Después de un largo recorrido de 138 kilómetros desde la capital de la república, al oriente de Tunja y en la cordillera de los Andes colombianos, se encuentra el Municipio de Soracá en el Departamento de Boyacá. Su temperatura promedio es de 12° C, está a 2.800 metros snm y la mayor parte de su territorio es propicio para la producción de papa, maíz, arveja, trigo, frutales y pastos que mantienen la ganadería de la región.


Los primeros sábados de cada mes, este noble pueblo – construido en su mayoría bajo un estilo totalmente colonial – queda pequeño y sin embargo se prepara para recibir un promedio de 10.000 peregrinos que se desplazan de diferentes ciudades para acudir a la Santa Misa de sanación, presidida por el Rvdo. Padre Álvaro de Jesús Puerta, quién definitivamente desde su llegada transformó y le dio una importancia al Municipio, al recibir los milagros de la Patrona del Santuario Nuestra Señora de la Esperanza.

Las actividades comienzan el día anterior y muy temprano en la mañana instalan una tarima de más de 40 metros de largo por 6 metros de ancho en promedio, con una enorme carpa, desde donde varios sacerdotes y los Ministerios Musicales como invitados especiales de otras ciudades y regiones, rinden homenaje a la Patrona, Reina y Señora, la Virgen de la Esperanza, por medio de sus cantos y alabanzas. El Santo Rosario inicia a las 09h00 de la mañana y termina a las 11h00 a.m. Luego de un receso, exactamente a la 01h00 p.m., inician la Santa Misa de Sanación de enfermos que se convierte en un espectáculo pocas veces visto por la multitud de personas, que en una inmensa llanura al aire libre, con una devoción incomparable, se prestan a participar de la Eucaristía.

A este evento católico que, sin lugar a dudas reúne la mayor cantidad de personas en un mismo sitio, asistieron representaciones de casi todas las ciudades de Colombia; en especial se pudo apreciar las delegaciones de Bogotá D.C., Bucaramanga, Villavicencio, Valle del Cauca, Casanare, Tolima, Cundinamarca y algunas de países vecinos como Venezuela, Ecuador, Chile, Argentina, España entre otros, y como siempre y de costumbre, los anfitriones con sus representaciones de todos los municipios del Departamento de Boyacá, orgullo de Colombia y América.

La Santa Misa, que dura un promedio de 3 horas es una bendición; pareciera que el tiempo pasara. Los cantos y alegrías de escuchar la palabra constantemente le renuevan la fe y la esperanza de un compromiso consigo mismo.

Finalmente, en medio de esa gran multitud se observan uno tras de otro los milagros que son recibidos en medio de eternas gracias y aplausos, y al recibir la bendición final de la Santa Misa, todos quedan con infinitas ambiciones de prontamente volver al píe de esta gran cordillera a reencontrarse con los milagros, la paz y la reconciliación consigo mismo y con los demás.