Poner los «cachos» no es sólo cuestión hormonal, hay quienes aseguran que tiene beneficios terapéuticos, otros más están totalmente en contra de la infidelidad.


Las psicólogas colombianas María Isabel Navia,Carmen Elvira Navia, Evelyn Peckel, recientemente publicaron el libro Infidelidad, pesadilla y pasión, la publicación surge después de una interesante investigación en donde las autoras analizan el papel de los involucrados en el triángulo amoroso: traicionado(a), infiel y amante.

Del tema se habla mucho, pero ninguno de los entrevistados por las investigadoras lo define claramente. ¿Es infidelidad salir frecuentemente con una persona que no sea la pareja? ¿El hecho de pensar eróticamente en otra persona es infidelidad? ¿Si no hay sexo, no hay infidelidad?

Existen factores biológicos de carácter hormonal que acrecientan la infidelidad, las mujeres con alta presencia de estradiol y hombres con alta testosterona, son proclives a ser más infieles. Sin embargo, la existencia de agentes psicológicos y socioculturales son más fuertes. Hombres y actualmente gran cantidad de mujeres incurren a la infidelidad por diferentes razones.

No existe la última palabra en el tema, entre algunos datos las investigadores encontraron que:

-Es una enfermedad psicológica para algunas personas, quienes padecen el síndrome de «Don Juan», se traduce en la necesidad de reafirmar el autoestima mediante el reconocimiento y la admiración que se encuentra en cada nueva «conquista».
-Se genera frente a la necesidad humana de conocimiento de lo otro, especialmente cuando aparece desilusión, rutina, latino difícil expresión de deseos y cosas que no se es capaz de vivir en la relación de pareja.
-Es un respiro frente a relación que ahoga.
-La infidelidad no tiene que ver con la edad, sino con el momento que está viviendo la pareja.
-Si el infiel no está actuando por venganza, se caracteriza por sentimientos de culpa, rencor y remordimiento.

Finalmente la fidelidad es un acto de convicción, se reafirma a partir de la autoestima de cada uno de los integrantes de la pareja estable. Desde estar físicamente agradable para el otro, hasta sentirse tranquilo con sigo mismo. Exige creatividad, aventura, riesgo, fantasía y por supuesto una constante comunicación con el otro. Las investigadoras sugieren más que un esposo(a) se requiere un «compinche».

Curiosamente las autoras afirman que la mayor parte de las personas, prefieren tener una pareja estable, ya que da seguridad, estabilidad e incluso estatus en algunos círculos sociales.