En la historia de Soacha aparecen familias y gentes con vinculación a ella que han dejado huella importante de su vida, porque aportaron a su desarrollo, o porque nacieron en su jurisdicción y además sirvieron a Colombia o, simplemente, porque siendo grandes personajes en la vida intelectual o política, por alguna circunstancia, se vincularon a esta tierra y fueron recibidos con especial afecto.


Me refiero, en primera instancia, con el permiso de don Guillermo Aldana, regio cronista de El Espectador, que en Soacha nació, si se me permite la expresión, la luz eléctrica, inicialmente para la región y Bogotá, a través de la firma “Miguel Samper e Hijos” en “El Charquito” sobre el final del Siglo XIX, pues Cundinamarca había otorgado a don Santiago Samper la explotación durante 50 años las aguas del Río Bogotá. Así, importaron de Suiza las maquinarias para la Central Hidroeléctrica, obra iniciada en 1897, en lote vendido a la Compañía Samper Brush por don Raimundo Umaña, persona y familia muy conocida en el Municipio, por estrecha vinculación a él desde mucho tiempo atrás.

Después de su suspensión con ocasión de la Guerra de los mil días se prosiguieron, y en la noche del 6 de agosto de 1.900 se inauguró el servicio eléctrico con la celebración de los 362 años de la fundación de Bogotá. Don Santiago Samper y toda su familia manejaron la Empresa y posteriormente crearon las Empresas Unidas de Energía Eléctrica, y don Darío Valencia, más tarde se encargó de todo el aspecto técnico.

A estas familias y a su permanencia por muchos años en la Empresa, debe su electricidad inicial el Municipio de Soacha.

Don Manuel Vicente Umaña fue un viejo patricio con amplia vinculación a Soacha, pues su familia fue favorecida, durante la Colonia, con terrenos que iban desde las cercanías del Salto de Tequendama, hasta lo que hoy son los barrios que colindan con la Capital de la República.

Tanto sus descendientes como él, han sido concejales de Soacha, y don Manuel Vicente, Ministro de Hacienda en el Gobierno del presidente José Manuel Marroquín (1.902). Como homenaje a su memoria y a su gestión, en el Cabildo de Soacha, esta corporación, desde años atrás, ha mantenido un óleo con su imagen que preside el recinto de sesiones.

A comienzos del Siglo XIX, don Manuel Vicente, dueño de grandes extensiones de tierras y Haciendas en jurisdicción de Soacha, a comienzos del Siglo XIX, importó de los Estados Unidos, para mejorar su ganado caballar, los primeros percherones, de cuyo cruce con criollos resultaron los famosísimos Chucuanos.

Don Ignacio Umaña de Brigard, ilustre ingeniero, descendiente de don Manuel Vicente, nació en Soacha, en la Hacienda Tequendama propiedad de su familia, ha sido presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros y autor de grandes proyectos no solo en Colombia sino también en Méjico y otros países, y ganador del concurso para la construcción del edificio de la Sociedad que preside. Ha intervenido en política y fue Gobernador de Cundinamarca en tres oportunidades.

Enrique Peñaloza Camargo, nació en Soacha el 31 de agosto de 1930.muy cerca de la Hacienda Malachí, Economista del Gimnasio Moderno y fue en su vida política Ministro de Agricultura, Subsecretario de las Naciones Unidas, donde además fue embajador permanente de Colombia, Presidente del Consejo de Seguridad y Asesor del Secretario General de las Conferencias de la ONU sobre el medio ambiente y desarrollo.

Fue también Gerente Administrativo del Banco Interamericano de Desarrollo de Washington y Director Ejecutivo de la misma entidad en representación de Colombia, Chile, Venezuela y Trinidad y Tobago. Fue además, el primer Gerente General de la Reforma Agraria (Incora) y primer Director de la CAR. Promotor de la creación de las Zonas Francas privadas de Bogotá, Cartagena y Cali.

Dirigió el Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales de la Universidad Externado de Colombia, socio de Producciones Punch y presidente de esta Empresa. Su última actividad pública fue su presencia en la toma de posesión de su hijo como Alcalde de Bogotá. Sus restos reposan en el Cementerio de la Inmaculada de Bogotá.

Felipe Lleras Camargo, hombre público, escritor, periodista y poeta, residió en Soacha por mucho tiempo, cuando pretendía su familia que dejara la bohemia, y vivía en una casa de la carrera 6ª, entre calles 12 y 13, casi frente a la entrada del Teatro Bolívar, pero aquella idea fue imposible y desapareció, como por encanto, cuando su hermano Alberto Lleras Camargo asumió la Presidencia de Colombia, en su segunda oportunidad.

Era común encontrar a este hombre, de un pasado tan importante, luciendo siempre su traje negro y su abrigo del mismo color, con su tradicional chivera, recorriendo alguna de las calles del viejo Municipio, o sentado buscando el sol frente a la Alcaldía, cubriéndose la cabeza con un raído sombrero negro que completaba su indumentaria. Era un hombre que difícilmente hablaba con alguien y que, pese a que se le señalara como claro exponente de la bohemia, nunca lo vio nadie bebiendo licor en algún sitio público.

Mucho tiempo después de haber desaparecido de Soacha, se le brindó un homenaje del que fue objeto en Bogotá y en un gran discurso de agradecimiento, considerado como autobiográfico, entre otras cosas dijo esto:

“…………………Siempre me he empleado a fondo en el quehacer escogido, así cual aprendiz de conspirador, maestro de humanidades, misiones diplomáticas o andanzas de alegre y desenfadado bohemio bajo la influencia de licores iluminantes y la estrella milagrosa de una imagen de mujer en el horizonte.

Todo ello desaparecido por imperativos vitales, lo conduce a uno a practicar por la fuerza las virtudes burguesas que llevan al patriarcado.
Nadie deja voluntariamente el alcohol y las mujeres. Lo que ocurre es que aquél y aquéllas lo dejan a uno.

Y como otra de mis grandes debilidades ha sido la de cometer versos clandestinos, con este motivo y a estas horas de la vida he concebido los siguientes:

“Añoranza de urbes y de puertos

lugares de partida y de llegada,

“el alba del amor en retirada

y las saudades de prohibidos huertos.

Y pensar que la gloria acariciada,

la frágil hoja de laurel inerte,

es tan solo epitafio en piedra helada

ante la certidumbre de la muerte,

En tanto que la intrusa colabora,

al viaje sin retorno hacia la aurora

de un mundo más allá solo le pido

lejos del mal y cerca a lo divino,

que salve para siempre de mi olvido

el romancero que inspiran ellas

y pueda dialogar con las estrellas,

bajo el ritmo de un verso alejandrino.”

Rafael María Camargo, en 1.925 fue párroco en Soacha, a quien se conocía con el seudónimo de Fermín de Pimentel y Vargas, y peleó en las guerras civiles de los finales de año 1.800 y obtuvo el grado de General.

Juan Antonio Cancino nació en Soacha, y siempre residió en su casa de la calle 12, esquina con la carrera 7ª. Durante muchas legislaturas desempeñó la Secretaría del Concejo Municipal con lujo de detalles. Fue un hombre serio, eficaz y culto. Con el beneplácito de la Alcandía se propuso y consiguió llevar a cabo una Monografía de Soacha y la plasmó en un libro que fue durante mucho tiempo empleado como medio de enseñanza en las Escuelas de la localidad. Varios ejemplares de su obra se encontraban en la Biblioteca del Concejo y Alcaldía. Seguramente se conseguirá alguna en la Biblioteca Municipal o en la Casa de la Cultura. Como homenaje a su memoria sería de gran importancia conseguir que se editara nuevamente esta obra.

Fuente: El Espectador, Guillermo Aldana.- Ministros del Siglo XX, Andrés González Díaz 1955.- El Tiempo Feb.5 1.998.- La autobiografía en Colombia, Vicente Pérez Silva.

JOSE IGNACIO GALARZA M…

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