Katherine Andrea Duarte Romero es una talentosa ilustradora y tatuadora bogotana. Es la mayor de seis hermanos, vivió en Suba hasta el 2010, pero cuando tenía 14 años, por temas familiares, se trasladó a Soacha donde culminó sus estudios de bachillerato en el colegio Santa Ana.

Kate, como la conocen sus amigos y conocidos, tiene 26 años. Empezó a descubrir este amor por el arte hace más de cinco años, un proceso que inició probando suerte en otras carreras, como Contaduría y Hotelería y Turismo, que entre risas cuenta que no logró culminarlas y en ambas llegó hasta tercer semestre, en especial porque eran profesiones que no la llenaban, por la rutina, el horario y las exigencias de trabajar y estudiar al mismo tiempo.

Pero fue hasta vivir una experiencia en una empresa durante más de 4 años que descubrió que “no era feliz y no se sentía plena”, y fue así que empezó a dibujar y hacer cursos de dibujo, una pasión que venía desde tiempo atrás cuando de niña dibujaba a personajes animados como Garfield, Tom y Jerry, entre otros, creaciones que conserva su mamá.

Fue así que esta joven empezó a experimentar sensaciones de tranquilidad y relajación al llevar a cabo este tipo de actividades, descubriendo que era lo suyo. Así, inicio un curso de línea y puntillismo en el 2017 con una destacada ilustradora en el país conocida como Muzaloto.

Kate cuenta que para ella lo más difícil de este tipo de arte es desarrollar la creatividad, porque si bien en Google se pueden encontrar miles de diseños y copiarlos, el verdadero reto recae en realizar una creación propia, que logré transmitir sentimientos y emociones.

Al respecto, considera que lastimosamente en los colegios no enseñan a desarrollar la creatividad y que existan espacios de experimentación donde se aprenda a manejar sensaciones como la frustración y el deseo de rendirse.  

En este camino, empezó a surgir su curiosidad por el tatuaje, sin embargo, como ella misma lo afirma, no podría llevarla a cabo si no soltaba la mano, teniendo en cuenta que tatuar es una técnica más del arte

Su proceso formativo en el campo del tatuaje lo inició con un curso de retratos en grafito con Duván Sandoval en el barrio Bosa centro; allí empezó a manejar otro tipo de conceptos, como entender la proporción de un rostro sin necesidad de imprimir y calcar.

Posteriormente, hizo un curso de acrílicos en el barrio Santa Lucía, y así logró adaptarse a la pintura, llego a comprender mucho más de realismo, a dibujar sin tener que copiar y enfocarse más en ilustración. Además, perfeccionó el dibujo en una academia del barrio Galerías. Maneja técnicas como acuarela, acrílico y el grafito, las cuales las utiliza para ilustrar.

Al consultarle a Kate sobre qué debería hacer una persona para ser un buen tatuador, comentó: “Si quieres ser un buen tatuador, debes desarrollar la creatividad y hacerlo en la piel, no en la hoja; si te crees un artista tatuador porque imprimes y haces copia, estás perdiendo el tiempo porque el reto es hacer un diseño que vaya de acuerdo a la personalidad del cliente”.

En este duro camino, Katherine ha recibido el apoyo incondicional de su pareja, quien le ha dado el impulso moral, emocional y económico para ir en busca de sus sueños. Así mismo, su hijo de 1 año y medio ha sido su mayor inspiración. Después de haberse independizado en el año 2017, expresa que ha madurado en muchos aspectos de su personalidad, asumiendo mayores responsabilidades.

En su rol como artista ha identificado varios retos, como conseguir clientes y ganarse la confianza de los mismos, pues hoy en día son más conocedores del tema y así mismo más exigentes. Además, porque cada persona tiene un carácter diferente, y en unos casos resulta complejo conocer con exactitud cuál es el diseño que quieren plasmar en su cuerpo; finalmente, la única referencia que Kate tiene es la que le hacen llegar por medio de fotos o imágenes.

Y es que para Kate este oficio ha significado un cambio trascendental en su vida, porque logra llenarla, llevando a conocer grandes personas y haciendo que sea más humana en aspectos que antes no valoraba. Ella manifiesta que es muy consciente del trabajo que lleva a cabo, y la responsabilidad que tiene al tatuar una piel, o entregar un retrato en pintura o acuarela.

La adaptación al cambio, la dedicación y el respeto al arte son aspectos que considera fundamentales en estos campos, por ello, practica a diario y es consciente que debe dar el 100% a un cliente, lo cual significa una serie de sacrificios y adecuarse a todas las variables.

Cree que algunos estigmas por parte de los clientes frente a las mujeres que tatúan o ilustran deberían romperse, además, esa envidia y egoísmo que existe entre los mismos tatuadores son aspectos que no han permitido que este gremio sea más fuerte y consolidado.

Para Katherine, la pandemia representó una oportunidad de crecimiento y un flujo considerable de clientes. Las redes sociales se han convertido en su canal principal para mostrar su trabajo e interactuar con nuevos clientes, pueden conocer algunas de sus obras en su Facebook o en su cuenta de Instagram

Por último, Kate hace una invitación a esos nuevos artistas, para que se arriesguen y perseveren por lo que sueñan y anhelan; ella es consciente que en Colombia vivir del arte es más difícil de lo normal, pero es fiel creyente de que siempre hay que intentarlo. Al final, ella manifiesta desde su propia vivencia que siempre existe una manera y un modo de alcanzar cada uno de los sueños.

Katherine llevará a cabo un curso de acuarela básica y avanzada, el objetivo es abarcar diferentes conceptos. Será accesible para todas las personas y estarán incluidos los materiales. Busca realizar un curso de dos días, con una intensidad de 6 a 7 horas diarias. Para quienes se encuentren interesados en obtener mayor información acerca de precios y el lugar donde será llevado a cabo, pueden comunicarse al número corporativo de la artista: 3223683401.  

Por Cristhian Cañón