Concluyo, con esta columna dividida en entregas, las Reminiscencias que he venido publicando gracias a la gentileza de www.periodismopublico.com, que han tenido como interés muy especial el conocimiento de las gentes de mi tierra soachuna, de sus costumbres y tradiciones de muchos años, y que espero hayan surtido el efecto deseado para propios y extraños. Entonces, aquí va la entrega.


Soacha fue siempre una potencia deportiva, en todas sus manifestaciones, y esta actividad se remonta, por allá, a la segunda década del siglo pasado, cuando los jóvenes de la época hacían sus primeros pinitos jugando al fútbol junto a las instalaciones del Ferrocarril, en lote de propiedad de Marco Antonio Suárez, sector donde hoy está ubicada la Plaza de Mercado y edificaciones aledañas, seguramente entusiasmados con lo que con este deporte ocurría en la capital de la República en donde, según Fraylejón, el viejo cronista de El Tiempo, afirmaba que Pepe Obregón fue el iniciador de este deporte en Bogotá por haberlo traído de Inglaterra, donde estudiaba con sus hermanos Carlos y Mauricio, y por el interés que esto prendió en los colegios, especialmente en el de San Bartolomé debido al entusiasmo del padre Leza y al existir ya el campo en La Merced, inaugurado en 1914, y a donde concurrían jóvenes y viejos de ese entonces, no solo en la ciudad, sino en los Municipios vecinos.

Pese a lo anotado por Fraylejón, fueron don Manuel Marulanda y un ciudadano inglés de apellido Albertino, quienes entre 1900 y 1902 fundaron el Fútbol Club de Bogotá compuesto por 22 aficionados divididos en dos equipos, los rojos y los blancos y primero en la capital. Jugaban en el sector de Marly donde solo existían potreros. Dos años después se disolvió el primer Club bogotano, y más tarde se fundó el Polo Club con excelentes jugadores como los hermanos Obregón, los Sáenz, Jaime Uribe de Brigard e Ignacio Barberi.

En Soacha, para conseguir elementos propios de este deporte, por las calendas que estamos hablando, era bien difícil y, entonces, los pantalones viejos eran recortados para hacer pantalonetas, y con piedras o la propia ropa de los jugadores, se armaban las porterías y se jugaba hasta que el cansancio lo impedía.

Ya por la década del cuarenta se seguía jugando al futbol, pero eran otros los actores de Soacha: el Tequendama que estaba integrado por Arturo y Jorge Gutiérrez, los Hermanos Sánchez, mejor conocidos como Chimpín y Nucha, Jorge y Guillermo Escobar, Víctor Cantor, Manuel Correa, Humberto Vázquez, José María Roa y Alcides Rincón y, otros, que ahora se me escapan y se jugaba en San Luis, en un campo que parecía cementado, propiedad, en ese entonces, de Carlos Párraga.

Con la presencia siempre diligente y entusiasta por el deporte, Jesús Heredia, Humberto Tarquino, Heliodoro Cantor y varias personas de diferentes edades y condiciones, nació en la casa del primer anotado, el Deportivo Granada que fue el fiel reflejo del cariño que se tenía en Soacha por el fútbol, un digno contendor del Tequendama, pionero en su patio. Jugaban también en el Campo de San Luis, y fue el primer conjunto que contó con afiliación a la Liga de Cundinamarca, y en el torneo de 1946, en segunda categoría, se le programaba en Bogotá y Soacha, y así aparece el 22 de septiembre de tal año, cuando jugó en esta localidad con Sport Colombia, según el Boletín informativo de aquella entidad.

En aquel tiempo eran sus jugadores Bonifacio Díaz, Ramón Solórzano, Humberto Tarquino, los hermanos Eudoro, Ismael y Alfonso Garzón, Maximiliano Rico, Luis Eduardo Heredia, Rigoberto Bello, Daniel Sánchez, Laureano Mayorga, Luis Torres, José Correa, Fernando Rodríguez y Jorge Cortés, más conocido como mi tío Cuca. Y además, con importaciones los hermanos Jaime y Antonio Martínez, el famoso Pibe, integrante de todas las selecciones de Cundinamarca desde 1940 y brillantísima figura del fútbol bogotano que terminó su carrera en Santafé aficionado, conjunto este que jugó en Soacha frente a Tequendama y al Granada en el mismo campo de San Luis, ganando los encuentros que sostuvo. En una ocasión Humberto Tarquino jugó con Santafé y derrotó al local Tequendama.

Pero no fue solamente el fútbol el que se destacó en la época que he venido narrando. También el atletismo fue importante, representado por Humberto Tarquino, el deportista más importante de esa época, quien pertenecía al Club Palace, el mejor de ese entonces, y quien acabó con el mito de Jorge Nova, la figura que mostraba el país en competencias internacionales, pues en dos ocasiones, precisamente cuando se encontraba en vísperas de competir en los Juegos Bolivarianos del Ecuador.

Posteriormente Tarquino, magnífico futbolista, se dedicó a la dirigencia de este deporte local por largos años y fue garantía tanto en la conducción del Comité Municipal de Futbol, como en las Comisiones que lo conformaban.

“Qué tiempos aquellos señor don Simón”. Qué épocas aquellas cuando nuestro deporte representaba lo mejor de nuestra tierra y de nuestro Departamento, y cuando era lugar común mostrar a propios y extraños las frecuencias de nuestras satisfacciones.

Qué gratos recuerdos aquellos cuando celebrando los Primeros Juegos Deportivos de Cundinamarca en el Municipio de La Palma, se hizo pasar a sus dirigentes la inmensa vergüenza de tener que entregar a un puñado de soachunos, ganadores de todas las competencias, las medallas que sus organizadores habían marcado como “La Palma campeón”, porque no creían en nadie más.

En l962, a instancias de Humberto Tarquino, el fútbol de Soacha se afilió, por segunda vez, a la Liga de Cundinamarca, y así se inició el crecimiento de este deporte que siempre la bandera de mi tierra, y lo hizo para participar un equipazo, que por el patrocinio conseguido por Juan Umaña que laboraba en esa Industria, se denominó Kist-Soacha, que fue campeón y ascendió a la Primera División de la Liga.

En una reunión efectuada en el Salón de sesiones del Concejo Municipal, se presentaron varios nombres para integrar la Junta Directiva y representar al Club en la Rectora Departamental. Se designó a Luis Pompilio Vejarano Escobar, quien lo dirigió, y posteriormente fue elegido miembro del Comité Ejecutivo de la Liga, y los resultados del conjunto, fueron siempre de inmenso éxito.

Posteriormente, el equipo fue conocido como Deporte Soacha, por haber terminado el patrocinio de Kist y quien firma esta columna fue su Presidente, hasta cuando renunció a toda actividad deportiva, por razón de los viajes por toda el país, que debía efectuar en virtud del cargo que cumplía como funcionario de orden nacional.

Luis Pompilio Vejarano, por su parte, terminó en el Panel Deportivo del diario El Tiempo, y se encargaba allí del comentario permanente del fútbol aficionado de Bogotá y Cundinamarca. Fue, así, otro dirigente deportivo de Soacha que triunfó.

Para ser justo, hay que reconocer que antes de la vinculación a la Liga, el equipo que he venido reseñando, se denominó Transportes Soacha, y fue patrocinado, generosamente, por el señor Marco A. Cantor, ampliamente conocido en Soacha.

Luego, poco tiempo después, qué inmensa satisfacción para Soacha y qué inmensa sorpresa para los bogotanos que, con 83 equipos, el 18 de febrero de 1968, coronaron en el Estadio El Campín, a los integrantes del conjunto 84 como Campeón Juvenil del torneo de fútbol organizado por el Instituto Colombiano del los Seguros Sociales, que no fue otro que el representante del Municipio de Soacha, que finalizó empatado con Kennedy, a quien derrotó por 5 a 3, como resultado del brillante trabajo de los técnicos soachunos, Gustavo Cantor y Jaime Bejarano.

Y qué derroche de entusiasmo y alegría se vivió en nuestro medio cuando en l966 a nivel de la Primera Categoría de la antigua Liga de Fútbol de Cundinamarca, con rivales de la clase de Santafé, Millonarios, Agustiniano, Lumitón, Sedalana, River Plate, Buses Rojos, Icasa, Casa del Jeep y otros, otro equipo, ese sí de mi tierra y sin nombre prestado, exhibía con orgullo el de Deportes Soacha y con directivos y técnico hijos de la misma tierra, criados en el mismo medio y orgullosamente descendientes de chibchas y muiscas, o de aquellas familias encontradas en 1759 por el Oidor Joaquín de Aróstegui, como Francisco Piernagorda, Gregorio Chía, Bernardino Usaquén, Marcos Baquira, Policarpo Neuque, Valentín Socha, Bartolomé Noguera y Nicolás Caucalí, que contribuyeron a crear nuestra actual sociedad, y sin gentes que hayan pretendido vivir del deporte, sino para él y que fueron capaces de producir en su época una hazaña jamás soñada por un equipo de provincia, como fue batir un record de invicto en poder del Santafé de 34 fechas, para dejarlo en 38, difícilmente roto después por Millonarios, y ser Subcampeón de Primera Categoría con lujo de detalles.

Además, en 1967, ser Campeones en Tercera División, hecho jamás cumplido por ningún conjunto de la Liga de Futbol Cundinamarca que no fuera de Bogotá, por el muy soachuno Nacional, dirigido por Alfonso Gómez Rodríguez (q. e. p. d.).

Posteriormente para rematar la década del 60 e iniciar la del 70, Deportes Soacha concurrió, en representación del futbol de Cundinamarca, al Campeonato Nacional de Pasto, y en ese torneo salieron para acompañar a sus compañeros Gabriel Hernández y Edgar Díaz Granados, que ya jugaban en Millonarios transferidos por aquél equipo, Bernardo Chía y Heliodoro Cantor, este último perteneciente a Independiente, también de Soacha, y ambos llegaron a Santafé. Días después de finalizado el campeonato con triunfo de Antioquia, Cesar López Fretes, Técnico de la Federación Colombiana de Futbol, seleccionó a Heliodoro Cantor para representar a Colombia en el Campeonato Suramericano Juvenil de Lima. Jorge Roa Vázquez, quien había jugado en el Junior de Barranquilla y fue jugador del Deportes Soacha y también soachuno, fue el técnico de la Selección y quien escribe esta columna, el delegado de la Liga.

Llegó el Decreto 1387 de l970 (julio 5) que dictó disposiciones sobre organización deportiva en el país, y dispuso además que Bogotá y el resto de Cundinamarca constituirían territorio diferente, en materia deportiva, dando lugar así a la separación de Bogotá de todas las Ligas Deportivas de Cundinamarca.

Luego de una penosa transición, hizo su entrada a la Liga de Fútbol de Cundinamarca y con sobrados méritos la dirigencia deportiva de Soacha en 1971 y se mantuvo con Presidencia de este servidor, Ricardo De Avila, Jaime Uribe y René Prieto como Vocal, y se mantuvo en su dirección por más de 30 años, salvo en tres períodos que han estado personas ajenas a nuestra municipalidad. Le correspondió a los soachunos la organización y manejo eficaz de la entidad, lo mismo que su sostenimiento económico por su mayor número de afiliados.

El manejo del fútbol de Soacha estuvo a través de Comité Municipal, que fue siempre ejemplo de eficacia no solo a nivel de Cundinamarca, sino de dirigencia Nacional y así se reconoció esta capacidad, cuando el soachuno que escribe esta columna, fue elegido como integrante del Comité Ejecutivo de Difútbol, entidad que hace parte de la Federación Colombiana de Fútbol, como rectora del fútbol aficionado, en compañía de León Londoño Tamayo, Gustavo Rozo Riveros y Omar Vaca Hernández, en memorable Asamblea realizada en Bogotá en 1978, que dispuso el traslado del ente aficionado de Medellín a la capital colombiana.

En el trajinar del Comité Municipal, sin campos suficientes, pero con eficientísimos dirigentes, se consiguió reunir en todas las categorías, desde Infantil a Primera, 70 equipos de fútbol que se impusieron siempre sobre los demás de Cundinamarca, y fueron soachunos los campeones de los torneos celebrados en Girardot y siempre para los conjuntos de la tierra, Tequendama o Deportes Soacha, que demostraron superioridad absoluta.

Se dedicó también el Comité de Fútbol a capacitar a sus dirigentes en conferencias que se dictaban en las instalaciones prestadas por el Club Tequendama y a cargo del autor de esta columna y, además, propició la presencia de profesores, por entonces, pertenecientes al panel de la Federación Colombiana de Fútbol, tales como, Antonio Julio de La Hoz, el chileno Juan Yovanovich, Antonio Chávez y el técnico brasileño, señor Parreiras.

Además, recibió en su seno a más de 30 árbitros que pertenecieron a la antigua Liga de Fútbol de Cundinamarca y, desde luego, dirigían los encuentros de todos sus afiliados. Propició también el Comité la creación, en nuestro medio, con excelentes resultados, de lo que se denominó “Colegio de Entrenadores de Fútbol de Soacha, CEFUS” y no permitió la dirección de Técnicos que no estuviesen afiliados a esa Institución, quienes debían acreditarse como tales en el momento de la inscripción de sus equipos para los diferentes torneos anuales.

Debo recordar aquí a dirigentes del Comité de Fútbol como Humberto Tarquino, Ricardo De Avila, Francisco Gutiérrez, Alejandro Monroy Osuna, Carlos Arturo Salazar, Guillermo Mayorga, Jaime Galarza y quien escribe esta columna, lo mismo que Jesús Martínez y Eduardo Abril que cumplieron funciones de Secretario Ejecutivo, este último, en el mismo cargo en la Liga de Cundinamarca. Desde aquí pido disculpas por los nombres que haya podido omitir, por todos los años que han pasado.

Así, también, nació en Soacha una importante cosecha de deportistas como resultado de la labor y capacidad de una dirigencia no menos importante, en otras actividades, que se “tomaron”, como el fútbol a Cundinamarca en el Básquet por mucho tiempo, hasta colocarse al frente de él dirigiéndolo en el Departamento desde su Liga y que contó con todo su Comité Ejecutivo con naturales de la tierra. Y se practicó también, en forma masiva este deporte en Soacha, y ahora recuerdo, y perdóneseme los que se me escapen, A Marco Tulio y Daniel Osuna, los hermanos Mayorga Folkes, Jaime Barón, Miguel Sánchez, Camilo Prieto, Jesús y Hernán Gutiérrez y los hermanos Guarín.

Ajedrecistas, que este humilde servidor organizaba, en el Club Social o Tequendama, tales como Roberto Vejarano,, Roberto Mora, Benjamín Rojas, Alejandro Monroy, Germán Escobar, Enrique Prieto, Jorge Sánchez, Armando Prieto, Jesús Gutiérrez y muchos más que, desgraciadamente, se me escapan.

Ciclistas, como Orlando Casas Alemán, bien conocido en el país, por sus participaciones en las Vueltas a Colombia, y un grupo de jóvenes que siguieron sus pasos en el afán de participar en aquellos torneos que apasionaban el país.

Tenimesistas como Diana Casas, campeona nacional en muchas ocasiones e internacional en muchas más, representando a Colombia y a su tierra soachuna.

Tenistas como Gustavo, Alvaro y Alejandro Monroy, Francisco Chisacá, Jairo, Oscar y Carlos Galarza, y Miguel Ángel Villanueva. Además, atletas. Billaristas que obtuvieron un título Departamental con Santiago Betancourt, y hasta levantadores de pesas y exponentes del criollísimo tejo, con triunfos en los torneos departamentales, con intervenciones de Luis Torres y Luis Neira y otros que ahora se me escapan; fueron también dirigentes deportivos de orden nacional, los soachunos Víctor Urrego como integrante del Comité Ejecutivo del Comité Olímpico Colombiano, y posteriormente como Presidente del mismo, y Orlando Casas, Presidente de la Federación Colombiana de Tenis de Mesa, por varios años.

Presidente de la Liga de Basket de Cundinamarca, Ricardo Cuellar que ha permanecido siempre dirigiendo actividades del deporte, en su condición de profesor de educación física.

Se creó, además, a instancias de este servidor y por Acuerdo del Concejo Municipal en 1962, la segunda Junta Municipal de Deportes existente en Colombia, después de la de Tuluá, que fue la que dio la tónica para esta clase de entes deportivos, y posteriormente reformada en su composición desde el Concejo, por intervención de Edgar Augusto Bejarano Monroy, la que funcionó con lujo de detalles hasta 1970, cuando se dio paso a la organización deportiva creada mediante Decreto-Ley 1387 de tal año, hasta se consiguió sede para oficinas del deporte, primero en la casa de dos pisos de la carrera 7a donde funcionó la Registraduría, y posteriormente en la calle 12 entre carreras 9ª y 10ª, pero allí terminaron las buenas acciones de la Administración Municipal, porque no se renovó el contrato de arrendamiento del inmueble, y todos los deportes se fueron a la calle, y la Junta Municipal de Deportes se acabó por sustracción de materia, pues solamente concurrían a sus reuniones, quien esta columna escribe, Camilo Prieto Monroy y, algunas veces, el representante del Concejo, señor Humberto Cajiao. Se demostró, por enésima vez, que la política y el deporte son incompatibles.

Vino, entones, la Ley 181 del 18 de enero de 1995, por la cual se dictaron disposiciones para el fomento del deporte, la recreación, el aprovechamiento del tiempo libre y la educación física y se creó el sistema nacional del deporte.

Se dispuso, entonces, por esta norma que las Juntas Municipales de Deportes se incorporarían a los respectivos Municipios como entes para el deporte, la recreación, el aprovechamiento del tiempo libre y la educación extraescolar de la entidad territorial de conformidad con los Acuerdos que para tal fin expidan los Concejos, y se les señaló como plazo máximo un año para su creación, señalándoles las funciones a desarrollar.

En virtud de lo señalado atrás, el Concejo Municipal profirió el 11 de diciembre de 1995 el Acuerdo 19 por medio del cual se incorpora al Municipio la Junta de Deportes y se crea el Instituto Municipal para la Recreación y el Deporte. De otra parte, mediante Decreto 0110 del 1 de Marzo de 1996, emanado de la Alcaldía, se aprobaron los Estatuto del Instituto que, curiosamente, eran una copia exacta del Acuerdo 19, ya referido, en un 90%, pues se ignoró en forma crasa la diferencia grande, por cierto, entre lo que es un Estatuto y un Reglamento, principalmente cuando se refiere a la autorización del Director, para efectuar gastos, según el monto del mismo. Manes de la ignorancia sobre el tema de quienes elaboraron los proyectos, porque olvidaron que para todo hay que tener experiencia y esta no se adquiere dándole patadas a un balón de fútbol, o, conduciendo despacio o velozmente un vehículo.

Con base en el Acuerdo ya citado atrás, se designó al Director del Instituto Municipal para la Recreación y el Deporte de Soacha, el 5 de marzo de 1996, nombramiento que recayó en la persona de Julián Rico Vidal, cuyos méritos eran los de haber jugado al fútbol, durante algún tiempo, con un Club soachuno, ese sí muy importante, pero nada más, y así las cosas, como, dicen las señoras, sucedió lo que tenía que suceder. Se vino al suelo todo lo que se había construido por muchos, esos sí dirigentes deportivos, con experiencias de más de 30 años por esa época.

Por qué? Porque se despertó en el Director un desmedido afán, no por el fomento, la masificación, la divulgación, la planificación, la coordinación, la ejecución y el asesoramiento de la práctica del deporte, la recreación y el aprovechamiento del tiempo libre y la promoción de la educación extraescolar de la niñez y la juventud en todos los niveles y estamentos sociales del Municipio, en desarrollo del derecho de todas las personas a ejercitar el libre acceso a una formación física adecuada, y a la implantación y fomento de la educación física integral de las personas en todas sus edades y facilitarle el cumplimiento eficaz de sus obligaciones como miembro de la sociedad, como lo proponen los objetivos de la Ley del Deporte, sino para beneficiarse personalmente de ella y, beneficiar, además a un grupillo de conmilitones que lo acompañaron en su afán de lograrlo, y terminó con el deporte soachuno, honra y gloria de Cundinamarca y de Colombia.

Mil gracias.

JOSE IGNACIO GALARZA M.

joseignaciogalarza@yahoo.es