La turbulencia política que atrapa al municipio por estos días se ha vuelto normal en las últimas campañas electorales, sin embargo el hecho que en este 2019 las redes sociales estén en auge hace que las posiciones se polaricen y suba la adrenalina hasta llegar a agresiones absurdas.

Cada cuatro años se habla de lo mismo, de invitar a la gente a votar y a elegir a conciencia, incluso muchos repiten el discurso de salvar a Soacha, de no desocupar sus arcas y de administrarla correctamente, pero  a decir verdad ya hay tantos salvadores que uno pensaría que la ciudad llegó al paraíso.

Sin el ánimo de herir susceptibilidades ni llevar la contraria a aquellos que verdaderamente tienen la intención de hacer algo bueno por el municipio, lo grave del asunto es que ya no hay a quien creerle. Los de derecha consideran que se puede continuar con el esquema tradicional de administrar, que tienen la experiencia, el conocimiento y la disposición de intentar reorganizar  una ciudad que ya está desbaratada, y los de izquierda invitan, insisten y motivan a un electorado con el argumento que llegó la hora de cambiar la forma de administrar y de hacer política.  

Las redes sociales se convirtieron en un arma letal para hablar sin piedad del otro, bien sea de una persona, una empresa, un grupo o un partido político. Desgraciadamente estas permiten los denominados “perfiles falsos”, basta con que alguien se registre utilizando  cualquier nombre, logo y/ fotografía para tener  la mejor herramienta que le permita  hablar sin piedad de aquel o aquellos que no le caen bien o piensan distinto.  

Triste realidad esta porque el debate limpio se perdió. Las ideas, los argumentos, la capacidad de diálogo y el temperamento para enfrentar situaciones adversas y resolverlas con respeto desaparecieron. Ya nadie es capaz de mirar al otro y decirle en la cara lo que siente, como nos lo enseñaron nuestros padres y abuelos. Eso ya es del pasado.   

Hoy aquellos que no tienen la capacidad, los argumentos ni el carácter, se valen de las redes sociales para esconderse y  actuar con traición contra sus adversarios. Parecen tigres echados entre el pastizal esperando que pase su presa para lanzarse despiadadamente y atacar.

Cobardes, traicioneros, desleales y de doble moral aquellos que se esconden en un perfil falso para atacar sin piedad a quienes no piensan igual. Por el contrario, valientes y frenteros   los que publican  con su propio nombre y argumentan cada palabra que escriben.

No se pueden aplaudir esos vejámenes que escriben quienes esconden su nombre en un falso perfil. Es cierto que hay funcionarios  y candidatos corruptos que se merecen  el mayor escándalo posible, pero no está bien que se suscite bajo nombres que no existen.

No se puede tolerar que cualquier persona  que haya inscrito su nombre  a uno  de los cargos de elección popular  ya esté siendo tildada de ladrona, corrupta e incapaz, cuando ni siquiera ha tenido la oportunidad de demostrar sus habilidades y destrezas en el cargo al que aspira.  No hay que permitir que por el hecho de que alguien milite en determinado partido político, sea señalado y juzgado como el peor de los delincuentes.

No señores, la guardia no se puede bajar, hay que rechazar todo tipo de agresión verbal que se suscite en las redes, y más cuando se hace sin respeto y sin argumentos. Las redes no se pueden utilizar para agredir, despotricar ni maltratar, deben ser un escenario para el debate de lo público, y cuando se dice debate, su contenido tiene que  ser serio, responsable y bien argumentado.

Si aquellos magos que creen tener la solución  para que Soacha cambie de hoy para mañana tuvieran el carácter de salir a debatir con ideas y argumentos, y no con maltratos, improperios y  agresiones, seguramente la realidad sería otra. Bueno fuera que el debate se diera es escenarios como las cafeterías, las plazas, los parques, los salones comunales, salones de clase, el transporte y hasta los pasillos de edificios y universidades para que cara a cara se intentara buscar salidas a la gran problemática que vive la ciudad, pero mientras persistan aquellos cobardes que sólo son valientes por redes con perfiles falsos,  las cosas empeorarán y este escenario seguirá perdiendo credibilidad.

No es fácil, pero no hay que bajar la guardia. La mejor arma para derrotar a quienes critican despiadadamente es ignorarlos, censurarlos y hacer caso omiso a los mensajes que envían.

Sería excelente  que todos tuviéramos la capacidad de debatir con ideas y argumentos,  y por distancia que haya entre los puntos de vista, se debería  guardar siempre el respeto por el que piensa diferente.  El día que como mujeres y hombres civilizados nos sentemos a deliberar, a escuchar al otro y a intentar convencerlo con inteligencia y sabiduría, quizá podemos hablar del principio de un verdadero cambio. Aquí la razón la pueden tener todos, los de izquierda, los del centro o los de derecha, pero mientras no eliminemos la agresión y la pasión, las cosas permanecerán por años tal y como las conocemos hoy en día.

Por lo menos intentemos bajarle a  la agresión y empecemos a entender que todo se soluciona hablando  y respetando a aquel que piensa diferente. 

Editorial

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