Algunos lectores de los dos medios de comunicación virtuales que desde Soacha y para el planeta Tierra se difunden, me preguntan porque no di los nombres de quienes se consideraban propietarios de la comarca, habían cohonestado para el desprestigio y judicialización de tres burgomaestres, y seguían mostrándose ante la opinión pública como los más pulcros de la aldea.


Eso no hace falta decirlo, “si a usted le gusta la política tiene que gustarle la historia y la sociología, la psicología social y la clínica, el periodismo y la comunicación, el tinto o el agua aromática, degustados en cualquiera de los costados del Parque Principal, en donde se fortalecen los saberes anteriores; tiene incluso que aprender a identificar a cuanto loco se aventura a creerse que es con plata y para conseguir plata, que se hace el que debiera ser el más noble de los servicios: la política”; les digo, y de paso lo comparto con ustedes amables lectores, de este periódico virtual como es periodismopublico.com dedicado a mantener, informada a nuestra comunidad de lo que nos pasa y de lo que sucede en otros lugares. Medio de comunicación del cual me siento muy agradecido, porque me permite expresar mis conceptos.

Como dijo el contumaz alcoholófilo: “retomemos”.

Tampoco hace falta identificar a quienes consideran que toda coalición es urgente y necesaria en la Soacha de estos tiempos, con el fin de alcanzar el poder. ¡Ah frase la del maestro Echandía!, esa que nos dejara con tanta sabiduría con el fin de que nos remitiéramos a un ejercicio que parece que se llevaron los abuelos: la reflexión. “¿Y el poder para qué?”, sentenció quizá para siempre Don Darío. Y eso que no vivió en este espejo real de un país de lúgubre desesperanza; el cual, cada que canta un gallo, nacen miles de inocentes que tragan entero cuanto le dicen los que hacen de la oratoria su más grande arma para vencer a su ignorancia y estrechar su consabida jáquima; tan parecida a la usada por los equinos, la cual no les permite mirar para los lados, ni siquiera para identificar su vulnerada dignidad.

Sí, hace falta juntar voluntades para sacar a Soacha y a Colombia del estado en que se encuentran. Pero ojo, porque detrás de ese propósito con matiz de diagnóstico o de receta médica, presentada como carnada, está el anzuelo con el que pescan a los incautos, pues su solución es, el que dicha coalición debe ser en torno a su candidatura y para su provecho personal. Es preciso que sopesemos tanto el ánimo con el cual se expresa dicha solución, como hasta cuán transparente pueden resultar los resultados de tales alianzas, si es que éstas se dan.

Aprovecho la oportunidad para acuñar el término con el cual doy título a esta columna, y de paso a todos sus derivados. Porque no solamente existe una Egocracia (modelo o propuesta social de quienes consideran que la sociedad gira en torno suyo, o que el mundo es de ellos y los demás son solamente eso). No obstante, para que ella exista tienen que haber egócratas (ya se escuchan y se leen su salomónicas propuestas), y por supuesto, egófilos (los que gustan de los egócratas, y le siguen con devota pasión), los egómanos (mentirosos, pérfidos y maquiavélicos, que asesoran, financian o dan por hecho que lo viable e ineludible es respaldar la Egocracia y por supuesto a los egócratas.
Bueeeno, volvamos a retomar, repite siempre el beodo.

¿Son necesarias las coaliciones? Claro que son urgentes y obligatorias. Pero… en primera instancia con el elector, que es quien padece por los malos manejos administrativos y quien conoce cuál es la problemática y hasta posible solución del sector al cual pertenece; luego con el equipo de trabajo o con el resto del grupo, quienes deben tener tanto unas mismas visión y misión, iguales objetivos generales y específicos, un similar cronograma, y claro está, una proporcionalidad racional, entre lo que se trabaja y lo que se alcanza, tanto al interior del grupo como con los anhelos populares.

Acá es preciso decir que no ha habido nadie, ni lo hay, ni lo habrá que haya alcanzado el poder por voluntad personal; el poder es la voluntad de aquello que sustenta la democracia, es decir la voluntad colectiva. Entonces, de donde acá que debemos plegarnos a sus apetitos. No. Vamos a construir un proyecto colectivo. Salido de las entrañas de quienes conocen tanto los problemas, como sus posibles respuestas o soluciones; solicitando asesoría a quienes tengan la experiencia o el conocimiento, llámense personas naturales o instituciones. Un movimiento conformado por líderes auténticos, transparentes, solidarios y que sueñen con un bienestar de las mayorías. Hacemos pues un llamado a esos dolientes de Soacha que acaso sin ningún tipo de experiencia, tienen en el servicio a sus comunidades, el norte de sus brújulas. Acompáñennos, súmense en un movimiento cívico que nos muestre ante el resto del país, de forma real; pues acá no solamente existen los vividores de la política y malhechores, sino que hay gente de bien que sueña y trabaja por un mañana en donde nuestros descendientes no se avergüencen de este terruño bendito que bien nos permite sobrevivir. Trabajemos con ahínco por una Soacha productiva, cívica y con identidad.