Proteger los páramos sin dejar atrás a los campesinos: la apuesta que impulsa la CAR en Cundinamarca

La entidad busca acompañar a las familias que habitan y desarrollan actividades productivas en zonas protegidas para que adopten prácticas sostenibles sin perder sus medios de vida.

Las familias que viven y trabajan en fincas ubicadas dentro de páramos y áreas protegidas podrán acceder a nuevas alternativas para mantener sus actividades productivas mientras avanzan en el cuidado de los ecosistemas. La CAR busca que la protección ambiental se construya junto con las comunidades rurales y no dejando de lado sus formas de sustento.

Vivir del campo dentro de una zona de especial importancia ambiental representa un reto para muchas familias. Por un lado, dependen de la tierra para producir y sostener sus hogares; por otro, sus actividades se desarrollan en territorios que requieren medidas especiales para proteger el agua, los suelos y la biodiversidad.

Con el propósito de encontrar un equilibrio entre estas dos realidades, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) impulsa procesos de reconversión sostenible en fincas ubicadas en páramos y otras áreas protegidas.

La estrategia busca acompañar a los propietarios y productores de Cundinamarca para que transformen gradualmente algunas prácticas agrícolas y ganaderas, reduzcan el impacto sobre los ecosistemas y puedan mantener o fortalecer sus medios de vida.

La iniciativa se desarrolla mediante acuerdos con las comunidades, en los que se plantean alternativas productivas compatibles con la conservación. El objetivo es que los cambios se construyan teniendo en cuenta las condiciones de cada territorio y las necesidades de las familias que habitan estas zonas.

Producir y proteger al mismo tiempo: esto propone la CAR

La reconversión sostenible contempla el acompañamiento técnico y la implementación de prácticas que permitan hacer un uso más responsable del suelo y del agua, disminuir la presión sobre los ecosistemas y conservar la biodiversidad.

Para las familias campesinas, el proceso puede representar la oportunidad de acceder a nuevas formas de producción y mejorar el manejo de sus fincas sin abandonar de manera inmediata las actividades de las que depende su economía.

Los páramos cumplen un papel fundamental en la regulación y el abastecimiento de agua. Por esta razón, las acciones buscan reducir los impactos sobre estos ecosistemas y promover una relación más sostenible entre las comunidades y el territorio.

La CAR señaló que la protección ambiental requiere la participación de quienes viven y trabajan en las zonas rurales. Por ello, la apuesta es avanzar mediante acuerdos y acompañamiento, reconociendo que la conservación y el desarrollo de las comunidades deben ir de la mano.

Con esta estrategia, las fincas ubicadas en áreas de especial protección podrán iniciar una transición hacia modelos más sostenibles, en los que el trabajo del campo contribuya al cuidado de los ecosistemas y mantenga oportunidades económicas para las familias.

Foto: Canva

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