Una constante formación adquieren los asistentes a los talleres de danza de la Casa de la Cultura; rescatar el folclor colombiano, las raíces culturales y aprovechar artísticamente el tiempo libre, es el objetivo de esta escuela que no para de bailar.


Con ritmos de la costa atlántica empiezan la jornada de ensayo los integrantes de la escuela de danzas, el proceso actual que se lleva es el carnaval de Barranquilla donde interpretan ritmos como el congo grande del carnaval, la danza del cien pies del bajo Magdalena, Cumbia, Mapalé y la danza del Garabato.

Cuatro categorías conforman este amplio grupo de danzantes: La pre-infantil, la de los más pequeños, es donde se interactúa por medio del juego pedagógico para enseñarles los pasos y ritmos de la música colombiana.

Pero las categorías que más satisfacción le han dado a su instructora, Viviana Balcázar, es la infantil y la juvenil, la primera trabajó el homenaje a Chespirito en Soacha, donde 40 niños se presentaron en escena realizando una muy buena representación del folclor del municipio, y el grupo de jóvenes que ha asistido a encuentros departamentales, uno de los cuales se realizó en Cogua; también han contado con la fortuna de asistir como invitados al encuentro en Sutatausa, donde se estableció el alto nivel dancístico del municipio.

Siempre han asistido a festivales o encuentros y no a concursos, los primeros buscan rescatar la danza tradicional de cada región y valorar el trabajo de cada grupo; en los concursos la gente va por el puesto y por el premio. “Yo considero que los concursos son valorativos a nivel que haya una formación con la que se pueda competir, nosotros no estamos en la etapa de competir”, es la opinión de Viviana Balcázar.

La última categoría pertenece al adulto mayor, donde hay sólo tres hombres, las demás son mujeres; este es un grupo que merece todo el respeto porque es donde están las raíces y la tradición oral que tanto se ha perdido, no solo en Soacha sino en todo el país, gracias a la americanización que invade la cultura latina. Ellos tienen una danza que no demanda mayor esfuerzo físico, protegiéndolos de lesiones; la danza es una carranga que ha gustado mucho a la comunidad, se llama el “metiche” y cuenta la historia que uno no debe meterse en pelea de marido y mujer.

“Lamentablemente no nos esforzamos por cultivar nuestras raíces, todo lo que viene de afuera nos fascina y se pierde la esencia de la cultura”. Es el esfuerzo por rescatar las tradiciones lo que más motiva a Viviana en el tiempo que lleva de ser folclorista, “crecer con sabor a patria”, expresa.