Esta sentencia bíblica nos sirve para significar el absoluto asombro que como ciudadanos sentimos al ver y padecer las denominadas obras de Transmilenio, que avanzan paquidérmicamente en Soacha, al parecer sin los molestos obstáculos de inspección y vigilancia de una interventoria de obra civil o Contraloría, en fin.

Esta obra nos ofrece una verdadera complicación de movilidad cuando llueve, a cambio se observan auténticas cascadas de agua, que caen de un nivel al otro de la Autopista Sur a la altura del sector de la Despensa y verdaderos espejos de agua en el sector del León Trece, o de Unisur a Terreros, que como se advierte no permiten el pacifico y adecuado traslado de los vehículos y se hace necesario la presencia de retroexcavadoras, bomberos etc, para que fluya el depósito pluvial, convirtiéndose así el tránsito por este sector en una verdadera odisea; me refiero al paso de Bosa a Soacha y viceversa.

Ya acostumbrados al trancón, en esta eventualidad debemos sumar ahora la decisión de si sumergir el vehículo en el espejo de agua, a la espera de no encontrar un hueco profundo donde quedar atascados o esperar que pase uno a uno, los cientos de vehículos que circulan por el estrecho margen de vía sin agua como ocurrió anoche, visible con las luces de los carros, margen que queda en algún recodo del lacustre camino que se nos pone por delante en el momento en que se presenta la lluvia, situación que de inmediato acrecienta el atasco vehicular, esto sin menospreciar el malestar de los vecinos que tienen sus hogares al pie de la obra, pues allí, deben prepararse para la inundación, dado que a partir del momento de la caída de las aguas lluvias, las vías se transforman en alcantarillas a cielo abierto.

Quizá estemos a tiempo y no tengamos que acostumbrarnos al pintoresco tema de los arroyos como en Barranquilla, ciudad de los afectos del Grupo Nulle, arroyos que se forman al construir vías que carecen de verdaderos estudios y construcción de un alcantarillado pluvial.

Pueda ser que cuando nos entreguen la otra obra, el metrocable (cazucable), desde lo alto no tengamos que apreciar dudoso valor turístico de no recoger las aguas lluvias en el sistema de alcantarillado y como en la canción del Joe Arroyo, apreciar “los barcos (carros) en la bahía” y desde lo alto observar los espejos de agua y arroyos que se formen naturalmente con la lluvia.