Por Hernán Alejandro Olano García.

En 2021 se celebran atípicamente los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, y este año conmemoramos dos efemérides: en primer lugar, que hace 91 años participó por primera vez un colombiano en una olimpiada, y segundo, que el 29 de diciembre próximo se cumplen 75 años de su muerte.

Los “Juegos Olímpicos de verano”, como también se le conoce al evento inventado por el Barón Pierre Fredy de Coubertin, sólo eran los de uno de los grandes santuarios panhelénicos: Olimpia, Delfos, Corinto y Nemea, donde se practicaban: En Olimpia los Juegos Olímpicos, celebrados en honor de Zeus cada cuatro años; en Delfos, los Juegos Píticos dedicados a Apolo y celebrados cada cuatro años entre dos celebraciones olímpicas; en Corinto los Juegos Ítsmicos, celebrados cada dos años en honor de Poseidón y, en Nemea, los Juegos Nemeos, cada dos años y dedicados a Zeus.

Colombia, con la excepción de Helsinki 1952, nunca ha dejado de participar en estas justas de la concordia y la unidad, por eso, ya en la antigua Grecia, los Juegos eran sagrados y todo tipo de acción bélica estaba prohibida durante la semana que duraban las competencias.

Nuestro primer atleta fue don Jorge Perry Villate, conocido como “El Adelantado” y “El primer solitario”, nacido en Samacá, Boyacá, bachiller del Colegio de Boyacá e hijo de los esposos Alfredo Perry Bray, quien nació en Pacho, Cundinamarca (hijo del matrimonio realizado en 1837 entre Martín Perry Rohitmore, oriundo de Bilston,  condado de Wolverhampton, Inglaterra, y Mariana Bray de Birmingham, quienes habían llegado a Colombia para fundar la Sidedurgica de Pacho), y de Lola Villate, española, quienes llegaron al Valle de Samacá, a finales del siglo XIX, invitados por el presidente del Estado Soberano de Boyacá, José Eusebio Otálora, para instalar, con otros dos hermanos Perry, una primera siderúrgica, conocida como la “Ferrería de Samacá”, fundada en 1885 y una fábrica de hilados y tejidos “La Samacá”,  y a la explotación de minas de carbón.

El 30 de julio de 1932, Jorge Perry Villate desfiló en la ceremonia inaugural de los X Juegos Olímpicos Modernos, en el estadio olímpico de Los Ángeles, con el tricolor de Colombia, cuando aún nuestro país no contaba con representación ante el Comité Olímpico Internacional – COI, lo cual se lograría solo hasta 1936, año en el cual se desarrollaron los juegos en Berlín, dándose el mítico triunfo del atleta afronorteamericano Jesse Owens y donde José “El Perro” Sánchez sería nuestro primer abanderado oficial.

Perry Villate, rubio, de 173 cm de estatura, nacido en 1910, fue el pionero de tantos que le han dado gloria a nuestro país con medallas olímpicas y diplomas olímpicos, así él no hubiese obtenido lugar en el podio de los ganadores, pues participando en la maratón de 30 Km., se retiró exhausto luego de haber recorrido la tercera parte de la prueba, pero recibió la medalla del Mérito Olímpico.

En 1933, por medio del Decreto 061 de enero 14, firmado por el presidente Enrique Olaya Herrera, fue nombrado Vicecónsul de Colombia en Los Ángeles, cargo que desempeñó durante dos años, con un salario mensual de 25 dólares. Por su “pinta” y galanura, enamoró a Raquel de los Ríos, hija del cónsul de Chile en esa ciudad, con quien alcanzó a hacer planes de matrimonio, pero ella fallecería repentinamente.

‘Mister’ Perry fue instructor de Educación Física del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, donde tuvo como alumno a Gabriel García Márquez. En una nota aparecida en El Tiempo, el 23 de noviembre de 1942, se le reseña como una autoridad en la enseñanza de la educación física y se añadía: “Es indispensable y necesario desarrollar una activa campaña para popularizar la práctica de la educación física en los colegios de fuera de Bogotá. Es muy poco lo que en este sentido se hace en provincias y generalmente esa labor es obra exclusiva de los profesores”.

Antes de ejercer la docencia gimnástica, Perry trabajó como oficinista en los Ferrocarriles Nacionales de Colombia. En Bogotá lo recordaban, pues siendo muy alto para la época, vestía con pantaloneta y camiseta de color blanco, para practicar atletismo en las madrugadas, desafiando el frío capitalino.

Dentro de sus hazañas se cuenta el haber organizado en el Gimnasio Moderno de Bogotá el primer partido de fútbol americano que se jugó en Colombia.

En 1937 abandonó el atletismo y se vinculó a la práctica del fútbol. Luego, en 1938, como Boy Scout viajó a Alemania y se enroló en las Juventudes Nazis, lo cual luego justificaba con que eso le daba disciplina y le fortalecía físicamente.

El 21 de diciembre de 1946, cuando se dirigía en su motocicleta hacia su pueblo, Samacá, para celebrar la Navidad con su familia, sufrió un desmayo en la carretera y, luego de llevarlo a su finca empeoró, con lo cual lo tuvieron que trasladar a Bogotá, al Hospital de San José, donde falleció aquejado de una fuerte neumonía.