Eran cerca de las siete de la noche de ese viernes que parecía ser un día de alegría y festividad política, pues el candidato a la presidencia que punteaba las encuestas, el seguro futuro presidente: Luis Carlos Galán, visitaba el municipio, motivo suficiente, para esa época, de darse una “vuelta” por el parque principal.


Tenía que irme hasta el centro de la ciudad de Bogotá a un compromiso, tenía que estar sobre las 8:00 p.m. pero pudo más la dosis de alegría que se vivía en antesala a la llegada de Galán, para quedarme a presenciar, en comienzo el saludo de bienvenida al ilustre político. El locutor de la época, Jaime Bravo (fallecido hace ya unos años por una enfermedad pulmonar) con su avivada voz anunciaba que el candidato ya se encontraba a la entrada del municipio, entonces, el afán que tenía de trasladarme al centro de la capital, se apaciguo pues la armonía que se vivía allí en la plaza central le ganaba a mi ansia de retirarme, al fin y al cabo eventos como estos no había experimentado en mi juventud de ese entonces.

Situado con mis amigos en la esquina del tiempo (Cra. 7ª con calle 13) tenía todo planeado: quedarme a ver pasar la caravana que traía al candidato, verlo pasar frente a mí y luego retirarme hacia la autopista para buscar transporte que me llevaría a mi cita en el centro de Bogotá. Pero como uno no es autor de su destino sino de sus circunstancias, en el justo momento que Galán, montado en la funesta camioneta de platón blanco, paso alzando sus brazos y saludando a la inmensa cantidad de personas que desde tempranas horas estaban atrincheradas en los alrededores del parque, entonces, en ese preciso instante, y seguramente engañado por mi mente y mi emoción, vi como Galán me miró a los ojos y extendió hacia mí su saludo, entonces sentí que mi voluntad se dejaba guiar por la inmensa conmoción que en ese instante enjuagaba todo mi ser, por eso, junto con mis amigos sentimos la necesidad de acercarnos más hacia la tarima en donde ya se disponía a tomar posesión Luis Carlos Galán, avanzamos de la famosa esquina mencionada y solo alcanzamos a llegar a la esquina de las casetas de las almojábanas cuando los casquetes ruidosos de la ametralladora hicieron presencia en esa noche del Viernes 18 de Agosto de 1989, opacando los “vivas” que pronunciaba Jaime Bravo, opacando la pólvora de bienvenida y por supuesto opacando las palabras de Galán que seguramente ya se disponía a pronunciar.

Allí, entre muchos líderes políticos se encontraba cumpliendo la cita Julio Cesar Peñaloza un concejal Suachuno, joven esposo y padre de familia, queriéndose irradiar de las doctrinas del hombre que era su modelo, su motivador para hacer una política transparente, lejos de imaginar que esa noche la suerte le iba a pasar factura convirtiéndose en la cuota de sangre que aportaría nuestro municipio.

Lo que se diga de ahí en adelante hace parte ya de la historia de estos últimos veinticinco años, historia que ha sido injusta pues por muchos años la estigmatización de la muerte del caudillo Galán no pesó ni en Escobar, ni en Santofimio, que según la justicia, fueron los autores intelectuales del genocidio, y menciono genocidio porque en esta noche fueron tres los asesinados (junto con el escolta de Galán: Santiago Cuervo y nuestro Concejal Peñaloza), también fue aun atentado a las ideas liberales de progreso y cambio que fortalecía al movimiento galanista. Esa estigmatización cayó sobre nuestro municipio, que lo único que hizo fue abrirle sus puertas en esa noche con orgullo de tener como invitado, seguramente al que iba ser el presidente de los Colombianos.

A lo largo de las investigaciones nunca existió una conectividad de la Muerte de Galán con ni siquiera un solo Suachuno, nunca se ha dejado el manto de la duda al respecto. Por eso, por estos días en que se acerca el vigésimo quinto aniversario de la desaparición de Luis Carlos Galán, de Julio Cesar Peñaloza y de Santiago Cuervo, los mártires de Soacha, se debe conmemorar de igual forma la imagen trasparente del municipio pues en aras a la justicia ya es hora de que alguien de la familia Galán, de la justicia o del alto gobierno se pronuncien reivindicando el nombre de Soacha a través de una simple aclaración y/o comentario en donde se manifiesta que nuestro municipio junto con sus habitantes no tuvimos nada que ver en esos asesinatos, sino que por el contrario uno de los nuestros cayo por la infamia de sus agresores: Julio Cesar Peñaloza.

Que sirva esta próxima celebración, que nuestro alcalde Juan Carlos Nemocón se avecina a conmemorar en homenaje a Galán (y espero que se recuerde a Julio César), para que a los Suachunos y a nuestra patria chica no se nos referencie siempre con el fastidioso comentario: ¿Es Usted de Soacha…en donde mataron a Galán?

Edgar Orlando Matallana