Cada día me convenzo más de la complejidad de pensamientos que envuelve a nuestra querida ciudad de Soacha, un territorio donde convergen todas las culturas e intereses, y en donde cada quien se cree con el derecho a opinar, cuestionar, criticar, señalar, desprestigiar y acusar, pero realmente son muy pocos los que aportan y contribuyen con ideas, propuestas y proyectos que permitan cambiarle la cara a este pobre y desprestigiado municipio.


El abrebocas de esta columna hace una descripción global del actuar común de buena parte de los habitantes de la ciudad de Soacha, pero la idea es centrarnos en una de esas aristas de la crítica y del señalamiento ciudadano y político: la ocupación del espacio público.

Durante años el espacio público ha sido objeto de crítica y señalamiento ciudadano, tal vez por la negligencia del mismo Estado al no crear unas políticas claras y contundentes que sirvan como herramienta para que los mandatarios actúen con eficiencia. Además hay que tener en cuenta que desde que se aceleró el fenómeno del desplazamiento en Colombia, las calles y parques de las ciudades se inundaron de vendedores con el argumento de la falta de oportunidades y el derecho al trabajo. Claro que también hay que decir que al amparo de los necesitados, se formaron mafias detrás de las ventas ambulantes con el fin de buscar un lucro gigante y explotar a quienes verdaderamente lo necesitan.

Pero independientemente de las causas y aterrizando en las calles del municipio de Soacha, el verdadero problema ha sido la falta de autoridad durante muchos años. No vamos a señalar a un gobierno específico, pero sí hay que asegurar que cada una de las administraciones de los últimos 20 años ha tenido un grado de culpa. Y lo aseguro porque ninguna ha tenido el suficiente carácter para controlar a todos aquellos que encontraron en las calles la forma ideal de ‘ganarse’ la vida, sin importar si el espacio público es de todos y que nadie lo puede ocupar ni lucrarse de algo que no le pertenece.

Sin embargo, poco a poco el problema fue creciendo y a medida que avanzó el tiempo las calles se fueron ocupando de vendedores que se creyeron con el derecho de establecerse en un espacio, sólo con el argumento de que los andenes y parques son de todos y de nadie, sumado al reclamo que era la única posibilidad que tenían de llevar un sustento para sus familias.

Y a lo mejor muchos tuvieron sus razones para ‘adueñarse’ de cada pedazo del espacio público de Soacha. Pero esto no justifica que administración tras administración el problema se dejara avanzar sin autoridad ni ley.

Es cierto que Colombia es, desde hace más de cuarenta años, un país eminentemente urbano. Más del setenta por ciento de su población habita en las ciudades, con el agravante de que la mayor parte de esas personas llegaron del campo y poblaciones pequeñas, con una cultura totalmente diferente en su comportamiento, normas cívicas y convivencia. Y el más fiel reflejo en Soacha.

Y ¿qué hacer entonces? Los ciudadanos exigimos a viva voz un control justo a este problema, más cuando Soacha creció sin planificación alguna que le permitiera contar con grandes y adecuados espacios para el disfrute de los habitantes; parques y zonas de recreo adaptadas y orientadas al deleite de jóvenes, adultos y ancianos; amplios andenes que motivaran a caminar tranquilamente, pero ante todo, faltó voluntad para trazar unas políticas claras que evitaran semejante problema que enfrentamos hoy en todas las comunas, empezando por el parque principal de la ciudad.

Pero bueno. Creo que el problema ya lo tenemos, y bien grande además. Vendedores por doquier son el reflejo de la pésima y prácticamente nula planificación en este sentido que nuestros flamantes gobernantes del pasado nos dejaron; sin embargo, la idea es proponer y enfrentar la cruda realidad, aunque de entrada sabemos que no es nada fácil.

Pero lo triste es que para responder las críticas y el clamor ciudadano, se han venido presentando propuestas, amparadas en la ley, que implican un riesgo y un sacrificio enorme para las autoridades de turno. Es bien sabido que cualquier programa, iniciativa o propuesta que se quiera concretar, ya sea concertada o a la fuerza, involucra a entidades como las Secretarías de Gobierno, Planeación y Salud, la Dirección de Desarrollo Económico, las Inspecciones de Policía y a la misma Policía Nacional. No obstante se analiza con tristeza que la incultura, falta de conciencia ciudadana, ignorancia e intereses politiqueros de algunos, son factores que se han convertido en el cáncer de este problema.

Y me atrevo a afirmarlo porque después de tanta crítica y exigencia ciudadana, que a propósito se hace con toda la razón, hay que reconocer que esta administración ha venido trabajando sigilosamente en el tema, buscando estrategias para que la recuperación del espacio público sea lo menos traumática posible. Pero además les confieso que esta columna salió luego de leer algunas críticas injustas y sin fundamento a la entrevista realizada por este medio al secretario de gobierno, Óscar Giovanny Ramírez, y publicada el pasado jueves 30 de mayo.

Yo les pregunto a esos críticos apasionados, politiqueros y hasta ignorantes, ¿cuál es el fundamento de sus comentarios?, y ¿qué es entonces lo que quieren del espacio público?

Y creo que esto no es nuevo. Aquí en Soacha hay gente dedicada a desestabilizar gobiernos, a cuestionar y criticar sin soportes, solo por el hecho de no simpatizar políticamente con el funcionario o gobernante, o simplemente porque le cae mal, por alguna razón. Y así compañeros, no vamos a llegar a ningún lado. ¿Dónde está el amor por Soacha?, ¿Dónde está la pertenencia y el compromiso por la ciudad?, ¿Dónde están los aportes hacia mi comunidad?… La verdad no los veo por ningún lado. Es más, consideraría que si no hay propuestas, iniciativas o críticas constructivas y con fundamento, harían mejor en quedarse callados.

Yo sé, y a eso me enfrento, que unos cuantos me van a tildar de regalado, vendido o hasta arrodillado, pero es que también es mi deber decir la verdad y llamar a la conciencia ciudadana, especialmente cuando se trata de destruir al otro, sólo porque sí.

Con estas letras no se pretende desafiar a nadie ni mucho menos, pero sí hacer un llamado duro y contundente a la conciencia ciudadana, a la crítica constructiva, a querer a Soacha, a comprometernos con el desarrollo y progreso del municipio y a respaldar las políticas sanas que le sirvan a la ciudad, y por supuesto, a cuestionar y criticar sin tapujos los actos populistas y dañinos, así provengan del gobierno municipal. Pero, repito, esas críticas deben ser soportadas y fundamentadas para que sean creíbles, que no se note que provienen de un sentimiento de rabia y venganza, porque esas letras sólo sirven para destruir.