historia de Julieta que desaparece el día de la toma, sino de las historias paralelas que se tejen alrededor de aquel inquilinato.

Por su parte, Carriazo con su inigualable humor negro característico del Dr Mata o de los Reyes, representa al ideal, ávaro e hipócrita agiotista que da prioridad a sus negocios, Andrés Parra hace una actuación regular pero creo que fue una mala escogencia por parte del director porque el actor me mostró a un vulgar machista y perdedor, no denota la metáfora de la nariz de payaso que nos ponemos para tratar de ser felices; sin duda las actuaciones más destacadas las hace Laura García y Laura Ramos que representan las víctimas de esta historia y que revelan lo que puede llegar a hacer la mujer por mantener y respetar su dolor y sus sentimientos.

La película se basó en el libro “La Siempreviva”, de Miguel Torres, pero lo más interesante y destacado de esta, es que su argumento, aunque gira alrededor de los hechos del palacio de justicia, también refleja las problemáticas más sentidas de los colombianos de la cotidianidad de esa época y de la actual, violencia de género, desempleo, machismo, el olvido de las víctimas, la amnesia colectiva de todo un país que como dice el eslogan, “Este no es un país serio”.