El Siguiente artículo no obedece al pensamiento propio de periodismopublico.com. Se trata de un escrito que llegó a nuestro correo y que publicamos porque consideramos que contiene un alto contenido de reflexión frente al contexto político y electoral de Soacha. Agradezco de antemano al señor Angel Humberto Tarquino por creer en este nuevo proyecto, y por contribuir al desarrollo del municipio de Soacha.

El Director


Pacto por Soacha

La presente reflexión que propongo a los ciudadanos de Soacha la hago como ciudadano, como soachuno raizal, como maestro, como sociólogo, como demócrata, preocupado por el lamentable estado de postración, atraso y pobreza en el que se encuentra sumido nuestro municipio, resultado de los pocos aciertos y de la gran cantidad de desaciertos en la gestión de gobierno adelantada por los distintos actores políticos a lo largo de los últimos 25 años.
Con espíritu de dialogo propongo realizar acercamientos, explorar posibilidades que conduzcan a un acuerdo, a un pacto por Soacha entre las fuerzas políticas democráticas que hoy tienen presencia en el municipio.

Mi propuesta obedece fundamentalmente a una permanente preocupación por el presente y el futuro de nuestro municipio, es decir por el futuro de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, es decir por el futuro del país, el cual, no sin cierta ironía y para desgracia nuestra, Soacha es su mejor síntesis, su mejor ejemplo.

Considero necesario comenzar por precisar que nuestras divergencias políticas no son en modo alguno de naturaleza antagónica o de clase, más aún, esas divergencias, por su naturaleza, corresponden más al plano de la ideología, que, querámoslo o no, se ha encargado de ir radicalizando las posiciones de los actores políticos locales en detrimento del desarrollo, el progreso y el bienestar general de nuestros ciudadanos.

El atraso político entre otras razones dio lugar a que este enfrentamiento entre los hijos de Soacha asumiera connotaciones personales más que políticas y tengo la certeza que esta confrontación tiende a convertirse cada día en una especie de lucha fratricida entre los suachunos por las migajas que han caído de la mesa de todas las administraciones, y para que aquellas y la oposición, perdiendo de vista mejores horizontes, se encarnizaran en un lucha sin cuartel.

Toda la problemática que hoy agobia a nuestros ciudadanos no es resultado exclusivamente de las dificultades, de las deficiencias o de los pocos aciertos en la gestión de gobierno de todas las administraciones, ellas sólo han contribuido a profundizar la crisis. Las dificultades, pasadas y presentes, la pobreza, el atraso, la postración y miseria en la que hoy viven nuestros ciudadanos, es producto de la crisis estructural del Estado colombiano, propia del modelo actual de desarrollo neoliberal impuesto desde fuera.

El país, como ustedes bien lo saben, siempre ha estado subordinado por obra y gracia de la clase política nacional a los intereses norteamericanos y nuestra clase política local ha estado subordinada a los intereses de quienes históricamente han detentado el poder nacional. Quiero decir con lo anterior que el liderazgo político local, en lugar de intentar realizar esfuerzos producto del consenso, de un pacto, de un acuerdo fundamental, orientado a la conquista de espacios importantes en los más altos niveles del estado, se ha enfrascado en una confrontación esencialmente local y personal, subordinando los anhelos, los sueños y aspiraciones de los ciudadanos a esta lucha por el poder sin sentido y mucho menos sin futuro.

Extrañamente hemos entrado en un laberinto sin salida del cual sólo será posible salir a partir de converger en un gran acuerdo, en un gran pacto por Soacha, y sólo ello será posible cuando desarmemos nuestros espíritus del resentimiento, cuando la humildad y la capacidad de sacrificio así como nuestros actos y compromisos estén depurados de ambiciones personales o partidistas.

No es acaso irónico para nosotros y motivo de risa para la clase política nacional que Soacha sea sólo un deposito de votos incautos para que en cada coyuntura electoral el oportunismo venga a invocar el apoyo de los ciudadanos de Soacha con la eterna promesa que ese apoyo se traduciría en recursos para el desarrollo? Y en esa situación no hay excepciones. Todos han obrado igual.
Hemos estado históricamente subordinados al poder nacional pudiendo ser parte de ese poder, no para sojuzgar y explotar a los necesitados, sino para mejorar justamente esa indigna condición de pobreza de nuestros ciudadanos; nos hemos acostumbrado a que nos impongan centenariamente gobernantes y representantes en las instancias legislativas departamental y nacional priorizando sus intereses personales y regionales mirando con arrogancia y desdén a Soacha.

Es acaso una utopía o un sueño frustrado pensar que la fuerza política y electoral que representa Soacha, a partir de un acuerdo, de un pacto, nos permita el acceso al poder?, que Soacha sea en adelante quien elija entre sus mejores ciudadanos los futuros gobernadores, para que ejerza una influencia definitiva en la asamblea departamental donde se abran espacios de trabajo para nuestros ciudadanos y se conquisten recursos para el progreso y el bienestar general de nuestro municipio?