Otra tregua navideña tendremos que pedir. Esta vez al Alcalde de Bogotá. Porque los acontecimientos de los últimos días demuestran que Petro no tiene sosiego. No ha terminado de resolver la crisis por el servicio de aseo y ya abrió otro “frente de batalla”, para usar sus propias palabras, por el tramo de 1.5 kilómetros que hacen falta para llevar el Transmilenio hasta el aeropuerto Eldorado.


La cadena de improvisaciones en materia de aseo no tiene nombre. En marzo declaró una urgencia manifiesta para contratar a dedo a los cuatro operadores que monopolizan el servicio desde hace más de 20 años. Los mismos que hoy descalifica por tener nexos con mafias y paramilitares. Y ante la incapacidad para estructurar una licitación que la Ley obliga, ha incurrido en una sucesión de equivocaciones e ilegalidades que tienen a la ciudad en vilo. Me dirán que es una justa batalla contra los empresarios que se han enriquecido con las tarifas que hemos pagado los usuarios. Aunque esa justeza no es patente de corso para la improvisación y la ilegalidad. Pero lo que resulta inexplicable es la negligencia deliberada para licitar el tramo de Transmilenio hasta el aeropuerto. Porque esta obra es financiada totalmente por la nación con los recursos liberados del liquidado contrato del “Transmilenio Ligero por la Séptima”. Porque es un compromiso mutuo entre el Alcalde y el presidente Santos con la ciudad. Y porque los reparos que hoy hace el IDU corresponden a responsabilidades del propio Distrito. O podrían ser cargados al contratista que finalmente haga la obra.

Tengo la impresión que el Alcalde sobre politiza su agenda gubernativa. Que abusa de la racionalidad política. Y que desestima la gerencia. Justo es reconocerle a Petro su vocación transformadora, pero su ímpetu reformista se diluye en el trayecto entre sus ideas y la acción concreta de gobierno. Y ocurre casi siempre que sus decisiones terminan en contravía a sus propósitos. Ofrecer un tranvía bonito para los estratos altos que habitan sobre la carrera séptima y un transmilenio degradado por la Boyacá para los estratos más pobres, por ejemplo, es el contra paradigma a una izquierda que busca reducir la segregación sociespacial. O decretar una reducción general de la tarifa de Transmilenio que beneficia por igual a estratos altos y bajos, sin una renegociación de los contratos de operación que cargue dicha reducción a los operadores, además de poner en riesgo las finanzas de la ciudad representa un subsidio por igual para ricos y pobres que usen el sistema.

Petro tiene una mediación problemática entre lo que quiere hacer y la manera como lo hace. Debe entender que ideario de izquierda y buen gobierno no son incompatibles. Aunque parezca paradójico por provenir de un presidente conservador, al Alcalde seguramente hay que pedirle lo que propuso Rafael Reyes a comienzos del siglo pasado: “Menos política y mas administración”. Por lo pronto, el Presidente podría lograr del Alcalde, este lunes que se reúnen, un cese de sus hostilidades. Así sea por la navidad y el año nuevo.