Para iniciar, vale la pena destacar y aplaudir los acontecimientos que han venido siendo protagonistas de las principales noticias en los últimos días: las marchas pacíficas y multitudinarias que se presentaron en casi todas las ciudades del país desde el ya histórico jueves 21 de noviembre (21N), y las consiguientes jornadas de cacerolazos que en su mayoría se llevan a cabo en las noches. Manifestaciones que han sido opacadas por algunos hechos de violencia perpetrados por vándalos y algunos agentes de la fuerza pública.

Dichas manifestaciones se presentan porque el gobierno Duque ha desoído el clamor de muchos sectores de la sociedad que piden una presencia constante del Estado para atender a la aguda crisis que se cierne sobre el país; crisis que se manifiesta en el ámbito de la creciente inseguridad, la falta de garantías de los derechos humanos hacia diferentes comunidades de diversas regiones del país, el aumento del desempleo, y una serie de impactos sociales y políticos que no se podrían nombrar aquí por ser muy extensos, pero que a todas luces generan la sensación de un retroceso o caos.

Muchos votaron por Duque con el supuesto de evitar la repetición de un panorama como el que afronta Venezuela, pero lo cierto es que el país no se encuentra en una tranquila atmósfera en la que la paz y justicia rijan a la sociedad, eso se percibe, por ejemplo, en los altos niveles de desaprobación que afronta el gobierno actual, argumento que se apoya en sondeos de encuestadoras en cuyos estudios la popularidad de Duque cae, y que incluso copartidarios suyos han hecho las propias criticas.

Este es el gobierno en el que: los acuerdos de paz se han venido incumpliendo intencionalmente, ejecutándose de forma lenta. Reformas pensionales y salariales que bajo sofismas esconden un futuro desesperanzador para trabajadores y personas próximas a pensionarse. Asesinato sistemático de líderes sociales miembros de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. En síntesis el horizonte que se vislumbra es angustiante, por tanto, cada vez son más las voces de indignación que se oponen a las políticas retardatarias de Duque y su séquito. Por todo lo anterior, es urgentemente necesario que el presidente no siga identificándose por su indiferencia o negativa a reunirse con los líderes de aquellos sectores sociales que han sido fuertemente vulnerados en lo que va de su mandato, pues de lo contrario en estos años de gobierno seguirán las manifestaciones y todo tipo de acciones que se materializan en el descontento general que hay en su pésima gestión como máximo gobernante, claramente esto propiciará un constante desgaste para todos.

Hobsbawm de forma contundente afirmaba que “se puede gobernar contra todo el pueblo por algún tiempo, y contra alguna parte del pueblo todo el tiempo, pero no contra todo el pueblo todo el tiempo” quizás el pueblo se cansó de la falta de diálogo y de un buen gobierno por parte de Duque, la gente pide un cambio urgente en el que el país real sea visibilizado y atendido en sus requerimientos más urgentes. El mismo autor, propone que “Las políticas de las autoridades deberían tomar en cuenta lo que le pueblo, o al menos la mayoría de los ciudadanos quiere o rechaza, aun en el caso de que su propósito no sea el de reflejar los deseos del pueblo”. Es así que este mandatario que ha batido record de impopularidad en tan corto tiempo de gestión debe propiciar consensos y reformas estructurales que mejoren las condiciones de bienestar de la población, asunto que parece poco realizable teniendo en cuenta el direccionamiento ideológico que le han trazado a Duque. Necesitamos un cambio.

Julio Guasca