Por: Mario Alberto Fonseca Díaz

El crecimiento de las ciudades colombianas ha seguido un patrón desequilibrado, con una visión de pequeña escala en la que predominan fenómenos como los asentamientos precarios en las periferias, la expansión irracional, el deterioro de los recursos naturales y el déficit tanto cuantitativo como cualitativo de vivienda debido a la escasez de suelo urbanizable en la mayoría de ellas.

De esta situación no se escapa el municipio de Soacha, pues la conurbación que enfrenta con la ciudad de Bogotá y el precipitado incremento de la población de estas dos entidades territoriales han hecho que prácticamente desaparezcan sus límites fronterizos, escenario que conlleva a compartir una serie de problemáticas con idénticas características, teniendo en cuenta que la situación geográfica y poblacional es prácticamente la misma.

Es por eso que la creación de una Región Metropolitana nace de la necesidad sentida desde hace más de cuatro décadas, con el fin de fortalecer y lograr la ejecución de planes y programas de desarrollo integral en la región, situación que implica grandes retos, teniendo en cuenta la falta de conjunto e integración territorial de Bogotá con sus vecinos, en aspectos como la equidad y la productividad; ello ha ocasionado una competencia por la atracción de industrias, empleos e inversiones, los cuales afectan el territorio, la economía, el medio ambiente y la sociedad.

Dichas problemáticas son mucho más críticas en las zonas de frontera con la capital de la república, por ejemplo, el problema de movilidad es prácticamente uno solo en sectores como la autopista Sur, única vía de acceso a Soacha y la vía más importante de salida hacia el sur del país desde la ciudad de Bogotá, por lo que varias veces se ha manifestado la intención de atacar dichas problemáticas en conjunto, sin que haya habido resultados efectivos frente a una eventual asociación.

Por lo anterior, urge la unidad en la toma de decisiones conjuntas que beneficien a la región y permita un desarrollo sostenible, pero sobre todo equitativo, para lo cual es necesario integrar activamente los escenarios en los que se dispondrán recursos y se tomarán decisiones; la solución no es aislarse del desarrollo, por el contrario, buscar beneficios comunes que repercutan en la calidad de vida de los habitantes de cada municipio.

 La creación de esta figura de integración regional permitiría que esos “hechos metropolitanos”, como la sostenibilidad del territorio, la dinámica urbanística y la integración social, se contemplen en un plan estratégico que contenga políticas y plazos para el ordenamiento rural, el transporte, el sistema vial, el espacio público y los macroproyectos, entre otros.

El déficit de terrenos para la construcción en la ciudad de Bogotá, hace que necesariamente se fije el interés en el terreno habitable del resto del departamento de Cundinamarca, sin embargo, esa expansión urbanística no debe darse en función del beneficio de la ciudad núcleo, sino que debe ser una tarea responsable, consensada y debatida bajo la perspectiva regional en donde se tengan en cuenta las voces de todos los municipios afectados y visualizada como una región productiva y no solo habitable.

La consolidación de una Región Metropolitana no debe ser vista como la manera que un municipio grande se traga a los pequeños; por el contrario, debe ser pensado como un territorio común, un escenario natural y ambiental común, así como una fuente permanente de recursos vitales; una asociación equitativa en donde se propenda por la creación de diferentes centros que permitan el desarrollo homogéneo del territorio.

Por su parte, frente al direccionamiento administrativo de esta Región Metropolitana, se deben estimular herramientas que eviten el entendible temor de la ciudadanía y en especial de la clase política, de que la ciudad núcleo afianza la supremacía, dejando de lado la opinión de los municipios pequeños en la toma de decisiones de proyectos metropolitanos y en cambio buscar un fortalecimiento de los municipios que la integran para que se conviertan en centros alternativos de desarrollo.

Mario Alberto Fonseca Díaz: Comunicador Social-Periodista, especialista en Gestión Pública – ESAP, candidato a Magíster en Gobierno del Territorio y Gestión Pública – PUJ.