Lentamente: en Suacha voto blanco

Un momento de lentitud para opinar.
A una semana de elegir nuevo presidente para el país, los candidatos brillan por su retórica y evasivos compromisos a los temas de “la otra Colombia” y me sumo a los cuestionamientos de Luis Fernando Parra en su columna del 15 de mayo de 2014 en la Silla Vacía, donde contundentemente pregunta ¿Qué no se le puede preguntar a los candidatos?


“Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria,
entre la velocidad y el olvido.” (Kundera; 1995)

Y dejando de lado la hipocresía de las alianzas Petro-santistas , las chuzadas extremistas, la política de “Hagamos el amor”, la disfrazada campaña verde que vende la misma mermelada en una lata de sopa diferente y las señoras de la “renovada” oposición, centro la discusión en la pregunta por Suacha en la campaña presidencial.

A pesar de que Suacha pueda representar mil cosas como palabra perdida junto con otras más de mil siento y tantas en el país, yo pregunto a las señoras y señores de la política electoral de la Colombia ¿Qué pasa con Suacha en su visión de país?, acaso ¿Suacha hace parte de esa visión de país que dicen ellas y ellos tener en mente?
En Suacha se sucede el transtorno, mi ciudad de lo roto, del polvo abrasivo, de las casas partidas, del agua seca y vendida por otros, del camino de piedras y balas, ciudad de caras cansadas y transmilenios chiquitos, ciudad de susto y abrazo, ciudad de títeres y alcaldes zombis, ciudad de carros, camiones, buses de alcalde y tractomulas atravesadas en la autopista, ciudad de colores sepia, ciudad de colores grises, ciudad de amarillos, verdes, azules y rojos, ciudad de almojábana y chicha, ciudad de perros, de gatos, de ratas y cucarachas, ciudad sin ciudad, ciudad sin territorio, sin concejales, sin plata, sin trabajo, sin decencia, sin respeto, con muchas casas (chiquitas) baratas y regaladas, ciudad con noche y día, ciudad pérdida, ciudad pueblito, ciudad suachita, ciudad de tejas de zinc y sangre en paredes, ciudad de barro, ciudad de escondites y escondidos, ciudad de sudor, ciudad de olores y sin memoria, ciudad de lágrimas y de papás y mamás (menores de edad), ciudad metal, ciudad rap, ciudad con lagunas, ciudad violada, ciudad castrada, robada, orinada, cagada.

No huelo la Suacha en sus discursos señoras y señores, no huelo la Suacha en los proyectos de país, no huelo la Suacha en sus comidas ostentosas de cierre de campaña, no huelo la Suacha en sus comerciales de televisión. La Suacha anda por ahí, suelta de la mano de la señora Colombia, anda por ahí rota, llorona y sin voz, colgada de la nada, recibiendo las sobras de políticas nacionales, de programas pacificadores, de áreas metropolitanas de mermelada, de problemas nacionalmente aberrantes. La Suacha me suena cajoncito de mago, metes las manos y te salen micos, concejos, lechugas y tomates podridos.

No hay respuesta, ante ese silencio balasivo VOTO BLANCO. Voto por el primero que me diga que Suacha será una ciudad de avanzada, grande, con voz y grito, con asiento , con mano arriba, pero no soy sencillo de convencer y he buscado la Suacha en sus baratas palabras, no se encuentra, no se halla, mi voto vale mucho para ponerle precio, por eso BLANCO.

Invitación lenta: Todas y todos vamos al VOTO BLANCO el 25 de mayo de 2014, dejemos de sacar la basura el día de elecciones, y saquemos el BLANCO, que se sume en las urnas, que se vea que Suacha sí pesa para el país, que se oiga por Colombia que Suacha pone el BLANCO que le falta a la paz que se construye desde los asientos. No vayamos tan rápido. Sentados, en el desayuno, recordemos, lentamente.

Siga a Periodismo Público en Google News. Suscríbase a nuestro canal de Whatsapp