Hace tres años el país estaba indignado con el brutal feminicidio del que fue víctima Rosa Elvira Cely en los alrededores del Parque Nacional de Bogotá, sin embargo para la época la palabra feminicidio no se contemplaba en la legislación colombiana. El pasado 16 de junio del presente año y tras un recorrido álgido en el Congreso de la República, la ley por la cual se crea el tipo penal de feminicido, como delito, es aprobada en conciliación del senado y solo falta la firma del Presidente Santos para que esta entre en vigencia.


Algo interesante pero contradictorio del proyecto es que inicialmente fue radicado por la exsenadora Gloria Inés Ramírez y contó con el respaldo de la totalidad de las mujeres congresistas, 32 representantes y 22 senadoras de todos los partidos, lo que demuestra que la solidaridad de género tiene importantes réditos que se deberían aplicar en otras instancias de poder. Contrario a esto, por esos mismos días la fiscal 49 dejó libre al presunto violador de Jineth Bedoya, una de las más vehementes impulsoras de la ley del Feminicidio; por suerte el fiscal general y un comité técnico analizan el caso y recapturan a alias “JJ” días después, pero la ley en Colombia confunde cuando toma esas decisiones contrarias a los Derechos Humanos, de permisividad contra la prensa y con la equidad a la mujer.

Así pues que aquellos señores que están acostumbrados a violentar a sus parejas de manera física y psicológica tendrán que pensarlo mucho cuando entren en estado de exaltación brutal hasta el punto de matarlas, porque obtendrán penas hasta de 50 años en una de las exóticas cárceles del país y seguramente no serán reclusos VIP como los políticos o ladrones de cuello blanco.

El feminicidio se constituye cuando la mujer es asesinada de manera violenta, esto es un paso en la legislación en la lucha por los derechos ciudadanos de las mujeres. Recordemos que la mujer Colombiana ejerce su ciudadanía y puede votar apenas hace 60 años, porque antes de eso el hombre era el que decidía en el hogar y en palabras del periodista y político del partido liberal Alberto Lleras Camargo, “debía apartarse de la política a la mujer, cuyo temperamento pasional complicaría la situación y echaría a perder el progreso en que estaba empeñada la nación”.

Sin embargo esas violencias simbólicas que se encuentran en los espacios políticos y en la cotidianidad de los hogares, también se deben erradicar sobre todo en el seno de la familia, donde predomina el machismo dado por condicionamientos históricos como las teorías biologicistas y las religiones judeocristianas, dejando a la mujer como ser humano en desigualdad de condiciones por su género y limitadas a los cuidados del hogar.

Es importante que no se mire a la mujer como un objeto que sirve solo para el placer y los cuidados, cuando los hombres compran servicios sexuales, cuando piensan que porque dan lo del mercado y el arriendo de la casa tienen derecho de tratarlas mal y violentarlas, cuando descalifican sus opiniones o cuando sencillamente se les deja toda la carga del hogar y los hijos ya las empezamos a maltratar, por eso bienvenida la ley Rosa Elvira Cely y que siga adelante el movimiento por la equidad de género.