A pesar de lo que ha sostenido el director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, CAR, Néstor Franco, sobre las extrañas muertes de animales, las evidencias demuestran que el fenómeno no es tan simple como lo quieren hacer ver.


La criatura que tiene asediados a los ganaderos y demás habitantes del Valle de Ubaté y Chiquinquirá sigue haciendo de las suyas sin que las autoridades hagan algo para evitarlo.

Desde que comenzaron los primeros ataques hace 9 meses en diciembre del año pasado, ninguna entidad estatal ha hecho algo para detener a la bestia que sigue causando la muerte a cientos de semovientes.

Solamente la semana pasada, una vaca y un lote de ovejas murieron con heridas extrañas, y esta semana otros ovinos también sufrieron ataques.

Sobre el tema, la respuesta de la CAR fue la misma desde el inicio y así lo expresó el director de la CAR, Néstor Franco González, en diálogo con Contexto ganadero el pasado 30 de junio:

“Lo que tenemos físicamente para cotejar, esto es, el tipo de mordida, la frecuencia, las condiciones en que se dan los ataques, el hecho de que los animales no son usados para su consumo, únicamente nos permite explicarlo bajo la hipótesis de que son perros ferales”.

2 meses después, en agosto, la CAR publicó un vídeo donde efectivamente se vio a una jauría de perros que merodeaba por sitios cercanos a los ataques. Con esta publicación, la Corporación dio por zanjado el asunto.

Sin embargo, hasta el día de hoy los ataques continúan. Por esta razón, los ganaderos y profesionales de la zona se han sentido solos en la lucha para determinar la causa de los ataques.

Esto llevó a que varios médicos veterinarios decidieran formar una mesa de trabajo entre funcionarios de la CAR, las Secretarías de Salud y de Desarrollo Agropecuario departamentales, las Epsagros e investigadores de universidades para determinar las causas detrás de este problema.

Para ello fueron instaladas varias cámaras de última tecnología con sensores de movimiento y visión nocturna en aquellas zonas donde habían aparecido semovientes muertos para detectar cuál es el animal que está causando los daños.

Esto debido a que se ha comprobado que la criatura vuelve a atacar en los mismos sitios donde ha estado una o 2 semanas después de cometer el primer asalto.

Sin embargo, el corto rango de los instrumentos no registró ninguna imagen concluyente y por eso la mesa aún continúa trabajando. En una reunión que se llevó a cabo el pasado martes 6 de septiembre, los investigadores elaboraron un plan de acción para tratar de reaccionar de forma más inmediata ante cualquier alerta.

En esta misma reunión, fuentes consultadas por Contexto Ganadero aseguraron que los biólogos enviados por la CAR tuvieron que admitir que la hipótesis de los perros ferales debía ser descartada.

“(Los funcionarios de la CAR) tienen que retractarse porque los perros son la especie más descartada. ¿Cómo un perro mata a otro o a un animal más grande de la forma como los han atacado, cómo un perro chupa sangre, por qué no ataca vísceras blancas?”, aseguró una persona afectada por los ataques.

Asimismo, un médico veterinario que ha atendido predios con bovinos afectados coincidió con la apreciación de esta persona y señaló que no aceptaba la hipótesis de la CAR.

“No me convence que sea una jauría de perros como mostró la CAR, ellos no pueden generalizar y me parece que se fueron por la respuesta más fácil. Pusieron unas cámaras donde se ven perros, que de hecho están en buenas condiciones. Aunque no puedo asegurar de qué se trata, sé que no fueron los perros”, declaró.

Fuente: Contextoganadero.com